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¿QUÉ PASÓ EN BOLIVIA?

Golpe de estado a Evo

¿QUÉ PASÓ EN BOLIVIA?

Por Miguela Varela

En menos de un mes, Evo Morales pasó de ganar las elecciones en primera vuelta por más del 47% de los votos a renunciar a la presidencia producto de un golpe de estado.

Sin duda, son múltiples los factores que pueden explicar esta conmoción y muchos otros que hasta ahora desconocemos. Ensayamos algunos a continuación.

Es la política, no la economía

Estamos en condiciones de afirmar que la estabilidad económica no es suficiente para sostener un proceso político. Bolivia es reconocida en el mundo por ser uno de los países con mayor crecimiento económico de Sudamérica. Además de disminuir la pobreza extrema de 36,7 % a 16,8 % entre los años 2005 y 2015, redujo el índice Gini de 0,60 en 2005 a 0,47 en 2016. Al mismo tiempo, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mortalidad infantil ha disminuido en un 50% y la desnutrición infantil en un 14% en tan solo un decenio.

Estos datos demuestran que no se trata de una crisis política derivada de una crisis económica. Sino de factores políticos que, aún en condiciones de estabilidad, presionan para la salida del gobierno.

Es con todxs

No hay estabilidad que aguante si no existen alianzas políticas sólidas ni bases de apoyo efectivas. Sujetos políticos tales como los movimientos sociales, el movimiento sindical —en este caso representado por la Central Obrera Boliviana (COB)—, los medios de comunicación y las fuerzas de seguridad son los pilares fundamentales de cualquier gobierno que intente sostenerse en el poder. Por supuesto que es una tarea compleja lograr esta combinación, sin embargo, es imprescindible cuando la derecha afila las uñas. La decisión de la COB de retirar su apoyo a Evo Morales fue clave en la toma de decisiones del presidente a la hora de convocar a nuevas elecciones. Por eso, el presidente comienza su anuncio diciendo “Después de escuchar a la COB, al Pacto de Unidad y distintos sectores del campo y la ciudad, hemos decidido solicitar a la Asamblea Legislativa, dentro del principio constitucional de coordinación, renovar la totalidad del TSE para convocar a nuevas elecciones nacionales”.

La falta de participación de diversos actores en las decisiones de gobierno excluye a sectores que buscan representatividad en otros espacios de poder. Lo mismo sucede con los levantamientos de las fuerzas de seguridad, que no respondieron al control político del presidente. Si comparamos este proceso con el caso venezolano observamos que, a pesar de las innumerables dificultades económicas, el gobierno de Nicolás Maduro se aseguró la lealtad de las Fuerzas Armadas. Unas Fuerzas Armadas reformadas luego del golpe de Estado de 2002 al gobierno de Hugo Chávez, y reestructuradas bajo preceptos nacionales, populares y democráticos. En el caso boliviano, una vez quitado el apoyo de las Fuerzas Armadas, la renuncia de Evo Morales fue inminente.

Lo simbólico

¿Qué pasó con la construcción simbólica en Bolivia? ¿No funcionó, no se intentó o no se profundizó? Los procesos populares tienden, primero, a resolver las urgencias económicas, luego, a construir bases políticas sólidas que le permitan gobernabilidad y, por último, apelar a la construcción de un discurso y un sistema de valores que refuerce cierta simbología. Existen casos exitosos como el chavismo/Revolución Bolivariana o el kirchnerismo/peronismo; y casos de éxito moderado como el Partido de los Trabajadores en Brasil o la Revolución Ciudadana en Ecuador. También la derecha lo intenta a su manera, y ya lo demostró Mauricio Macri: se puede hundir al país en una tremenda crisis económica pero, si se apela a la construcción simbólica basada en un discurso y reforzando ciertos valores, se puede surfear la tormenta. El macrismo no sólo logró terminar su mandato con una de las peores gestiones económicas de la historia democrática, sino que además consolidó un 40% del electorado.

Representatividad

¿Cómo afectó al proceso político del MAS el referéndum del 2016?

El 21 de febrero de 2016 se realizó un referéndum cuyo objetivo fue el de aprobar o rechazar una modificación constitucional que habilite la reelección del presidente y vicepresidente por dos mandatos consecutivos. Ante el rechazo popular, el gobierno presentó un recurso ante la justicia reclamando la inconstitucionalidad de la normativa. Al año siguiente, se emitió un fallo a favor del MAS. Si bien, dos semanas antes de la votación los medios de comunicación denunciaron que Evo tenía un hijo que ocultaba, finalmente fue desmentido posteriormente a los resultados.

Entonces, es preciso tomar en cuenta este factor para analizar cómo llega Evo Morales a la elección del 2019. Muchos analistas marcan en el referéndum el inicio del desgaste de su gestión, no obstante, fue una de los tantos obstáculos políticos que atravesó el gobierno.

Otro hecho que debemos analizar es la falta de un sucesor o una sucesora al liderazgo de Evo Morales, algo que siempre termina condicionando los recambios políticos, y que facilita a la derecha la estigmatización de algunxs dirigentes y la personalización de los procesos populares.

Sin unidad regional

Con instituciones regionales desarmadas (tales como UNASUR y CELAC, y en menor medida, el ALBA), con la ausencia de liderazgos que las conduzcan y  con la descomposición de sus esquemas institucionales, la salida regional a la crisis parece lejana. En este marco, el Grupo de Puebla aparece como un revival de los mejores momentos del progresismo latinoamericano, con un claro liderazgo argentino. Ahora bien, ¿alcanzará eso para estabilizar la región de las intentonas antidemocráticas de la derecha regional? ¿Podrá fortalecerse un esquema de esa naturaleza cuando sólo 1 de los 32 integrantes es un presidente electo (ni siquiera en funciones)?¿O deberá ser el Mercosur el que se abogue la responsabilidad de denunciar el golpe de Estado a través de su “cláusula democrática”?

En un contexto donde la derecha latinoamericana parecía retroceder con el triunfo del peronismo en Argentina, con Manuel López Obrador gobernando México, con la liberación de Lula y con manifestaciones populares en Ecuador, Chile, Honduras y Haití, el escenario boliviano aparece como un suceso inesperado. La región vive un momento de mucha complejidad, agitada tanto por izquierda como por derecha. En ese marco, Estados Unidos opera en silencio, pero también espera. Sabe que no puede alentar la radicalización entre sus vecinos, por lo que manda señales positivas al recién electo Alberto Fernández, pero al mismo tiempo sostiene a Jair Bolsonaro, quien amenaza con romper el Mercosur y establecer una alianza comercial estratégica con Estados Unidos. Como siempre, el destino de América Latina está en manos de sus pueblos.

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