
INDIO
Por Ariel Scher
Un hijo de casi cuarenta le mensajea a su papá de más de sesenta: «Andá a saber cómo seríamos si no lo hubiéramos tenido». Un hijo de más de treinta enfoca a ese papá de más de sesenta y abre los ojos inmensos como cuando cumplió trece y bailó el sabor de la vida al compás de Jijijí. Una muchacha que mira nada más que al suelo porque este no es un día para mirar al cielo mima a su caniche y le dice «Mi perro dinamita». Una amiga le envía a otra amiga una foto analógica de la primera o la segunda de las misas ricoteras y añade, apenitas, tres vocablos: «Para la eternidad». Un albañil de Laferrere desanda despacito alguna calle porteña y permite que el viento se lleve completo los ecos de «Porco Rex». Pepe le escribe a Gaby: «Esto es efímero, ahora efímero». Gaby le contesta a Pepe: «Vivir sólo cuesta vida». Juan Pablo abarca a Pepe y a Gaby: «La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo». Carlitos los abraza con palabras: «Violencia es mentir». María no puede teclear citas y les confidencia: «¡Qué puñal!». Un bandoneonista recibe la noticia, la cree y no la cree e improvisa, con los dedos estrujados y con el corazón en esos dedos, «Vencedores vencidos». Un vendedor de telas del Once se quita una lágrima pero le nace otra. Un médico en la guardia de un hospital abraza a un familiar de un paciente de ese hospital y esta vez, sólo esta vez, no es un abrazo por nadie que ocupa ahí ninguna cama pero sí les ocupa el alma a los dos. Una lluvia de gente en el bondi detecta cómo un pibe del fondo usa el celular para que retumben Los Redondos: esa gente tiene cara de pueblo triste y qué bravo es ver la cara de pueblo triste. Los dos hijos del padre de más de sesenta van y vienen más que tristes: qué brava es la cara de los hijos tristes. El padre de más de sesenta necesita que fluya «Encuentro con un ángel amateur». El nieto más chiquito de ese padre que, además, es abuelo oye y despliega una sonrisa que es más larga que el infinito. «Sólo seguir cantando». Pobrecita la muerte que puede demasiado pero no puede matar al arte. Chau, Indio. Gracias por acariciar con poesía el paladar y la sangre de tantísimos.
Hasta la humanidad siempre
(*) Tomado de la cuenta de Facebook del autor
