A 14 años de Cromañón:

UNA HERIDA DIFÍCIL DE CERRAR

Por Javier Tucci

Siempre me resultó difícil hablar sobre una de las mayores tragedias no naturales del país, que dejó un saldo de 194 víctimas. Esta no es la excepción, pero intentaré hacerlo desde el respeto que se merecen lxs familiares y, por sobre todas las cosas, por aquellxs que perdieron la vida en la madrugada del 30 de diciembre de 2004 en el local de Once.

Cuando ocurrió el hecho ni siquiera me encontraba en la ciudad de Buenos Aires. Aquel 30 de diciembre estaba volviendo de un viaje corto a Las Grutas que emprendimos días antes con un amigo. Esa mañana, muy temprano, encendimos una AM que ni recuerdo el dial, pero sí lo mal que se escuchaba. Al cabo de unos segundos, la onda volvió y de aquellos pequeños parlantes de la Fiat Fiorino que nos trasladaba, pudimos escuchar la voz de un periodista que informaba sobre una tragedia con varixs muertxs en un boliche de la Capital. Pero era tanta la interferencia, sumada a la escasa tecnología del momento (teníamos aquellos celulares chiquititos Nokia, el marcianito le decíamos), que en la primera estación de servicio que vimos al costado del camino, decidimos desayunar y tratar de enterarnos un poco más sobre lo sucedido.

Recuerdo que ni bien entramos a aquella E$$O totalmente perdida en el tiempo, del pequeño televisor que se encontraba arriba de una tarima rodeada de adornos navideños y santos, salieron proyectadas las imágenes más tristes e injustas que hasta el día de la fecha vuelven a mi cabeza en cada aniversario de la masacre. Imágenes que Crónica TV pasó una y otra vez durante días, cargadas de sus clásicas placas rojas que traslucían el terror de lo ocurrido la noche anterior. Fue tal el estupor y la congoja que nos invadió, que toda la pila que habíamos cargado en los días de playa se había ido por el inodoro de la vida… ¡Qué carajo íbamos a festejar, si se habían perdido 194 vidas! Todxs pendejxs que lo único que hicieron fue ir a disfrutar de un recital de su banda preferida. Teníamos 24 años por aquel entonces, la misma edad que la mayoría de lxs que murieron esa noche sofocadxs, calcinadxs, asfixiadxs o incluso aplastadxs en un antro que jamás tendría que haber estado habilitado.

Se han dicho muchísimas cosas sobre las distintas responsabilidades durante estos 14 años, pero si de algo estamos seguro es que a partir del 30 de diciembre de 2004 hay 194 vidas menos, familias destruidas y víctimas sobrevivientes que todavía viven bajo un calvario muy difícil de procesar.

Pero vayamos al punto de las responsabilidades…

La subjetividad por sobre cualquier justicia, nos da la posibilidad de opinar al respecto con el mayor de los cuidados. Es así como, desde el vamos, Chabán aparece como máximo responsable luego de haber criado al monstruo que gerenciaba, ajeno a los controles de máxima seguridad que requiere cualquier lugar de esa magnitud. Recordemos que Cromañón fue el reducto que finalmente terminó por comerse a aquellxs que sólo querían disfrutar de un show, pero durante 1985 y los primeros 2000, Cemento, otro lugar regenteado por Chabán, fue una especie de bomba de tiempo siempre a punto de explotar.

Pero lejos de saltarle al cuello y demonizar por deporte la figura de uno de los padrinos de la cultura rock de este país de los últimos 35 años, hay que apuntar también contra los hilos escabrosos que forman parte del funcionamiento del Estado. Y cuando nos referimos al Estado, hay que tener bien presente que hay tantos escalafones en el entramado estatal que resulta imposible enterarse de ciento de chanchuyos individuales que yacen por lo bajo, como las coimas que seguramente se pagaban para el total e impune funcionamiento de República de Cromañón.

No intento escribir sobre escrito, teniendo en cuenta que ha corrido mucha agua bajo el puente en este tema tan delicado en nuestra historia reciente. Y, a decir verdad, habrá quienes defiendan y culpen a unxs y a otrxs, pero de lo que sí debemos estar seguros es de que Callejeros estaba al tanto del ingreso de pirotecnia -como tantas bandas que se prendían a ese código identitario- y que esa noche también perdieron amigxs, familiares y que luego cumplieron condena, justa o no, pero condena al fin.

Después del dolor… el camino autogestivo y solidario

Durante todos estos años una gran camada de pseudo periodistas y opinólogos se han encargado de dar su veredicto, sin importarles el dolor de lxs sobrevivientes y de lxs familiares, un modo de ser que demuestra a las claras quiénes son realmente y a qué intereses editoriales responden. Al mismo tiempo, la tragedia de Cromañón posibilitó sembrar la semilla de la solidaridad entre lxs músicxs que, a partir de 2005, comenzaron a organizarse para construir lazos autogestivos. Recordemos que luego de Cromañón ningún, o casi ningún lugar, brindaba la posibilidad para que las bandas tocasen, y en los que sí se podía tocar, era en aquellos que tenían todo en regla, pero en los que debías desembolsar despampanantes sumas de dinero para poder brindar un show… situación más que hija de yuta. Fue así como, a falta de lugares donde no tener que pagar para dar a conocer tu arte, las bandas comenzaron a organizarse, en muchos casos tomando el modelo del proyecto de la Unión de Músicos Independientes (UMI). Por ende, surgieron decenas de organizaciones independientes de música, que no sólo buscaban tocar sin pagar, sino también implementar la manera de concientizar al ambiente musical sobre las responsabilidades que debe desarrollar el artista y el encargado del lugar donde se desarrolle, en este caso, un show artístico. Nos referimos a una serie de medidas de seguridad que deben ser exigidas tanto por el artista como por el lugar donde se realizará el acto artístico. Un aprendizaje que comenzó a mostrar sus frutos, primero en el andamiaje de esas silenciosas organizaciones que pusieron manos a la obra desde lo amateur, para luego formar parte y obtener libertad de acción a partir de la constitución del Instituto Nacional de la Música (INAMU), el ente formulador y regulador de los derechos, obligaciones y responsabilidades de los músicos y músicas a lo largo y ancho de la República, nacido al fragor de la ley de la música en 2012.

Bengala como signo de muerte, lucha como herramienta educativa y la estigmatización de los paladines mediáticos

Estamos más que de acuerdo con que la utilización de bengalas es un hecho de hijayutéz, y hay ejemplos de sobra, no sólo en nuestro país sino en el mundo entero. Tuvimos que asistir a una tragedia para darnos cuenta de que ya no da prender una bengala en un lugar cerrado o al aire libre, aunque en el fondo sea un código que nos une en identificación con una banda o un equipo de fútbol. Que quede bien en claro… ¡Si manipulás una bengala, estás manipulando un arma letal!

Por suerte, lxs pibxs sobrevivientes, amigxs y familiares de las víctimas todavía se juntan para concientizar sobre lo ocurrido aquella fatídica noche de fin de año de 2004. Como lo que sucederá esta tarde a partir de las 18hs. en el Parque Centenario, lugar al que asistirán ciento de personas que homenajearán a las víctimas bajo la consigna “Combatir es educar”. Tocarán Hugo Lobo, Peligrosos Inocentes Rock, El Mirador y Ojos Locos.

La tragedia deja varios capítulos sin saldar y mucho aun por debatir respecto a una tragedia que fue el corolario de una década de profunda crisis política y social… a Chabán lo recordaremos como el hombre que le abrió y le cerró la puerta al rock, otrxs escribirán en sus páginas que se trató de un loco asesino al que sólo le importaba meter más gente y lucrar con la devoción de lxs pibxs… Callejeros ya cumplió su condena y sus exintegrantes tienen el derecho de continuar escribiendo sus páginas en el arte, como así también llorar a sus víctimas.

Por último, esto va dedicado a los escribas y habladores que desde siempre se han dedicado a estigmatizar a esa tribu de la cual forman parte lxs seguidores de bandas como Callejeros, Los Gardelitos o Viejas Locas: Si viviste los ’90 y el primer lustro del nuevo siglo y te llenaste la boca culpando de asesinos a lxs pibxs que fueron a Cromañón con sus hijxs, no entendiste nada. Te estás olvidando de que la mayoría de lxs que se forjaron en épocas que dejaron vacíos incalculables, fueron víctimas de una artillería diseñada para sembrar locura y desigualdad.

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