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“EL ROCK PLATENSE ME DEVOLVIÓ LAS GANAS DE ESCUCHAR MÚSICA”

Entrevista a Nico Sabatini:

“EL ROCK PLATENSE ME DEVOLVIÓ LAS GANAS DE ESCUCHAR MÚSICA”

Por Javier Tucci

Así lo expresó el músico y compositor argentino, radicado actualmente en Málaga (España), quien acaba de sacar de manera independiente su tercer disco Hasta el Ojo del Huracán. Una obra impregnada de mensajes que tienden a encender y pintar el mundo desde lo colectivo, reinventar la piel y  añorar el retoño sin frontera.

En 2006, este juglar de 40 años de espíritu libre, autogestivo y giramundo que coquetea entre el rock, el pop y el género canción, oriundo de Tres Arroyos (provincia de Buenos Aires) pero formado artísticamente en la capital provincial, agarró su bagayo y se las piró pa’ tierra andaluza en busca de nuevos horizontes. Convencido de que el espíritu del hazlo tú mismo es el camino, se lo ve más que activo en las calles o en programas de radio y TV de Málaga, siempre con la garra y actitud de un artista que sabe lo que quiere. “Ahora estoy en Portugal (NDR: el ahora fue pronunciado hace mes y medio atrás al comenzar la entrevista), emprendí una gira con mi compañera, mi hijo de cinco años y mi futuro hijo que pronto estará entre nosotros, todos en una furgoneta que acondicionamos hace muy poquito”, sostiene muy en sintonía con su presente.

Desde hace un tiempo que nos comunicamos por facebook y hasta compartimos secuencias cómplices con el comandante Pablo Refi, el amigo y colega que le da voz a la cultura rock de la ciudad de La Plata desde el Cubo Mágico, programa que se emite de lunes a viernes de 18 a 20hs por Radio Universidad. El mismo comandante Refi, al que Nico le devuelve ese guiño de resistencia hacia el final de la canción Tres mil sesenta y dos millones de años (https://spoti.fi/2Tph0B4) al susurrar: “comandante Refi, hay vida en Marte, lo he comprendido, la amargura cambia”. Una especie de proclama en clave Space Oddity de Bowie -canción que el pasado 10 de julio cumplió 50 años-, porque estés donde estés, Hasta el Ojo del Huracán te empujará a meterte de lleno en la zona empantanada para cruzar la oscuridad, una manera de preservar el estado de ánimo.

La distancia no existe si sabés dónde vas…

¿Por qué partiste hacia España?

Mis abuelos eran italianos y saqué la ciudadanía, lo que me permitió irme sin el quilombo de llegar y quedarme de manera ilegal. En ese tiempo, antes de partir para Málaga, conocí a la que hoy es mi compañera, que también se estaba por venir para acá, todo indicaba que debíamos salir al mundo con la idea de abrir el horizonte. Nací viendo ese horizonte y, desde muy chiquito, quise salir, viajar, ver qué hay más allá. Volví muchas veces a La Plata, grabé un disco en las diagonales como solista y regresé a España a armar la Albor Band y, en 2009, con Jime, mi compi, decidimos volvernos una vez más a La Plata con la ilusión de poder montar la Sala Carihuela, una sala de ensayo que tuvimos gracias al momento que vivía el país por aquellos años. Pero luego, cuando llegó el “cambio”, se complicó muchísimo, tal es así que muchas movidas culturales que estaban haciendo cosas copadas terminaron cerrando o las terminaron censurando. Entonces, para 2016, sabiendo que se venía todo muy oscuro, decidimos escapar otra vez, no nos quedó otra que hacer nuevamente el bagayo  y regresar, esta vez, con otro disco bajo el brazo que era La República de las Cosas (https://spoti.fi/2OO9RM3). Si bien amo y necesito a la Argentina, se necesitan unos huevos y ovarios bárbaros para vivir allá.

¿De la Albor Band pasaste a formato solista o siempre fuiste un solista acompañado? Pará… recalculemos, ¿crees en el formato solista?

Estoy súper agradecido de haber publicado los discos con ese nombre que significa “la banda de la luz”. Albor es de las primeras palabras que metí en una canción y siempre me acompañó, incluso en una época en la que mantuve una relación con el actor Alejandro Urdampilletta, a quien con 18 años le mostré  esa canción  y el tipo flasheó. Y que un tipo como Alejandro reconozca ese laburo, representa muchísimo. El albor siempre está y es el que marca la impronta a la hora de componer mis canciones.

Por la banda pasaron un montón de músicos que dejaron solos, intros, riffs, rearmonizaciones, un proceso colectivo de banda en el que siempre fui solista por haber compuesto el 95% de las canciones. La banda  siempre mutaba, en un recital tocaba un guitarrista y al siguiente había otro y así constantemente. Siempre me sentí acompañado por personas que me hicieron la segunda en los dos primeros discos: el primero que compuse al 50% con Elías Leyton y en la República de las Cosas con un bandón con músicos increíbles.

Más allá de la degustación subjetiva, de la decodificación de cada uno, ¿qué quisiste expresar con Hasta el Ojo del Huracán?

Sería algo así como la manera de atravesar todo el huracán y llegar al centro donde existe la calma más increíble, de encontrar y de encontrarse con uno mismo, el viaje era ese, para estar en paz. Después, me enteré que existe un disco de La Renga que se llama igual y me di cuenta que quizá no era el mejor nombre para un disco,  hasta pensé en cambiarlo por ‘ahora viajo a la velocidad de la luz’, pero dije no, y empecé a componer el disco en base al nombre y lo que me disparaba, que no es otra cosa que siete canciones que, a su vez, son siete cortometrajes.

Cuando escribo una canción no sé muy bien lo que quiero decir, o si quiero decir algo… lo que sí sé es que quiero transmitir lo que tengo en ese momento o lo que habita en mi cuerpo, en mi cabeza y necesito transformarlo en canción.

Tu álbum anterior, La República de las Cosas, está más impregnado de ese choque cultural que se produjo en vos como artista. Pero Hasta el Ojo del Huracán es un disco de rock platense, ¿o me equivoco?, ¿cómo se vive esa lejanía?

La República de las Cosas es un disco entre el acá y el allá, entre España y Argentina, porque se hizo en momentos en los que estaba viviendo en La Plata, pero mi cabeza estaba en España. Hoy, esas canciones ya no las toco en vivo, salvo Fe y Rock & Roll, porque siento que dejaron de ser mías muy fácilmente. A veces, compongo una canción llorando y al tiempo digo ¿Yo escribí esta mierda? Igual lo quiero al disco y ha tenido muy buenas críticas, pero está inmerso en un proceso comercial del cual ya estoy lejos.

Cuando me fui de Andalucía todo era más rockero, pero al regresar me encontré con un ambiente más flamenquito, con bandas para bailar, mucho ska, reggae-cositas que me encantan obvio-, pero me di cuenta que no hay casi público rockero. Al llegar con La República de las cosas bajo el brazo, que era un disco con canciones para bailar con rumbitas y rock, al toque me di cuenta que me estaba aburriendo un montón. Por ese motivo, cuando empecé a cranear Hasta el Ojo del Huracán, no podía escuchar más música, no me gustaba nada. Y fue así que, añorando la ciudad de La Plata, prendí un fueguito para hacer un asado en el patio de casa y puse el último disco de El Mató a un Policía Motorizado (La Síntesis O’Konor), y me encantó. Y el bendito Spotify me llevó de nuevo a escuchar mucho rock platense durante un año, y ahí encontré el camino para comenzar a grabar mi disco, me reencontré con las raíces: el rock platense me devolvió las ganas de escuchar música. Es un disco de rock platense, bueno o malo pero de rock platense, hecho en Málaga y pensando en el bosque y en cortar por el diagonal.

¿Cómo es ahora tu bagayo musical e identitario desde tu llegada a Andalucía, con todo lo que significa esa multiculturización?

Cuando empezamos esta entrevista estábamos en Portugal, ahora -al devolver esta respuesta- ya estamos en Zaragoza y mañana llegamos a Barcelona. Y cuando regrese a Málaga, volveré a armar una banda rockera fuera del traje. Acá, en el rock primero está la guitarra y después está el artista, mientras que en Argentina, primero está el artista y después la guitarra y si la trae atada no te preocupes, y si las cuerdas están oxidadas o descalibradas, no importa. Acá es mucho más de plástico todo, no hay rock, sí el de la pose, el rock de instagram. Estoy en un momento donde me estoy sacando el traje, ese mismo que usé cuando llegué desde un lugar de supervivencia. Ahora voy por algo más sucio y desprolijo que se pueda tocar con tres músicos y llenar garitos de 40 personas en el que se respire el sudor de las paredes… voy por el rock & roll que suda, no el que charla bajito.

¿Cómo fue la grabación de este disco, en el cual hubo invitados y hasta sumaste músicos a través de plataformas web?

Lo empecé grabando todo yo, pero pensando en colaboraciones todo el tiempo. Un amigo bajista, Amadeo Zunino, quien grabó en mi primer EP ‘Un Pasaje’, se puso a disposición para meter cositas y grabó tres temas. El loco estaba laburando en meter su música en una plataforma de músicos (www.kompoz.com/music/), donde todo el mundo sube canciones pidiendo colaboraciones, desde una voz a capella hasta lo que se te ocurra. Ahí tenés que ofertar tu trabajo para que lo escuchen y se copen y quieran grabar.

Con Amadeo comenzamos grabando las voces de Espejo amarillo en un mini estudio que tiene en su casa de Barcelona, y su compañera Luciana Miguel metió los coros. Estando ahí, él me comentó sobre estas plataformas y me pareció una idea fabulosa, y fue así que incursioné en este mundo cibernético donde apareció un tecladista italiano que metió los sinte para Animal Salvaje, incluso metió una propuesta de un delay en mi voz. Estas plataformas están buenas para probarlas y hasta te podés armar una banda virtual a nivel mundial que hacen a una buena experiencia, sobre todo para compositores de laboratorio. Yo no la usé mucho, porque estar ahí es para que puedas ser cada vez más premium y popular, algo que no me cabe, simplemente lo usé subiendo Animal Salvaje y me pasaron uno, dos, tres bajos y un sinte y me encantó.

El proceso de grabación fue muy divertido, mucho mate, algo diferente a como venía grabando, que era descorchando birras. Acá me levantaba, me lavaba los dientes y me preparaba un matecito, algo que me hace acordar a un dicho que no recuerdo de quién es que dice “no es lo mismo un poema con la última ginebra de la noche, que ese mismo poema con el primer café de la mañana’, algo que inevitablemente te lleva a preguntarte ¿Qué compuse anoche? ¡Anoche era ji ji ji y hoy es una mierda! (Risas). Esa adrenalina que nos provoca el alcohol y lo que sea, que al otro día cuando escuchás la grabación decís ‘sonamos para el orto, pero anoche sentíamos que sonaba tan bien’. Por eso, este disco lo empecé a componer de otra manera, por la mañana, con el porrito tempranero, para luego probarlas en la calle con la birra de la tardecita-noche.

El mismo día que presentaste el disco en Spotify (el pasado 1 de julio), sacaste el vidoclip del primer corte “Espejo amarillo” con la leyenda “primer episodio”. ¿Está concatenada la obra, sobrevuela una onda conceptual?

Sí, ese día salió en todas las plataformas y a la vez publiqué el video-corto en youtube. Este trabajo, que estaba pensado para que sea una canción-un videoclip, de grabar sencillos en vez de un Ep o un disco, terminó siendo este disco que no es un largo de 12 canciones pero tampoco es un Ep de 4, es un álbum con concepto. Yo mismo produje todo y elegí aquellas que tenían que ver con el concepto de la obra y, por momentos, a la hora de componer, partimos de la base como si se estuviera filmando una peli o escribiendo un libro, pensando en todo momento que esta o tal canción era un nuevo capítulo. La idea es terminar haciendo un mediometraje con cada una de las canciones, ya lo tengo apalabrado con el actor Diego Migliori, quien aparece en el primero de los siete que es Espejo Amarillo (https://bit.ly/2ZzT1kV) (acá estaría bueno que se visualice el video desde youtube),  luego vendrán el resto.

¿Qué ves cuando te ves en el espejo amarillo?

Me veo un poquito más viejo. Como dice Horacio Catalán: ‘empiezo a notar que las orejas se me despegan un poco más de la cabeza’, y yo le agregaría y los pelos que salen en lugares impensados. Y, por otra parte, el que se ve en el espejo amarillo es un personaje, no habla tanto de mí. También barajar y dar de nuevo, tirar la guitarra por el balcón, después tirarte vos detrás de la guitarra sabiendo que vas a salir volando y caer de pie intacto, ser un peregrino. Pero si sigo viendo, me doy cuenta que es una mierda, como decía Pablo Refi en la presentación del disco que hicimos en el Cubo Mágico: ‘también el espejo amarillo es aquel donde se miran los que comandan la asquerosa alegría’. Y la verdad es que también veo algo parecido a como lo vio Refi. Este personaje, al verse en el espejo amarillo, se dio cuenta de que debe tomar envión y lanzarse al vacío, pero no al de la muerte, sino donde hay libertad.

¿Cómo es un día cualquiera en tu vida en el proceso de tu laburo y cómo es llevar adelante un proyecto artístico girando con la familia?

En este momento -la gira ya finalizó hace 10 días- estamos viajando en caravana, en familia, recorriendo la costa de España y Portugal. Hicimos el Mediterráneo, el Atlántico, el Cantábrico y en algunos días más pegamos la vuelta a Málaga. Mi día hoy es mirar el agua y el aceite de la furgo a la mañana, mate, sanguchito de jamón y queso y ponernos la malla e ir a jugar con la familia a la playa. Cuando hay un hueco se toca en bares y a veces lo hago en la calle también. Al principio de la gira quería tocar mucho, pero al toque me di cuenta de que debía ir más tranqui; hay veces que toco para mí y, en otras oportunidades, sale sacar la guitarra en un camping o en la playa y la gente se encuentra con este hippie que toca mientras toma una birra barata en medio de un atardecer alucinante.

Al volver, mis días serán como todos los días durante 10 meses, levantarme temprano para llevar a Joaquín al cole, luego ponerme a componer y a grabar con el apoyo de Jime, mi compañera, y de ahí a mi laburo de músico callejero, porque no sé si sabías pero soy Licenciado en Música Callejera (RISAS). Esto lo digo porque tengo licencia para tocar en varios ayuntamientos y la verdad es que me va muy bien y está bueno también resaltar que la música callejera no es delito, lo digo por las persecuciones que hay sobre todo allá en estos momentos.

Luego regreso a casa y juego con mi hijo y, a la noche, en base en lo que empecé a maquetear a la mañana y con la cabeza más nocturna, trato de darle forma a lo que tenía, luego a cenar y a dormir… y así, rutinariamente, pero sin que me pese. Ahhh, y el juntarse con amigos, algo fundamental para la subsistencia

¿Te veremos pronto por estas tierras?

Tengo muchas ganas de ir a la Argentina, sobre todo a La Plata, para ver amigos y subirme a los escenarios del Pura Vida o La Mulata, que son los lugares donde más cómodo me he sentido siempre. Necesito ir, estar allá  para brindar con la sangre argenta, pero no se estarían dando las circunstancias para hacerlo. Ahora toca estar acá y seguir luchando.

¿Qué se viene de ahora en adelante con el disco bajo el brazo? ¿Habrá formato físico, te seduce todavía el disco con su arte de tapa y todo el significado de esa fetichización?

Se viene completar el mediometraje, trabajar el disco con cada uno de sus capítulos clips. Con respecto al formato físico, la verdad es que ya no creo mucho en ese formato, porque sería invertir mucho dinero que no tengo o salir a pedir dinero prestado para hacerlo y no da. Obvio que utilizo tal formato, sigo vendiendo mis discos en los conciertos porque es parte del, llamémoslo marketing, al igual que las camisetas con el arte de tapa, pero la música ya está subida en otros lugares de manera gratuita y la gente se ha acostumbrado a eso. No vas a venir vos, que no sos un Rolling Stones, a querer vender un disco. Sí creo en el arte de tapa y la defiendo a muerte. Salvo esta que la hice yo, el resto las hizo Gustavo Sabatini ningún parentesco conmigo-, Armenio Bonin, su nombre artístico. Insisto, creo en la gráfica, en el concepto, el llevar el cine a la música o la pintura arriba del escenario… eso me parece magnífico, porque hay varias maneras de decir lo mismo.

Sí, es verdad que un disco tiene mejor audio y te pasa eso de abrirlo y flashearla, pero lamentablemente eso acá, en España, te sale € 1500 y si los hacés vos, vas a hacer 1000 y con suerte te van a quedar 500 ejemplares del primero y segundo disco dando vueltas en tu casa para regalarlos. Hoy lo que garpa es el directo, porque vas a ganar por entrada vendida y por un par de camisetas. Por eso, cuando me miro en el espejo amarillo, veo este hombre que está cada vez más viejo en medio de la simpleza que utilizo para hacer canciones. Sólo quiero escenario y calle para mostrar mis canciones, no me interesa tanto el aplauso pero sí el silencio de cuando me están escuchando.

Plataformas dónde escuchar a Nico Sabatini y sus redes

Bandcamp: https://bit.ly/31lVKiu 

Spotify:https://spoti.fi/2GXdaKp 

Youtube: https://bit.ly/2MVgw4F 

Facebook: https://bit.ly/2YUiULk 

Fanpage: https://bit.ly/2OK1FMK 

Twitter: @NicolasSabatini 

Instagram: @sabatiniok

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