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Télam 18/11/2016 Buenos Aires: Vista aérea que muestra la Plaza de los Dos Congresos colmadas de gente, en el acto en reclamo de una ley de emergencia social. Foto: Manuel Fernández/aa

EMERGENCIA POLÍTICA

 

Por Gustavo Vera

La ley de emergencia social que obtuvo media sanción hace unos días en el Senado, y el posterior acuerdo entre las Organizaciones Sociales de la Economía Popular  y el Gobierno de la Nación, fueron la chispa que hacía falta para terminar de prender fuego el campo popular, que hace rato venía bañado de nafta.

La derrota del año pasado, ante la derecha por primera vez organizada en un partido político que ella misma creó, dejó un sinfín de interrogantes e hizo explotar por los aires contradicciones internas que – con más o menos volumen- se ocultaban al calor de la gestión y ante la necesidad de no entregar el gobierno a las corporaciones. Lo que hasta el año pasado se cuchicheaba entre muros, hoy se habla a viva voz en una parafernalia de declaraciones, documentos y solicitadas. Esto no es una novedad al interior del campo popular y menos aun cuando la correlación de fuerzas cambió de un tiempo a esta parte. Internas hubo siempre, divisiones por perspectivas ideológicas se cuentan por cientos, y muchas de ellas fueron resueltas de la peor manera. Pero hay algo en la disputa actual que resulta novedoso: en este caso, el principal problema es que no hay síntesis sobre quién conduce el Movimiento Nacional. Se dirá que el “Vandorismo” con su efímero “Peronismo sin Perón” o los Montoneros yéndose de la Plaza son antecedentes de esto, es cierto, pero aquellas manifestaciones políticas fueron marginales y cortas en el primer caso y aislacionistas y con nulo sentido del momento político que vivía el país – luego del triunfo de Perón en la elección por más del 60% de los votos-, en el segundo caso.

El debate fundamental entonces, es si 5213es Cristina es la dirigente que debe conducir al conjunto del movimiento Nacional o sólo a una parte. Recuerdo que el año pasado dirigentes de primera línea del Kichnerismo sostenían que más allá de quién fuera el Presidente Peronista que la remplazara (aún no se sabía el candidato), el liderazgo indiscutido de ella seguiría después de 2015. Algunos nos preguntábamos cómo sería eso, o más bien si eso sería posible en un país dónde el presidente es el que marca el termómetro de la política. Lamentablemente no tuvimos ni la posibilidad de debatir ni de pensar esa cuestión porque lo impensado terminó sucediendo: Mauricio Macri fue elegido presidente por los votos.

Ahora bien, a un año del gobierno de Cambiemos -en el que día a día se retrocede en las conquistas y derechos de doce años de Gobierno Popular- no parece poco que un conjunto de Organizaciones Sociales consigan un paliativo para cientos de miles de compatriotas a los que la crisis económica, auto provocada por el Macrismo, afecta día a día en sus condiciones materiales. Esto es, sin lugar a dudas, el primer logro de la oposición en un año en el que el bloque del Frente Para la Victoria vio cómo se desarmaba el entramado social de movilidad ascendente que se había logrado en la última década. Y tampoco son migajas como se escuchó decir desde estrados de progresismo blanco y con la panza llena. No, de ninguna manera. Es simplemente eso, un paliativo… ¿a un costo muy alto? Sí.

Más allá de las interminables explicaciones de los compañeros que firmaron el acuerdo con el Gobierno (cuando en política es necesario explicar tanto, es porque algo huele mal), dejar sentado en papel que por el hecho de haber llegado a un acuerdo, las organizaciones firmantes se abstienen de la protesta social hasta que termine el mandato de Macri, suena bastante escandaloso. No es admisible desde ningún punto de vista y seguramente traiciona el mandato de sus bases y sobre todo le da un triunfo político al Gobierno que, como bien dice Horacio Verbitsky (tan en boga por estos días): “es todo lo neoliberal que puede”.

Y esto nos lleva nuevamente a la cuestión de la conducción. Llama la atención que hoy en día haya tantos compañeros, muchos de ellos los que firmaron el acuerdo, que hagan un fervoroso y hasta a veces insoportable llamado a la autocrítica. Y claro que no está mal hacer autocrítica, más después de una derrota semejante… Sin embargo, el pedido de autocrítica es para los otros, no para ellos, como si ellos no hubieran sido parte del Gobierno anterior, como si ellos no hubieran pertenecido y obtenido todos sus cargos públicos en las listas del FPV. Se acusa al Kichnerismo de no haber hecho campaña por Scioli, y como bien dijo Máximo Kirchner, es el Kichnerismo el que aún tiene en sus filas al ex candidato a Presidente. Entonces, esa crítica que parece ser lanzada a los mandos medios del entramado político de Cristina, es en realidad a ella. ¿Aquello está mal? De ninguna forma, cualquier persona por más importante que haya sido para un país puede ser discutida, pero sería más sincero el debate si todos se hicieran cargo de que si están donde están, es porque participaron de las listas y del Gobierno de Néstor y Cristina.

14856046_1308862495844949_4768205175274821956_oEl Peronismo no va encontrar síntesis hasta que no resuelva quién lo conduce, todo pedido de unidad es por un lado inútil y por otro hipócrita si no se resuelve quién es el ordenador de esa unidad. Y desde ya que toda lucha fratricida sólo favorece al Gobierno Nacional que se entretiene en ver cómo nos peleamos entre nosotros, mientras cimienta las bases de una nueva quiebra del aparato productivo nacional. Lo que sí deberíamos reflexionar todos, si es verdad que primero está la patria, después el movimiento y por último los hombres, es quién dentro del campo popular aún está inserta en la sensibilidad de los humildes cómo ningún otro dirigente y, sobre todo, quién sigue siendo para la oligarquía y los poderes concentrados, parafraseando al gordo Cooke, “el hecho maldito del país burgués”. Si todos nos sinceráramos sobre esto, más allá de las diferencias entre nosotros, no habría discusión sobre quién es la que conduce.

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