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EDUCACIÓN, MERCADO Y TOYOTA ARGENTINA

EDUCACIÓN, MERCADO Y TOYOTA ARGENTINA

Por Beatriz Chisleanschi

Días pasados directivos de Toyota Argentina hicieron pública su intención de ampliar la capacidad productiva de su planta fabril de Zárate lo que implicaba la creación de 200 nuevos puestos de trabajo. La búsqueda laboral dirigida a varones con secundaria completa no llegó sin críticas.

Su presidente, Daniel Herrero, afirmó en una charla en el Rotary Club que “Se nos hace difícil en nuestra área geográfica encontrar esas 200 personas con secundario completo, porque en Buenos Aires se perdió el valor de un secundario. Y se les hace difícil hasta leer un diario. Tenemos que trabajar, con nuestra responsabilidad social, en la educación de la Argentina hacia el futuro”.

En tanto, Diego Prado, director de Asuntos Corporativos de Toyota Argentina, no dudó en subrayar en entrevista al canal de noticias TN que: “Lo que buscamos y venimos buscando desde siempre son chicos que tengan el secundario completo, la mitad de los curriculums que recibimos no tienen el secundario completo”, y sentenció que éste no es un problema actual, sino “que tiene que ver con una crisis en el sistema educativo en la Argentina”.

Es cierto que el último año y medio, motivado por la pandemia y la necesaria obligatoriedad del confinamiento la calidad educativa se ha visto afectada, no sólo en nuestro país sino en todo el planeta, más que los responsables locales de una empresa de carácter multinacional realicen una afirmación de semejante envergadura, como mínimo invita a pensarlo y reflexionar en torno a ella.

El sistema educativo argentino es el mismo que nos ha dado importantes científicxs, intelectuales, economistas, analistas, literatxs, periodistas, artistas, educadorxs y hasta presidentxs de multinacionales, por nombrar sólo algunas especialidades.

Esta búsqueda laboral, y las palabras de los representantes de Toyota, encierran, al menos, dos aspectos que ameritan ser analizados: el primero, una crítica no inocente al sistema educativo argentino, el segundo, un evidente machirulismo ya que el empleo ofrecido estaba destinado sólo a varones (el orden de las menciones no altera la idea). ¿Qué tipo de trabajo es el solicitado que no puede ser ejecutado por mujeres? Asociar a la industria automotriz y al auto con los varones es continuar con la matriz reproductiva en la construcción de subjetividades machistas y, por consiguiente, arcaicas.

Una situación que no es privativa de esta rama industrial, sino que se replica en la actividad en general. Al respecto, los indicadores de trabajo del INDEC del primer trimestre del 2021 dentro de la población activa, que alcanza el 46,3%, se observa que la TA de las mujeres fue de 49,0%, mientras que la de los varones fue 69,7%.

Respecto al vínculo empleo-formación secundaria el informe realizado por el especialista en educación Mariano Narodowski para el Observatorio de Argentinos por la Educación titulado  ¿Por qué Toyota no consigue 200 jóvenes con título secundario para trabajar en su planta? da cuenta de algunos datos interesantes.

Según indica dicho informe, “no hay escasez de egresados en esa zona: en 2018 había  1.314 estudiantes cursando el sexto año del secundario en Zárate, según las últimas cifras disponibles. A ese número, además, se le podrían sumar los egresados de los partidos cercanos a la fábrica (Campana, Escobar, San Miguel, etc.): la cifra total se quintuplicaría”.

“En cuanto a las habilidades de estos jóvenes, el 64% de los estudiantes del último año de secundaria en Zárate están por encima del nivel básico de comprensión lectora, según los datos de la prueba Aprender 2017. Por lo tanto, deberían ser aptos para el trabajo demandado”.

Al analizar los estudiantes del nivel secundario por sexo y tercil de ingresos, se observa que los varones del tercil de menores ingresos –potenciales candidatos para esta búsqueda laboral– son apenas un 2% del total de inscriptos en el sexto año del nivel secundario. En Zárate, como a nivel nacional, los graduados secundarios son mayoritariamente mujeres, y mayoritariamente de sectores medios y altos. Estos sectores tienden a priorizar la continuidad de sus estudios en la educación superior. Si bien no hay datos específicos de Zárate, la EPH para el Gran Buenos Aires muestra que en el quintil de menores ingresos, el acceso a los estudios superiores es del 9%, mientras en el resto de los segmentos socioeconómicos la cifra se cuadruplica”.

En tanto, los datos del INDEC dan cuenta de que, “cuando se analiza la composición de la TE por nivel educativo, el 58,2% de los ocupados cuenta con hasta secundaria completa, mientras que el 41,8% posee estudio superior y universitario (completo o incompleto). Asimismo, en lo que respecta a la calificación de la ocupación principal, el 51,3% corresponde a un empleo operativo; el 18,0%, a no calificado; y 11,0%, a profesional.”

Si tomamos los datos que se desprenden del trabajo del Observatorio de Argentinos por la Educación y los del Indec, se observa que las opiniones de los directivos Herrero y Prado son falaces y no tienen nada de inocentes. La razón de ser de las empresas monopólicas está vinculada a una lógica neoliberal que pretende convertir a la educación en mercancía y a lxs trabajadorxs en “capital humano”. Es decir, no es un problema del sistema, sino que se trata de una ideología que va más allá del contenido aprendido o de la capacidad lectora como señalaron los directivos de la planta automotriz.

El investigador del Conicet, Ezequiel Adamovsky realiza un interesante aporte en la nota para El Diarioar titulada “Fin de un mito: los empresarios no dan trabajo”:

“Tomemos una frase habitual: “Los empresarios dan trabajo”. Como si fuesen por allí con una bolsa llena de trabajos que ellos crearon, repartiéndolos generosamente a los demás. Todo al revés: quienes se apropian del trabajo ajeno aparecen como si estuviesen “dando” algo suyo. Pero los que “dan” su trabajo son en verdad los trabajadores. Los empresarios, al contrario, “piden” trabajo que no poseen y necesitan (…)” https://bit.ly/3yceH7e

Lxs trabajadorxs dan su trabajo, su estudio y la formación que obtuvieron en el sistema educativo, en este caso, el argentino sobre el cual se ha construido un sentido común arraigado en la idea de que lxs estudianes secundarixs salen de la escuela sin saber nada y para ello, las pruebas standarizadas PISA y Aprender diseñadas por el Banco Mundial, les sirve como excusa perfecta para avalar ese desprestigio.

Por consiguiente, si  la educación ofrecida por el Estado nacional no sirve, qué mejor que la educación provista por las propias empresas, como el proyecto “Educate para el Cambio” lanzado por Toyota en el año 2018. El mismo se desarrolló en el marco de una iniciativa global denominada “Start Your Impossible”, a través de la cual la empresa japonesa se propuso  “reforzar los valores de la compañía de humildad, superación de desafíos y de nunca darse por vencido”.

El avance de la tecnología conlleva la generación de empleos con mayores niveles de especialización y es importante que se profundice la relación entre formación educativa y el mundo del trabajo el cual se encuentra en un continuo proceso de transformación. Sin embargo, no toda la industria requiere de mano de obra calificada.

Como contracara al planteo de Toyota Argentina, el gobierno nacional lanzó el Programa de empleo para jóvenxs que hayan terminado la secundaria “Te sumo” (https://www.argentina.gob.ar/produccion/tesumo) con el que buscan intermediar entre un universo de 420 mil jóvenxs desempleadxs con secundaria completa y la pequeña y mediana empresa (Pymes) y ofrecer capacitación a alrededor de otrxs 260 mil por fuera de ese programa.

El vínculo entre escuela y mundo laboral debe afianzarse pero sin perder de vista que es el mercado quien debe estar al servicio de la educación y no a la inversa. El capital ya se apropió de la producción, de la distribución y del consumo, evitemos que también se apropie de la educación.

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