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HACE 50 AÑOS, PIAZZOLLA SE PRESENTABA EN LA BASE NAVAL PUERTO BELGRANO

HACE 50 AÑOS, PIAZZOLLA SE PRESENTABA EN LA BASE NAVAL PUERTO BELGRANO

Fue junto a su noneto en el Salón de Actos del Cine Comodoro Martín Rivadavia, en medio de un clima enrarecido por los coletazos de la masacre de Trelew, siendo el hospital naval de Puerto Belgrano el punto de traslado de los sobrevivientes heridos. Pasen y accedan a documentos y testimonios que redescubren un hecho hasta ahora inédito: la visita ilustre de uno de los máximos exponentes de la música popular contemporánea argentina y mundial a un lugar escabroso donde, algunos años después, serían planificados los vuelos de la muerte como método de exterminio de la última dictadura cívico militar.

Por Javier Tucci para Revista PPV y Punta Noticias

En medio de la erupción del movimiento del rock argentino, el 10 de abril de 1972 el tanguero del futuro Astor Piazzolla se presentó junto a su Conjunto Nueve en el Teatro Municipal de la ciudad de Bahía Blanca. Sobre aquel hecho, el fotógrafo puntaltense Carlos Carrizo, quien fotografió a Piazzolla en varias oportunidades, fue su amigo y es una de las personas más conocedoras de su obra en nuestro país, aseguró: “En aquel momento fue imposible encontrar plaza hotelera en Bahía para alojar a todo el staff, por tal motivo fueron derivados al hotel de la Base Naval Puerto Belgrano gracias a un contacto del por entonces interventor en la Dirección de Cultura bahiense, Alberto Agustín Obiol”.

Trasladándonos a la actualidad, en una nota aparecida el pasado 10 de abril en el Diario La Nueva Provincia, escrita por Carrizo para celebrar el medio siglo de aquella presentación en Bahía (https://www.lanueva.com/nota/2022-4-10-6-30-42-hace-50-anos-piazzolla-y-su-conjunto-nueve-se-presentaron-en-el-teatro-municipal), nos enteramos que el 2 de septiembre pero de 1972, también se presentó en el Salón de Actos del Cine Comodoro Martín Rivadavia de la BNPB – ubicada en el Partido de Coronel Rosales, en las proximidades de la ciudad de Punta Alta, al sur de la provincia de Buenos Aires- bajo el auspicio de la secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, según lo indica el volante informativo de la organización facilitado por Carrizo.

Quizá nunca nos enteremos cómo fue que el tipo que había revolucionado el tango, llegó al mismísimo corazón de la marina, anunciado bajo el acompañamiento de su orquesta típica -grosero error por parte de la organización, porque desde 1971 ya se encontraba tocando junto al Noneto, con la intención de acercarse a un sonido sinfónico-, hacia el final de la dictadura que había iniciado Carlos Onganía en 1966 y para ese 1972 mantenía Agustín Lanusse. ¿Se habrá presentado allí por una devolución de favores por el alojamiento en abril, o habría algo más?

Recordemos que Piazzolla era mala palabra en el ambiente tanguero más tradicional del que había formado parte en las décadas del ’40 y ’50 y que, además, era el único que se sentaba en la mesa con los pelilargos que se encontraban despuntando el nuevo rock argentino. Y esto es comprobable a partir de lo que, por ejemplo, sentía Luis Alberto Spinetta sobre su figura, quien alguna vez dijo “considero que es un gran genio de este siglo, del anterior y del que va a venir (…). Mis tíos negaban a Piazzolla, yo discutía con ellos y les decía ¿No ven a los aviones que aterrizan, no ven los edificios, no ven el tráfico, los autos? Eso es Piazzolla: es el futuro, la ciudad que crece, no el tipo ahí llorando porque la mina lo abandonó. Sigo pensando lo mismo: Piazzolla es el futuro”. O lo que significó el encuentro que mantuvo en julio de ese año, unos meses antes del Rompan Todo en el Luna Park, con Billy Bond y la Pesada del Rock, momento inolvidable del que también participaron Jorge Álvarez, Amelita Baltar y el guitarrista de Astor, Oscar López Ruiz.

O cuando en 1976, en la mesa de Mirtha Legrand, Astor le dijo a Bernardo Nestaud “hay una cosa muy positiva Bernardo que son los nuevos conjuntos rock, que es mi sueño también, ver gente joven que sigue mi camino musical como Alas, Crucis, Spinetta, Charly García, toda esa gente que yo amo. Amo más a esa gente que a la gente del tango, y los amo porque son jóvenes con inquietudes (…). A estos chicos hay que apoyarlos porque son los únicos que pueden salvar a nuestra música (de Bs. As.) que desaparezca (…)”. (Ver https://www.youtube.com/watch?v=syjJpnMCDPY)

Por lo que arroja la cartelera del cine, Piazzolla (bandoneón, arreglos, director) y su noneto-conformado por Osvaldo Tarantino (piano), Antonio Agri y Hugo Baralis (violín), el bahiense Néstor Panik (viola), José Bragato (violonchelo), Enrique Kicho Díaz (contrabajo), Oscar López Ruiz (guitarra eléctrica) y José Corriale (percusión)-  se presentaron ese sábado alrededor de las 21:30 hs y el show debió finalizar poco antes de las 23:00 hs, teniendo en cuenta que a las 22:30 hs estaba prevista la proyección de la película El Barón Rojo, cuyo estreno fue en 1971 bajo la dirección de Roger Corman y las actuaciones de John Phillip Law, Don Stroud, Barry Primus, Corin Redgrave y Stephen McHattie entre otros.

Aviso informativo en la cartelera del cine comodoro Rivadavia, cedido por el jefe de Redacción de la Armada Argentina en La Gaceta Marinera, Leandro Fernández.

Pasamos meses y meses rastreando los pasos de Astor en zona militar -nunca solo obvio-, en este caso, con la ayuda de El Archivo Histórico Municipal de Punta Alta, la División de Documentación Histórica de la Base Naval Puerto Belgrano, en redes sociales y mensajes que fueron y vinieron entre colegas, amigos, conocidos y los desconocidos de siempre. El resultado: material informativo valiosísimo que compartimos aquí, cedido por Carlos Carrizo y el jefe de Redacción de la Armada Argentina en La Gaceta Marinera, Leandro Fernández, que demuestran la veracidad del hecho.

Además, accedimos a un único testimonio -quizá a partir de esta nota aparezcan más que profundicen el hecho-, de Teresa De Rito, una puntaltense que en la actualidad se encuentra radicada en CABA y que al respecto dijo: “Yo tenía 26 o 27 años y sobre el show de Piazzolla recuerdo que la jornada fue muy traumática, no se sabía si se iba a poder realizar porque era muy reciente lo que había sucedido en Trelew, y varios sobrevivientes habían sido trasladados al hospital naval de Puerto Belgrano. Finalmente, el show se hizo y, para los que ingresamos, se extremaron las medidas de seguridad. Yo me enteré de tamaño suceso porque en esa época era seguidora de Piazzolla y, además, por mi desempeño como solista en el mundo del tango fusión. Además, lo informaron por AM Lu2 Radio de Bahía Blanca, donde grabé Chiquilín de Bachín entre otras canciones”.

Respecto a la cantidad de personas que acudieron y la duración del show, De Rito recordó: “Hubo mucha gente joven, recuerdo que se acercaban con vinilos de los Rolling Stones  y él (por Piazzolla) los autografiaba. Calculo que todo duró como mucho una hora y media, después del concierto estuvimos charlando mucho con Astor y los músicos y no vi ningún movimiento de película”.

Como lo indica De Rito en su testimonio, horas posteriores al 22 de agosto, jornada en que la dictadura de Lanusse asesinó a 16 presos políticos y militantes de Montoneros, Fuerzas Armadas Revolucionarias, Partido Revolucionario de los Trabajadores y del Ejército Revolucionario del Pueblo en la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew, otros tres heridos de gravedad entre ellxs Alberto Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar, fueron trasladados al hospital de la Base Naval de Puerto Belgrano.

Hasta el día de hoy, Punta Alta es una especie de isla en medio de lo que ha generado -y genera- historiográfica e idiosincráticamente la Base Naval Puerto Belgrano y el diario bahiense La Nueva Provincia, el house organ de la Marina y cómplice civil de torturas y desapariciones durante la última dictadura cívico, militar y eclesiástica. Hasta no hace mucho, sus editoriales despedían con honores a figuras del terrorismo de Estado como Emilio Eduardo Massera (https://bit.ly/3rMsdyq).

Con tan sólo aumentar las imágenes-que a continuación les compartimos- del tratamiento que el Diario brindó sobre el traslado de sobrevivientes de la masacre de Trelew al hospital naval de Puerto Belgrano, queda al descubierto la editorialización, su construcción ideológica, la misma incumbencia civil que fuera fundamental durante los años del Terrorismo de Estado en nuestro país.

Los archivos de La Nueva Provincia sobre el traslado de sobrevivientes al hospital naval de Puerto Belgrano, fueron cedidos por el director del Archivo Histórico Municipal de Punta Alta, Luciano Izarra.
(Click sobre las imagenes para ver)

Lo que refuerza este contexto -un entuerto que no debe haberle significado nada importante a Piazzolla, sino no se entiende cómo no se echó para atrás en su actuación- es una ponencia bajo el título de “Las repercusiones de la Masacre de Trelew en Bahía Blanca y Punta Alta”, presentada ante la Universidad Nacional del Sur, la Universidad Nacional de La Plata y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Su autora, la Dra. en Historia Virginia Dominella, expone que “si bien los fusilamientos de Trelew sacudieron a todo el país, Bahía Blanca y Punta Alta se vieron movilizadas en forma particular por la cercanía de los sobrevivientes y sus familiares durante los días siguientes (…)”. Y agrega: “Camps y Haidar fueron trasladados a Punta Alta en un avión naval, que aterrizó entre las 14 y las 15 horas del 22 de agosto, e internados en el hospital de Puerto Belgrano, mientras la llegada de Berger se produjo al día siguiente. Al mismo tiempo, arribaron no sólo los padres, hermanos y compañeros de los heridos sino también de los asesinados, como fue el caso de Alicia Leichuk (…)”. Por otra parte, señala que “los abogados locales, el médico puntaltense Néstor Crochitto y la viuda de Bonet se presentaron el 22 en Puerto Belgrano para ‘hacer ejercicio del derecho de defensa’ y revisar a los heridos, pero no lograron verlos ni obtener información. En consecuencia, los letrados presentaron al juez federal Carlos Romero del Prado un recurso de amparo en favor de los jóvenes internados con el objeto de preservar su integridad física. Para los profesionales, el hecho de que los sobrevivientes estuvieran en la jurisdicción de las mismas autoridades que habían intervenido en los episodios de Trelew no les ofrecía garantías de supervivencia (…)”.

En este sentido, es probable que, por fuera de su música, a Piazzolla no le haya importado algo más, era bastante egoísta, o al menos es lo que él decía de sí mismo, y ahí radicaría ese alejamiento frente a algunos hechos de la realidad circundante. “Yo soy un egoísta, una persona que pienso pura y exclusivamente en mí, en mis cosas, en mí música. No quiero que toquen mis cosas, porque es una especie de tesoro donde nadie puede meter la mano. Mi mente está allí, y a veces me es difícil volver al mundo de los demás, porque mi propio mundo me absorbe totalmente. Soy un tipo bastante aislado en todo, si se me escarba un poco no cuesta descubrir que, en el fondo, no me interesa la política, ni la economía, ni los verdaderos móviles que rigen a las sociedades actuales (…)”, le dijo Piazzolla a Alberto Speratti en “Con Piazzolla”, Editorial Galerna, 1969. Y en la misma entrevista recalca que “para todo el mundo he sido comunista siempre. Yo de comunista no tengo nada, aunque, a lo mejor, soy el más comunista de todos (…).  No tengo nada contra los comunistas, pero tampoco tengo nada contra los oligarcas (…). Si un día viene un fulano, Onganía por ejemplo y me dice ‘Piazzolla, escriba ahora José de Buenos Aires y la estrenamos en el teatro auspiciado por mi gobierno, y le damos diez millones de pesos para montarla’. Yo voy y le digo: sí señor, y lo hago golpeando los tacos si es preciso (…)”.

Era tan grande su ego que nada ni nadie podía moverlo de su eje, tampoco un acontecimiento que transcurriera de un lado u otro de la grieta histórica, en este caso, no fue una excepción la resistencia política militante que luchaba por el retorno del General Perón al país VS la dictadura militar de Lanusse y el antiperonismo territorial.

El no moverse siquiera un milímetro por encima de sus intereses, dejan al descubierto dónde es que estuvo parado siempre: su obra, alimentada por las andanzas infanto juveniles que lo hicieron duro en la Manhattan de la década del ‘30, entre revueltas callejeras de familias sicilianas y el hampa en años de ley seca; o su relación de pequeñín con Carlos Gardel, que lo llevó a protagonizar de canillita en el film “El día que me quieras” (1935)-https://carasycaretas.org.ar/2022/06/05/la-estrella-y-el-pibe/-.

O esa mochila que fue el regreso a su Argentina desconocida, donde luego de transitar con todos los grandes por el corazón del tango tradicional de los años ‘40/50, sería expulsado, ninguneado y eyectado para luego comenzar la década del sesenta como un extraterrestre que jamás nadie podrá igualar en lo que significa la música moderna y vanguardista. Por eso, sobre algún pedido circunstancial, al tipo no le temblaba el pulso en decir ¡Sí! o ¡No! a un alto rango militar o montonero.

También es verdad que con sus pares mantenía una filosofía servicial e igualitaria, rasgo que queda demostrado en este textual encontrado en el libro de Alberto Speratti: “Cuando he tenido un conjunto ha sido siempre en cooperativa y nunca le robé un centavo a nadie. Siempre quise que mis músicos fueran felices, porque ese es el único modo de que toquen como deben. Yo conozco este tema, he estado en muchas orquestas, y cuando uno sabe que el director gana diez veces más que los músicos, nace un odio hacia ese director que se trasluce en lo que se hace con la música. Yo nunca quise eso; quise ser amigo de mis músicos, y muchas veces lo logré”.

Nos hubiera gustado poder acceder a más testimonios y brindar más detalles de aquella noche de sábado por la noche, como la lista de temas que sonó, que no debió ser otra donde aparecieron “Música popular contemporánea de la ciudad de Buenos Aires” Volumen 1 y 2 del Conjunto Nueve, sumado a alguna perlita que seguramente el público estaba ansioso por escuchar.

Como en casi todas las notas que venimos haciendo y tienen a la Base Naval Puerto Belgrano como epicentro de algún hecho trascendente, volvemos a decir que el nivel de silenciamiento y encajonamiento de la historia por estas tierras es único, no trasciende fácilmente y, además, sabemos que lo ocurrido durante aquellas horas del 2 de septiembre en los pasillos fríos del Cine Comodoro Rivadavia, quedará para siempre guardado en los apremios de la culturización de lo clandestino. Y no está de más recordar que para 1976, muy cerquita del lugar donde se presentó Piazzolla, funcionaron dos centros clandestinos de detención (Base de Infantería de Marina ‘VII Batería’ y el buque “ARA 9 de Julio”). Y como asegura el periodista Diego Martínez en una nota de Página12 (https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/69018-22401-2006-06-25.html)-dato aportado por el periodista Juan Ignacio Provéndola  (https://realpolitik.com.ar/nota/38739/adios-sui-generis-en-dictadura-preestreno-en-una-base-naval-y-la-censura-que-no-fue-nbsp/)- “semanas previas al golpe militar, el contralmirante Luis María Mendía eligió la sala-donde se presentó Piazzolla- para informar que se avecinaba ‘una guerra para preservar la ideología occidental y cristiana’ y hasta planificó junto a una gran comitiva cómo iban a ser los vuelos de la muerte”.

EXTRADATA

En el trabajo de investigación presentado en las ‘VII Jornadas de Trabajo sobre Historia Reciente’ (La Plata, Argentina, 6, 7 y 8 de agosto de 2014), Virginia Dominella expone que el Diario LNP “respaldó la narración oficial resaltando el carácter de terroristas/extremistas de las víctimas de Trelew y su peligrosidad. Así, publicó los antecedentes judiciales de los 19 “elementos” que protagonizaron los sucesos del 22 de agosto, detallando además de sus datos personales, las “organizaciones guerrilleras clandestinas” a las que pertenecían, las circunstancias de detención, los delitos por los que habían sido procesados, el tribunal interviniente, la fecha y el decreto por el cual fueron puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Con esta lectura coincidía un comunicado del III Cuerpo de Ejército, que expresaba que quienes habían perdido sus vidas eran delincuentes, asesinos -siendo el “humilde trabajador” que se desempeñaba como guardiacárcel una de sus víctimas-, que se apropian de lo ajeno y pretendían imponer por la sangre ideas políticas que “no responden a la esencia del ser argentino (…)”.

“Imágenes de Piazzolla”

Invitamos a contactarse con el fotógrafo y periodista puntaltense, Carlos Carrizo, autor del libro “Imágenes de Piazzolla” que lleva prólogo de Horacio Ferrer*. Un trabajo que reúne ciento veinte fotografías inéditas de Piazzolla tomadas entre 1965 y 1989, organizadas en trece capítulos.

Si querés un ejemplar, escribile a [email protected]

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