G20 EN BUENOS AIRES: UNA CUMBRE DE ESPALDAS A LOS PUEBLOS

Por Miguela Varela

El G20, como todo espacio de discusión política, ha tenido sus altibajos. Su surgimiento está ligado a las 7 países más desarrollados del mundo que luego incorporaron miembros de economías emergentes, pero siempre en el marco de un espacio informal de coordinación ministerial. Fue la crisis del año 2008 la que cambió su carácter y el contenido de sus discusiones.

Como foro de debate político, el G20 está en disputa. De nada sirve condenarlo, sino disputar sus sentido como una herramienta más que nos propone el escenario global. Porque en definitiva no es más que eso, una herramienta.

Argentina y América Latina, deben participar planteando sus propias demandas e inquietudes y proponiendo soluciones acordes para sus pueblos. Entonces, lo que debemos analizar es cómo participan: si lo hacen cuestionando la estructura financiera y económica internacional o asintiendo sobre los postulados neoliberales que empujan las grandes potencias. Si lo utilizan como espacio de disputa de las políticas que afectan la producción, el trabajo, el medio ambiente, los derechos de les trabajadores y la igualdad de género. O si acatan propuestas que profundizan las desigualdades.

¿Qué es el G20?

Si bien los miembros del G20 representan el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población y el 75% del comercio internacional, su legitimidad no reside allí ya que de los casi 200 países que conforman el sistema internacional, sólo un 10% participa. Esta escasa representación también afecta a nuestra región ya que de los 33 países de América Latina y el Caribe, sólo Argentina, Brasil y México son miembros del G20. Ni hablar del continente africano que sólo cuenta con un representante: Sudáfrica. También forman parte diversos organismos internacionales tales como el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Esto también habla de su escasa legitimidad, ya que no se trata de organismos elegidos democráticamente por los pueblos.
Para paliar esta crisis permanente de legitimidad, el G20 ha desarrollado herramientas que pretenden acercar a la sociedad civil a las discusiones a través de los “grupos de afinidad”. Estos espacios plantean temáticas específicas y son convocados exclusivamente por empresas y ONGs cercanas al establishment local. Algunos ejemplos de los grupos de afinidad son el Bussiness-20, que abarca a lxs representantes de las principales empresas, el Civil-20 convocados por ONGs o el Women-20 que pretende acercarse a las demandas de las mujeres sin cuestionar el sistema político y económico como principal generador de las desigualdades de género. En este punto, cuando el W20 propone la incorporación de las mujeres al mercado laboral, no lo plantea desde una perspectiva de respeto de sus derechos, sino como un medio para aumentar la fuerza laboral precarizada.

El G20 ya no es lo que era

El G20 nació como un foro de coordinación ministerial orientado a discutir sobre temas financieros entre los 20 actores más importantes del mundo en términos políticos y económicos.  Pero el estallido de la última crisis económica y financiera internacional de 2008 trajo a los presidentes al centro de la escena. Si bien el G20 pretende distanciarse de los anacrónicos organismos surgidos del final de la 2° Guerra Mundial por tratar “una nueva agenda” y carecer de una estructura formal, su cariz cuestionador del sistema ya no es lo que era. Con la llegada de la crisis, el G20 planteó respuestas con recetas económicas keynesianas que impulsaron la demanda global y equilibraron el crecimiento en las economías avanzadas y emergentes. Sin embargo, las medidas no resultaron más que paliativos transitorios. Un gatopardismo que pretendió no transformar la estructura del capital financiero, sino apenas recomendar regulaciones.

Pero América Latina, en épocas de gobiernos progresistas, supo aprovechar este foro para mostrar posiciones políticas y sus respectivos cuestionamientos hacia los grandes poderes mundiales. Fue desde 2008 hasta 2016 que los líderes y lideresas latinoamericanes aunaron posiciones presentando una agenda conjunta que proponía desde políticas económicas contracíclicas para salir de la crisis, pasando por la condena a los organismos internacionales de crédito que no pudieron anticipar la catástrofe, hasta la denuncia de los “paraísos fiscales”.

Podemos recordar a Cristina Kirchner criticando duramente a las calificadoras de riesgo y reclamando la responsabilidad conjunta de los países desarrollados y los capitales financieros en la generación intencionada de la crisis de 2008, a tal punto que hasta llegó a proponer incluir cláusulas “antibuitre” en los contratos de emisión de bonos soberanos.

Hoy el escenario es diferente: la región no sólo no tiene una agenda conjunta sino que pretende confluir con los intereses de las grandes potencias. ¿Qué significa esto? Defender medidas relativas a la desregulación laboral, financiera, políticas de ajuste fiscal y contracción de la demanda.

Macri y una agenda alineada

El rol de Argentina es predecible: Macri recibe a lxs líderes mundiales en un momento complejo con una escasa imagen positiva entre lxs argentinxs y con indicadores económicos y sociales que asustan. En este escenario, intentará capitalizar el evento aunque las movilizaciones en contra de la Cumbre prometen empañar la velada.

Con una crisis económica y social inducida por el propio gobierno, amenazas de privatización y conflictos al interior de su alianza política, sumado a su falta de liderazgo regional, los resultados no parecen ser positivos. Sin embargo, como todo anfitrión nuestro país tuvo que asumir un rol proactivo y establecer los principales ejes a tratarse en la cumbre.

En primer lugar, el futuro del trabajo. Aquí es preciso indagar en la perspectiva neoliberal sobre el empleo que, básicamente, propone desregulación y precarización laboral. Desde la asunción de Macri observamos el fomento del “auto empleo” bajo figuras como emprendedorismo o la “economía colaborativa”, la estigmatización de las organizaciones sindicales, los masivos despidos públicos, entre otras medidas que implican reducir los “costos laborales”.

En segundo lugar, se postula el futuro alimentario sostenible. En este contexto, significa seguir profundizando la concentración de la producción, distribución y comercialización del sector agroalimentario global con uso intensivo de agrotóxicos. Las discusiones no pretenden incluir las voces de lxs pequeñxs productores y las economías regionales que están desapareciendo en Argentina y en el mundo. Así como tampoco los grupos de apoyo al G20 proponen medidas relativas a la cooperativización de lxs agricultores ni al impulso de la agreoecología como alternativas al modelo imperante. Tiene sentido si observamos con detenimiento a sus principales sponsors: Arcor, Mercado Libre, Unilever, Coca Cola, Sociedad Rural Argentina, Pepsico, Danone, Walmart, entre muchos otros.

En cuanto al tercer eje, la conectividad global o infraestructura para el desarrollo puede traducirse como megaproyectos al servicio del capital trasnacional y de las corporaciones extractivistas que lejos están de mejorar la movilidad, la sanidad y las condiciones de vida de lxs trabajadores.

La agenda real

Como mencionamos anteriormente, son 3 los ejes principales a debatirse. No obstante, las grandes potencias tienen sus propias prioridades que están lejos de las demandas de los pueblos. El contexto internacional actual es la “agenda real” que se extiende desde la disputa estratégica (y luego comercial, armamentística, tecnológica) entre Estados Unidos y China, pasando por el Acuerdo de París sobre Cambio Climático que quedó inconcluso en la cumbre anterior, la tensión entre Rusia y Donald Trump, hasta el conflicto Turquía -Arabia Saudita por el asesinato del periodista opositor Jamal Khashoggi.

Pero estos conflictos no son dilemas aislados, sino parte de un sistema mundial que se mueve entre el eje de una nueva potencia que emerge como China, y el declive del viejo hegemón norteamericano que pretende sobrevivir a su liderazgo. En el medio, una Europa acosada por el desempleo, las tensiones al interior de la Unión Europea y el surgimiento de nuevas derechas como resultado de una crisis de representación política. Este escenario de conflicto intrahegemónico dominará las preocupaciones ya que es explícita la ausencia de un contra discurso que acerque las demandas de los pueblos, lxs inmigrantes, lxs desocupadxs, las mujeres, las disidencias sexuales, lxs pequeños agricultores, ese 99% de la población mundial que todos los días intenta sostener sus derechos.

En este contexto y con $3000 millones de pesos asignados para la organización del evento, la gestión de Cambiemos pretende, como mínimo, salir hecha. La preocupación por la imagen que dejará Argentina después de la Cumbre se evalúa en términos de “tranquilidad para los mercados”. Lo que pocos se preguntan es si una cumbre que da la espalda a sus pueblos tranquilizará a sus ciudadanxs o agitará aún más las aguas.

 


 

ASAMBLEA NO AL G20: “EL G20 SIRVE COMO EXCUSA PARA DESPRESTIGIAR A LAS ORGANIZACIONES SOCIALES Y SINDICALES O A TODO AQUEL QUE CUESTIONE AL GOBIERNO”

En el marco de la llegada de la Cumbre del G20 a Buenos Aires, no todos son eventos protocolares y conferencias de prensa. Diversas organizaciones sociales, políticas y sindicales se están organizando para expresar su repudio a esta Cumbre en lo que dieron en llamar “Semana de Acción contra el G20” organizado por un espacio de articulación novedoso: Asamblea No al G20. Revista PPV dialogó con uno de sus miembros, Agustín Buzio del Movimiento Emancipador, quién nos explicó cómo se formaron, cuáles son las actividades programadas y cómo afectará la Cumbre a la ciudadanía argentina.

¿Qué es y quiénes forman parte de la “Asamblea No al G20”?

Originalmente comenzamos a reunirnos el verano pasado, en febrero de 2018. Somos un conjunto de organizaciones que veníamos articulando en las manifestaciones en contra de la Organización Mundial del Comercio (OMC) aquí en Buenos Aires. Este año nos pusimos como nombre Asamblea No al G20 y agrupamos distintos espacios tales como la CTA, ATTAC, Movimiento Emancipador, Democracia Socialista, Foro Feminista, Movimiento Popular La Dignidad, entre otras. Luego, y ante la inminencia de la Cumbre presidencial, se han ido sumando muchos más como las agrupaciones que componen el Frente de Izquierda, la CTEP, el MST, gremios como ATE, APOPS y los Ex Combatientes de Malvinas. En el marco de esta unidad estamos realizando un llamamiento a la movilización para este viernes 30 de noviembre a las 15 hs en 9 de Julio y Av. San Juan.

¿Qué rol pretenden asumir durante la Cumbre de Buenos Aires?

Venimos cumpliendo un rol articulador, a partir de las actividades que estamos organizando. De alguna manera a partir de nuestra convocatoria a una semana de acción y movilización contra el G20, se logró unificar desde allí para llegar a distintos acuerdos. Por ejemplo, este martes a las 17 hs lanzaremos la plataforma  “América Latina mejor sin Tratado de Libre Comercio” donde habrá intervenciones artísticas y callejeras. Además, lanzaremos la campaña que organiza el Foro Feminista “Nuestro cuerpo, nuestro territorio”. Culminamos el miércoles y el jueves con la Cumbre de los Pueblos con diversos foros temáticos en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, y con la instalación de carpas frente al Congreso de la Nación llevando un festival de música. Son todas actividades libres y gratuitas.

Desde su espacio denunciaron una campaña intimidatoria por parte del gobierno hacia las agrupaciones que pretenden manifestarse en contra de la Cumbre. ¿Creés que es un procedimiento similar al de todas las cumbres o se trata de una estrategia propia del gobierno argentino?

Creo que en esa campaña intimidatoria hay un poco de manual internacional y bastante del manual local. No podemos ser ingenuos frente al hecho de que hace dos meses se dejaron ver los marines yanquis en pleno centro porteño. El gobierno argentino siempre trabajó en tándem con los servicios extranjeros. También es de público conocimiento que a la policía argentina la mandan a entrenarse a Israel con sus fuerzas armadas, y ya han aplicado sus tácticas, por ejemplo, con los manteros senegaleses.

El G20 al igual que la OMC les sirve como excusa para desprestigiar a las organizaciones sociales y sindicales, o a todo aquel que cuestione al gobierno. Y acá aparece el manual local porque el ajuste no cierra sin represión. Esto no es una parábola, es Milton Friedman puro, es la Escuela de Chicago. Esta es la lógica con la que se maneja el neoliberalismo, no creo que sea casual que hayan comenzado los acuerdos con el FMI en medio de la organización del G20, con todo su despliegue militar, corporativo y represivo. La escalada represiva aumenta con la llegada del G20: desde la represión bajo tierra a lxs trabajadores del subte hasta el asesinato de los militantes de La Matanza y de Mendoza, justamente en el marco de la llegada de los presidentes y los organismos financieros a la Cumbre.

¿Cómo crees que afectarán a lxs ciudadanxs las decisiones que se tomarán en la Cumbre?

Si bien esta es la Cumbre presidencial, ya hubieron más de 60 foros específicos durante todo este año donde se avanzaron en diferentes temas. Pero lo que significa el G20 para Argentina son los $3000 millones que se gastaron en su organización, en medio de un ajuste como el que estamos viviendo. Esta cantidad de dinero es el presupuesto de nuestra Universidad pública. También significa la liberalización de las políticas laborales, o sea, un impacto concreto en lxs trabajadores y en su precarización. A su vez, podemos mencionar los convenios por Vaca Muerta, el intento hasta ahora frustrado de la Reforma Laboral, que es parte del acuerdo que firmó el gobierno con el FMI, organismo que es parte del G20. Además, los miembros de la Cumbre son los responsables del 75% de las emisiones de gases de efectos invernaderos que afectan a nuestro planeta. Estas son políticas que forman parte del G20.

Para más información: www.noalg20.org

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