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EL PROCESO DE LULA

EL PROCESO DE LULA

Por Miguela Varela

“Seguramente se había calumniado a José K…, pues, sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana”. Así comienza la novela El Proceso, de Franz Kafka, con un relato angustiante donde el Sr. K es arrestado una mañana por una razón que desconoce. Es imposible no evocar esta pesadilla kafkiana al analizar el encarcelamiento de Lula. Con un trasfondo de maniobras oscuras, operaciones mediáticas y judiciales, el paso del tiempo fue aclarando el panorama hasta evidenciar las motivaciones políticas de este proceso sin causa. Más precisamente: lo que revelaron las recientes escuchas demuestra que la causa que pesa sobre Lula se construyó para impedir que sea elegido presidente en las elecciones de 2018, cuando el dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) lideraba las encuestas.

Un falso proceso

La operación denominada Lava Jato se inició en 2014 y se basa en supuestos esquemas de corrupción, donde se involucra directamente a Lula por lavado de dinero y corrupción pasiva tras haber facilitado contratos que benefician a la empresa Odebrecht en perjuicio de la Petrobras, a cambio de un departamento triplex como soborno. Si bien pudo comprobarse que el lavado de dinero nunca existió debido a que Lula no realizó ninguna transacción legal para transferir esa propiedad a su patrimonio, la causa continúa. Como si fuera poco, aún consta en el Registro General de Inmuebles que el departamento continúa a nombre de Odebrecht y que la misma empresa lo habría utilizado como garantía de deudas que contrajo en el sistema financiero. Es más, una de los principales argumentos utilizados por el juez Sergio Moro se basó en material periodístico publicado por el diario O Globo (medio históricamente opositor al PT) en el año 2010, según el cual, Lula estaba a la espera de recibir un departamento.

Son innumerables las inconsistencias del proceso que mantiene a Lula encarcelado. Con respecto a los jueces elegidos, son muchxs lxs juristas que se han pronunciado sobre la irregularidad de la competencia de la Sala Federal N°13 de Curitiba. Según lxs especialistas, Lula no ha sido imputado por ningún crimen en detrimento de la Unión, sino que Petrobrás (la supuesta damnificada) es una empresa jurídica de derecho privado por su carácter mixto. Por esto, no cabe la competencia de dicha Sala para juzgar delitos consumados fuera de su jurisdicción, violando el principio constitucional del “juez natural”.

Otra de las irregularidades interesantes que aborda este proceso, se encuentran en un pasaje de la sentencia, donde el juez Moro expresa:

“La culpabilidad es alta. El condenado recibió ventaja indebida en relación a su cargo de Presidente de la República, o sea, de mandatario mayor. La responsabilidad de un Presidente de la República es enorme y, por consiguiente, también su culpabilidad cuando comete delitos. Esto sin olvidar que el delito se inserta en un contexto más amplio, de un esquema de corrupción sistémica en Petrobras y de una relación espuria entre él y el Grupo OAS. Obró, por lo tanto, con culpabilidad extrema, lo que también debe ser valorado negativamente”.

Lo que aquí pretende explicarse es que la gravedad del hecho ya no se mide, como lo indica el derecho penal de hecho, sobre la acción cometida, sino que ahora se mide sobre las características personales del acusado o por su posición social. Es decir, por haber ejercido el cargo de Presidente de la Nación. Según aclara Antonio Martin, Doctor en Derecho por la Goethe-Universitat de Frankfurt, el juez pretende aplicar un derecho penal de autor donde la personalidad es el fundamento para aplicar la pena, así como su contexto de corrupción sistemática. Es decir, “por contaminación”.

Estos argumentos y muchos más son explicados en el libro Comentarios a una sentencia anunciada: el proceso Lula editado por CLACSO. Se trata de una recopilación de textos jurídicos que, como los mismos autores señalan, oficia de una carta de compromiso con la ciudadanía, la democracia y el estado de derecho. Aquí las explicaciones son jurídicas, pero también políticas, cuando lxs autores logran descifrar la manipulación de las herramientas legales para desfavorecer al acusado. Como manifiesta el artículo del Frente Brasil de Juristas por la Democracia:

“El exceso de castigo promovido por sectores dentro del Sistema de Justicia, cometido libremente y sin la debida corrección, sin la lectura consecuencial de sus acciones para la integridad de Brasil, pone en riesgo otras instituciones y poderes democráticos, dado que, siendo cometido por el propio Poder Judicial, será inevitablemente tomado como ejemplo de impunidad”.

BrasiLeaks

En este contexto, la investigación realizada por The Intercept Brasil puso en evidencia el grupo de tareas comandado por el fiscal Deltan Dallagnol y por el ex juez de la causa y actual Ministro de Justicia de Brasil, Sergio Moro. Se trata de un acervo de pruebas enviadas a este medio de comunicación a través de una fuente anónima que incluye: mensajes de texto, videos, fotos, audios y documentos judiciales. Posiblemente, el mayor escándalo político de la historia de Brasil. Como bien lo expresa el periodista que dirigió la investigación, Glenn Greenwald en el sitio web:

“La importancia de estas revelaciones se explica por las consecuencias incomparables de las acciones de la Operación Lava Jato en todos estos años de investigación. Este escándalo generalizado involucra a diversos oligarcas, líderes políticos, los últimos presidentes e incluso líderes internacionales acusados de corrupción. (…) Los reportajes muestran que los fiscales del Lava Jato hablaban abiertamente sobre su deseo de impedir la victoria electoral del PT. (…) El juez Sergio Moro colaboró de forma secreta y antiética con los fiscales de la operación para ayudar a montar la acusación contra Lula. Todo ello, a pesar de las serias dudas internas sobre las pruebas que fundamentaban esas acusaciones y mientras el juez seguía fingiendo ser el árbitro neutral en este juego.”

Los chats revelados por The Intercept muestran cómo los funcionarios, bajo las órdenes de Dallagnol, discutían las formas de inviabilizar la entrevista que Lula se disponía a otorgar a Folha de Sao Paulo, porque esto podría permitir la victoria del candidato del PT, Fernando Haddad, y la vuelta del PT al poder.  Ante la aprobación por parte de la justicia de la entrevista, los mensajes del grupo de Telegram de lxs procuradores del Lava Jato se dispararon. La procuradora Laura Tessler fue muy elocuente: “¡Qué chistes! Asco !!! (…) Un verdadero circo. Y después de Mónica Bergamo [la periodista de Folha], por isonomía, vendrán tantos otros periodistas… y nosotros aquí haciendo papel de payaso con un Supremo de ese … “. Y continuó: “Una conferencia [de prensa] antes de la segunda vuelta puede elegir el Haddad”. Por su parte, la procuradora  Isabel Groba utilizó una sola expresión: “Mafiosos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!”.

Días antes de la presentación de la denuncia contra el ex presidente,  Dallagnol envió un mensaje al mismo grupo de chat que decía:

 “Dirán que estamos acusando sobre la base de noticias periodísticas e indicios frágiles … entonces es un ítem que debería estar bien atado. En este punto, hasta ahora tengo recelo sobre la conexión entre Petrobras y el enriquecimiento, y sobre la historia del departamento… Son puntos en los que tenemos que tener las respuestas ajustadas y en la punta de la lengua”.

Como vemos, sin la vinculación del departamento, la causa no podría haber tenido la jurisdicción forzada en Curitiba y, por ende, en el juez Moro. Para rematar, un día antes de la denuncia Dallagnol volvió al celular y comentó una vez más sobre la acusación, analizando la calidad de las pruebas que tenían en sus manos: “La opinión pública es decisiva y es un caso construido con prueba indirecta y palabra de colaboradores contra un icono que pasó incólume por el Mensalão [escándalo de coimas que afectó a la clase política brasilera en 2005]“.

Luego de la presentación de la denuncia, el entonces juez Moro escribía a Dallagnol sobre las acusaciones que recibía ante la falta de pruebas: “Definitivamente, las críticas a tu exposición son desproporcionadas. Sigue firme”. A pesar de lo que establece la Constitución brasilera, según la cual en un proceso penal las figuras del acusador y el juez no pueden mezclarse, Moro se desmarca y demuestra claramente su posición contra el acusado.

Como observamos, el caso brasilero es emblemático por tratarse de un proceso penal de excepción que permitió el encarcelamiento de un ex presidente. Y decimos “de excepción” porque se trata de una prisión preventiva justificada sobre indicios como pruebas, es decir, sobre pruebas ilícitas. De esta forma, la causa Lava Jato se convirtió en una insignia de las guerras judiciales que emprendió el establishment regional contra las y los líderes populares latinoamericanos. Bajo el argumento de maniobras de corrupción durante sus gobiernos, las estrategias del poder son calcadas a la hora de condicionar políticamente a personalidades como Lula da Silva, Cristina Fernández de Kirchner o  Rafael Correa.

Retomando a Kafka en El Proceso: el Sr.K quedó paralizado ante la noticia de que estaba detenido y comenzó a preguntarse: “¿Qué clase de hombres eran aquellos? ¿De qué hablaban? ¿A qué servicio pertenecían? K…vivía, sin embargo, en un Estado constitucional. La paz reinaba en todas partes. Las leyes eran respetadas. ¿Quién se atrevía a arrojársele encima en su propia casa?”.

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