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DECLARÓ LA PRIMERA QUERELLANTE TRANS EN UN JUICIO DE LESA HUMANIDAD: CONTÓ LAS VEJACIONES A LAS QUE FUE SOMETIDA

Juicio Brigadas

DECLARÓ LA PRIMERA QUERELLANTE TRANS EN UN JUICIO DE LESA HUMANIDAD: CONTÓ LAS VEJACIONES A LAS QUE FUE SOMETIDA

Por PPV

En el año 2013, Valeria del Mar Ramírez se presentó como querellante en la investigación que lleva a cabo los crímenes y abusos cometidos en el Pozo de Banfield durante la última dictadura militar y de los cuales fue una de las víctimas cuando tenía apenas 22 años y recién comenzaba a trabajar en la calle.
Con el DNI con su identidad autopercibida, recibido un año antes de las manos de la entonces presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, se constituyó en la primera mujer trans en participar en un juicio de lesa humanidad.

Ayer, martes 22 de noviembre, Valeria del Mar declaró ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de La Plata en la causa que se conoce como Juicio Brigadas y relató las golpizas y violaciones grupales que padeció por parte de policías y dijo que le hacían desear cada día que: «Dios me lleve». Un testimonio que se convierte en esencial para demostrar el ataque al que era sometida la comunidad travesti-trans durante el oscuro período de nuestra historia.

Fueron 14 los días que permaneció secuestrada en el Centro Clandestino de Detención Pozo de Banfield, suficiente para haber sido torturada y violada en diversas ocasiones no se sabe por cuántas personas, incluso hasta la amenazaron hacerlo con una rata muerta.

Con voz temblorosa Valeria declaró durante una hora donde hizo un relato pormenorizado de las vejaciones a la que fue sometida.

«Trabajaba como prostituta, hoy se le llama trabajadora sexual, en el Camino de Cintura, en Ruta 4 entre Seguí y la rotonda de Llavallol. Había conseguido esa plaza y tenía que pagarle al jefe de calle», comenzó a relatar Valeria del Mar Ramírez, quien precisó que «no militaba» pero era vista «como cabecilla» por defender a sus compañeras cuando los policías, «para hacer estadísticas», iban a llevarlas presas.

La mujer precisó que sufrió dos detenciones, una a fines de 1976 y otra a principios de 1977 y espetó: «En la dictadura los travesti y los homosexuales éramos como bichos raros y cómo un gobierno militar iba a permitir que estuviéramos en la vía pública”.

Respecto a las detenciones remarcó que la primera vez “fue una razzia, el jefe de calle nos avisó que nos fuéramos que iban a pasar inspectores y no quería ver a ninguna parada en la ruta, pero no le hicimos caso. Éramos 14 o 15, nos quedamos en una estación de servicio que había en la esquina y nos levantaron, fue una razzia y nos llevaron a la comisaría de Llavallol. Ahí estuvimos dos días. En la comisaría no hubo maltrato».

Donde vivió maltrato fue en el Pozo de Banfield. “Para un Ford Falcon, nos agarran del brazo y nos meten” –precisa Valeria del Mar cuando comienza a referirse a la segunda detención. Ella fue llevada junto a Romina, una compañera: “Acá tienen las cachorras que pidieron”, -le dijo un represor a otro. “No sabíamos por qué estábamos ahí. Después vinieron dos policías que me violaron, después de darme algunos golpes.”

“Me pasaban el miembro por el buzón (la rendija de la celda), y me decían ´si querés comer, chupámela un poco y te doy comida» –continúo relatando con lágrimas en los ojos.

«Un día, cuando me sacaron a bañar llené una botella de agua y entonces cuando me decían de hacerles sexo oral (a cambio de comida) yo no comía. Estuve dos días sin comer tomando solo agua hasta que abrieron el calabozo y encontraron la botella. ´Puto, así que te hacés el vivo´. Me tiraron la botella de agua y tuve que acceder a la violación. Me violaron los cuatro y así venían hasta que un día aparecieron y me sacaron para el lado izquierdo. Me llevaron a un lugar «me tiran sobre el colchón y uno me agarra de una mano, otro de otra, otro de una pierna y otro de otra y me dicen ´esto te va a gustar más, porque te va a hacer cosquillas. Uno me abrió los cantos y me dijo ´esto es lo que te va a divertir´ y no sé si era una rata o laucha».

«Yo pensé que era el fin de mi vida. Me parecía que estaba con gente demente porque para que quieran hacer esas cosas no veía la razón. Me hicieron asustar, pero no me pusieron la rata, si lo hubieran hecho no estaría declarando.  Preferiría que Dios me lleve, no sabía qué hacer. Lo peor fue que otro día me pusieron un pedazo de madera, eran seis que se reían mientras yo gritaba y pedía auxilio”, contó.  “Seguían viniendo todos los días, tres o cuatro, para violarme. Estaba agotada de llorar y de gritar”, dijo.

En otra oportunidad, relató Ramírez «trajeron un pepino y me dijeron ´ahora te vas a divertir con esto´. Yo pensé que con eso me iban a destrozar, pero me dijeron ´no, no te asustes que esto no es para vos´, pero me dijeron quedate ahí boca abajo y vinieron tres y me violaron». También, otro día “me llevan al mismo lugar y me ponen un pedazo de manguera. Eran como seis, meta reírse y yo meta gritar pidiendo ayuda. No sabía qué más pedir».

Asimismo, la mujer trans declaró que un día, mientras se bañaba, escuchó a una mujer policía gritar “ya viene, ya viene”, se trataba del nacimiento de un bebé a cuya madre la obligaron a limpiar “la mugre” del parto, “mientras la chica, pelo largo, delgada, demacrada, todo su vestidito lleno de sangre, no se podía mantener en pie. Yo la agarré de la mano, la apoyé en el piletón y me puse a llenar el balde. Cuando salgo, veo que el policía tenía el bebé en brazos”, amplió.

«Estuve 14 días en el Pozo de Banfield», precisó y narró que sus allegados comenzaron a buscarla y que su madre había presentado un recurso de hábeas corpus a su favor. “Una compañera a la que le decíamos ´la Mono´ iba a la comisaría de Llavallol a llevarme cosas, pero no estaba. Fueron a otras comisarías de la zona y no me encontraban. Estuve esos 14 días y una mañana vienen y me dicen ´hoy vas a tener la última diversión porque lamentablemente te tenemos que largar”.

Valeria del Mar declaró sus padecimientos «en la secretaría de Derechos Humanos de la Nación y en el tribunal de La Plata. En esas oportunidades no conté lo de la rata y lo de manguera. Por vergüenza, por miedo a que no me creyeran».

«Recordar esto es muy fuerte. Todo lo que me hicieron, las vejaciones, como me pegaban sino quería tener sexo. Ni física ni psicológicamente estoy bien, a veces no quiero salir de mi casa”-exclamó.

Hoy en día Ramírez está pronto a cumplir 66 años y cobra una jubilación mínima que no le alcanza para vivir. Integra la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) donde ejerce el cargo de secretaria de Derechos Humanos, si bien ya hace muchos años que abandonó la prostitución. Allí va a buscar comida todos los días.

«Cobré una indemnización, me dieron 50 mil pesos, y ya lo gasté. No sé qué va a ser de mí. Las heridas las tengo en el cuerpo, nadie me las saca. Solo las que lo pasamos sabemos lo que es. Es muy feo no tener libertad. Pero ¿qué salida tenía yo, qué salida laboral tenía? No tenía otra», concluyó.

También declararon en el día de ayer Boris Santos, delegado de Peugeot, sobreviviente del Pozo de Quilmes y Eduardo Castellano, sobreviviente de Pozo de Banfield y El Infierno.

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