EL PAJARITO ENCANTADOR

EL PAJARITO ENCANTADOR

«Al comprar el ‘pajarito’,
Debieron preguntar, tal vez,
Cuánto costaba la linda jaula
Del lavi – rap».

Por Daniel Bello

Hace unas semanas, Elon Musk, el magnate dueño de Twitter, decidió suspender una serie de cuentas de periodistas sin mediar aviso bajo el pretexto de que la suspensión estaba relacionada con el intercambio en vivo de datos de ubicación de su avión privado.

«Publicaron mi ubicación exacta en tiempo real, básicamente coordenadas para un asesinato, y esto es (obviamente) una violación directa de los términos de servicio de Twitter», indicó Musk.

«Si alguien publicara ubicaciones y direcciones en tiempo real de los reporteros del NYT, el FBI estaría investigando, habría audiencias en el Capitolio y Biden daría discursos sobre el fin de la democracia», sentenció el dueño de twitter.

Al listar las cuentas suspendidas, se podía encontrar media docena de periodistas como por ejemplo a Micha Lee de The Intercept, Matt Binder de Mashable y los reporteros independientes Aaron Rupar y Tony Webster.

Esto provocó inmediatamente el repudio de medios, ONGs y la Unión Europea (UE) que amenazaron con sanciones, incluso artistas o escritores como Sthepen King que manifestaron su rechazo a la suspensión.
Tampoco es un tema menor que las cuentas suspendidas cubren noticias referidas al magnate (no solo a los «viajeros» a Lago Escondido les gusta el anonimato, parece).

La sanción autoritaria de Musk va en consonancia con su modo de direccionar Twitter desde que asumió el control de la compañía y es otra muestra de cómo se contradice en sus rimbombantes enunciados.

Basta recordar que en uno de sus primeros tuits, luego de asumir, anunció que el pájaro estaba liberado y que su defensa de la libertad de expresión, y una app libre de discursos de odio, eran su prioridad.

Sin embargo, todo parece ir en dirección contraria. Y a alta velocidad.

Uno de sus primeros anuncios fue que se pagaría por el tilde azul, pero, luego de haber otorgado el tilde hasta a Jesús, se implementó el tilde dorado para empresas. El mismo fue prioritario para cuentas falsas recién creadas que utilizaban publicidad engañosa con contenido clickbait.

Los bots iban a tener una sorpresa, pero ahí siguen polulando en la red del pajarito.

Para colmo, en Twitter Spaces, la herramienta que permite realizar conversaciones de audio en vivo, Musk tuvo una aparición que generó una audiencia de más de 30.000 personas. Allí indicó, según la Agencia AFP, que «todo el mundo va a ser tratado de la misma manera (…) Ustedes no son especiales porque son periodistas».

Al momento de ser cuestionado por uno de los periodistas baneados, Musk se fue y el Twitter Spaces parece haber sido suspendido para ser reproducido. Parece que la libertad de expresión y el acceso a la información tienen poca tolerancia en Musk.

Desde su asunción al frente de la compañía a base de despidos masivos, los embelesantes anuncios de mayor libertad de expresión y transparencia que vine realizando Elon Musk se están chocando con la realidad que exponen sus actos de autoritarismo, censuras y restricciones junto al crecimiento de los discursos de odio que no estarían encontrando un coto en Twitter.

Hace unos días Cristina Fernández de Kirchner expresó: «(…) es necesario que, más allá de que a todos nos gustan las redes, el twitter y demás, también salir a hablar y explicar. A bajar, a tomar contacto con el barrio, con el barro, con la realidad. Hablarle a la gente».

Estos hechos necesariamente deben ser tenidos en cuenta a la hora de afirmar con mucha liviandad que las apps y plataformas pueden asegurar la libertad de expresión o simplemente mayor libertad, sobre todo, porque como ocurre en este caso, basta que alguien, además de la app, también compre una jaula cómoda y confortable.