

LA HUELLA DEL ORO
Por Daniel Bello
Se puede decir, rigurosamente, que la serie La huella del oro es el primer contenido adulto animado original de América Latina, producido por Adult Swim y Cartoon Network.
Que se trata de las aventuras de Fafner, un mercenario que persigue un rastro de monedas de oro para alcanzar un tesoro.
Que está compuesta por cinco episodios con un cierre increíble y que permite pensar que no va a ser lo único que veamos de su director, Daniel Duche.
Que la obra puede convertirse en la puerta de entrada para un sinfín de trabajadores argentinos y argentinas que aún no han terminado de definir sus futuros trazos.
Y todo esto es así.

Atravesar sus capítulos, marcados por una banda sonora excelente, no solo evoca la animación y las historietas nacionales y foráneas, de antes y de ahora. Puede ser que la presencia de nuestra identidad −en el mate, la pava, el fútbol, el sifón o un cuadro de De la Cárcova− sea lo que termine de colocar a La huella… en una dimensión superior.
Entre todas las referencias que me inundaron, me quedo con ese guerrero −no tan solitario y siempre colectivo− que transita desiertos arenosos cual nuestro amado Nippur de Lagash, arribando a ciudades que no abandonan lo primitivo de alguna antigua civilización y que, sin embargo, ostentan una tecnología moderna.
Una mezcla representada de ese espíritu setentista en los albores de la internet, la cual nos iba a devolver una sociedad más libre y en coexistencia armoniosa entre “las máquinas y lo orgánico” (¡pasados de tecnooptimistas, eh!).
Esto último da pie a una segunda referencia. Porque coloca, en uno de los pasajes, toda esta cosmovisión en pleno corazón de la década que atravesamos en este siglo 21: la inmediatez de las plataformas y las redes sociales digitales. La publicidad y la tendencia a creer que elegimos lo que nos imponen, es decir, con la justeza de una mirada crítica. Y ese Fafner que nos remite, una vez más, a nuestro amado Nippur, quien también rechaza las seductoras mieles de los títulos.
En tercer lugar, La huella… −con esa narración que me remitió a la Sin City de Frank Miller− me planta como referencia no solo a Tolkien y Smaug, sino que también me trae al presente a Cortés, “la noche triste”, de 1520, y el oro maldito que Eduardo Galeano, en Memorias del fuego, nos contó:
Tenochtitlán ha quedado atrás. Atrás ha quedado la columna de humo que echó por la boca el volcán Popocatépetl, como diciendo adiós, y que no había viento que pudiera torcer.
Los aztecas han recuperado su ciudad. Las azoteas se erizaron de arcos y lanzas y la laguna se cubrió de canoas en pelea. Los conquistadores huyeron en desbandada, perseguidos por una tempestad de flechas y piedras, mientras aturdían la noche los tambores de la guerra, los alaridos y las maldiciones.
Solo he dicho tres, porque ahora toca a otres construir colectivamente ese nuevo lugar que albergará, como en Leviatán, un mundo plural, diverso y socialmente más justo y solidario.
FICHA
Clasificación
+13
Idioma de los subtítulos
Portugués (Brasil), inglés, español (América Latina)
Idioma del audio
Español (América Latina) – Original
Protagonizado por
Cortaz Milhem, Mario Castañeda, Jákora Xochitl, Wendel Bezerra
Director
Daniel Duche
Productora
Ayelén Bustos Suárez
