

LA MEMORIA NO SE BORRA
Por PPV
En una jornada que transformó la indignación en organización colectiva, la comunidad educativa de la Escuela República de Colombia, en el barrio porteño de Boedo, volvió a plasmar en sus veredas los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo. Este acto de reparación surge como respuesta ante la provocación por parte del Gobierno de la Ciudad, que bajo el argumento de «mantenimiento» del espacio público, había ordenado borrar estos símbolos. Sin embargo, para quienes habitan el barrio y la escuela, esta no es una medida aislada de limpieza, sino un intento de invisibilizar la historia en un contexto político donde la memoria está bajo ataque.
La reapropiación de los pañuelos en las veredas trasciende la pintura sobre el cemento; representa la vigencia de un símbolo que es bandera universal de justicia. En la Argentina de hoy, el pañuelo blanco simboliza la resistencia de quienes no se doblegaron ante el terrorismo de Estado y sigue siendo un faro para las nuevas generaciones. Reivindicar su presencia en las escuelas es un ejercicio pedagógico fundamental para defender, y fortalecer, la democracia y recordar que muchos de los derechos que hoy gozamos son fruto de una lucha incansable que comenzó en medio de la dictadura más sangrienta de nuestra historia.

Este ataque patrimonial y simbólico se inscribe en una preocupante avanzada fascista a nivel nacional, impulsada por los discursos negacionistas que emanan desde la propia figura del presidente Javier Milei y su gestión. Al cuestionar sistemáticamente la cifra de los 30.000 desaparecidos y proponer una visión distorsionada de los años setenta, el oficialismo habilita un clima de época donde el odio y la desmemoria pretenden institucionalizarse. Borrar un pañuelo en una vereda es, en última instancia, el reflejo material de una narrativa política que busca desmantelar los consensos básicos y democráticos sobre los derechos humanos alcanzados por nuestro pueblo.
Frente a la crueldad y el intento de borrar el pasado, la respuesta comunitaria en las calles demuestra que la memoria no se decreta ni se elimina con una hidrolavadora. Familias, docentes, estudiantes y organismos de derechos humanos se unieron en un abrazo simbólico para reafirmar que el compromiso con la Memoria, la Verdad y la Justicia está arraigado en los territorios. Mientras desde los despachos oficiales se intenta imponer el olvido, en los barrios se sigue escribiendo la historia con la firme convicción de que, ante el avance del negacionismo, la única salida es más memoria y más organización popular.
