Las Mujeres en la Política – Entrevista a Elizabeth Gómez Alcorta

UNIDAD: “EL MOMENTO HISTÓRICO NOS OBLIGA A
CONSTRUIR MÁS ALLÁ DEL NOSOTRXS MISMOS”

Por María Quintero
Caricatura Ivana Chiarelli
PH Daniel Bello

Era el 14 de noviembre de 2018, zigzagueaba entre las calles aledañas al Congreso para esquivar las vallas, y lograr llegar al encuentro de Elizabeth. Sobre la calle Rivadavia, una señora le pedía por favor a un policía de la Ciudad que la dejara pasar por el medio del vallado para llegar a su destino. NO PUEDE PASAR POR ACÁ, le gritaba el policía escudado en sus lentes oscuros y condenaba a la mujer a caminar varias cuadras a la redonda bajo un sol que ratificaba los más de 30 grados de calor.
Durante la charla que se traduce en esta entrevista, la simbología de las vallas separatistas entre las políticas del gobierno y el pueblo, quedaron más que claras.

Ese día, en el que se aprobaba en el Senado el presupuesto 2019 que condena al país a la profundización de la crisis, también estaba Elizabeth Gómez Alcorta, llena de esperanza, militando y pensando en la unidad, en el feminismo como una herramienta política contundente, en la construcción política en el Frente Patria Grande y rememorando sus comienzos en la militancia.

¿Cómo fueron tus inicios en la militancia y en la política?

En realidad, milite toda mi vida, desde que soy adolescente. Lo que fui cambiando fueron los ámbitos de la militancia. Estuve durante muchísimo tiempo muy marcada, como toda una generación, por los ’90 y por una militancia muy social, muy barrial. Desde el descreimiento absoluto de las estructuras políticas tradicionales o electorales, con el fanatismo del zapatismo, de que la revolución se hace en la casa, en el barrio: Bueno, de tomar el poder sin tomar el poder.  Y después, durante casi todo el kirchnerismo, mi militancia fue una militancia más ligada a mi profesión, tanto en derechos humanos con la representación de víctimas del Terrorismo de Estado y como con lo que terminó siendo la creación del MPP, que es el Movimiento de Profesionales para los Pueblos. Pensábamos, con muchxs otrxs compañerxs, que nuestra militancia tenía ser una militancia profesional, de poner nuestro laburo al servicio de las causas más vulnerables.

Siempre me consideré de izquierda. De hecho, nunca voté ni a Néstor ni a Cristina. El otro día me decían que lo tenía que decir, porque la única elección que gané en mi vida fue cuando voté a Nicolás del Caño para sacar a Altamira, esa es la única elección que gané en 46 años que voy a cumplir (risas). Nunca se lo dije a Nicolás, se lo tendría que decir.
Lo que sí me sucedió es que yo ya venía teniendo muchos amigos con los que militaba profesionalmente que tenían militancia orgánica dentro de lo que era Patria Grande, y yo venía colaborando, pero no había tomado la decisión de tener una militancia más orgánica. Y cuando se pierden las elecciones de 2015 y Patria Grande toma una posición respecto del balotaje de salir a militar a Scioli… o sea, un partido de izquierda diciendo no nos da lo mismo, a mí me agarra una cosa como si fuera hasta algo místico: esto no puede suceder, de ninguna forma puede suceder que gane Macri.
Es decir, yo no voté ni a Néstor ni a Cristina, pero hice campaña a Scioli… Son esas cosas de la vida, ¿no?

Todo eso me lleva a darme cuenta de que había llegado un momento en el que no alcazaba con otras militancias y que había que dar ese salto. Entonces, lo hice en el lugar que yo ya venía acompañando, donde me consideraba y me siento más acogida, en términos de coherencia, de consciencias políticas, de la forma de hacer política, y creo que, de ahí en adelante, lo que sucedió era lo que tenía que suceder.

En todo este proceso, ¿cómo te atravesó el feminismo en general y esta etapa que hoy llamamos la cuarta ola feminista?

Me atravesó completa y absolutamente. En principio, inclusive, en el hecho de poder uno asumirme feminista, yo creo que fui feminista toda la vida.
Tuve una madre como muy bisagra en esto de ir entendiendo las postas. Sobre todo, las postas de las mujeres, de las luchas, pero también, una madre que pasó de vivir con sus padres a vivir con su marido, pero que toda la vida alentaba a sus dos hijas mujeres a hacer todo lo que ella no había hecho.

Mis viejos eran radicales, militantes de toda la vida, militantes de base.
Así que, en mi casa, la participación política estuvo presente siempre, fui a actos desde muy chiquita, fui al cierre de campaña Alfonsín, en el ’83. Y yo me enojaba mucho de chica, todavía sin poder entender la lógica de lo que era la discriminación positiva, y no entendía por qué había espacios exclusivos para mujeres, por qué había un congreso solo de mujeres, en el partido de mis viejos o en cualquier lugar. Y me parece que cuando uno va creciendo, va entendiendo en carne propia las injusticias, las desigualdades.

Y, sin lugar a duda, la maternidad es lo que me terminó de atravesar para poder entender esas injusticias, creo que ahí hubo un antes y un después, que es previo a la 4ta ola feminista. Digo, para mí la pelea por el aborto estuvo muy presente en mi vida, en mi historia personal, en mi historia familiar: mi vieja era muy proaborto, nos enseñó a mi hermana y a mí, que era un derecho. En mi casa de eso se hablaba, el pañuelo no entró en mi vida ahora, de hecho, tengo fotos y fotos con el pañuelo. Pero, lo que sí me pasó ahora, más en términos emocionales, y que me dejó maravillada, es esto de entender y de ver a las pibas. Yo milito, por ejemplo, con Ofelia, y lo que siento por Ofelia es emoción, es algo que no puedo ni siquiera racionalizar.  El día de la marcha del 8 M de este año, viajaba en el subte a Plaza de Mayo y había unas pibas de secundaria que tenían como un libreto preparado y lo iban recitando en cada uno de los vagones… Y me puse a llorar, eran pibitas de 13 o 14 años.

En ese sentido me atravesó, me atravesó lo emocional, me atravesó el cuerpo.
Yo milito con pibas todas mucho más jóvenes y, el día que perdimos en el senado,  ellas estaba todas muy mal, y yo tenía una alegría inmensa.
Yo no podía pensarlo como una derrota, para mí no había ninguna forma de entender  el proceso que habíamos vivido, pero en ningún sentido, en clave de derrota.
Yo ahí veía esto del cambio generacional, para mí ya lo ganamos, nunca más es clandestino el aborto, no hay forma de que ahora vuelvan a poner a las pibas, a las mujeres debajo de las baldosas. Es cierto que nosotros vivimos en una gran ciudad, pero el pañuelo verde es una gran bandera política, es un símbolo político que está en todos lados, todo el tiempo, esas conquistas son irreversibles.

Y, en términos más políticos, pude quizás linkear, confluir marcos de demandas y marcos teóricos con el feminismo para todos los conflictos, que antes quizás estaban más compartimentados. Entonces, quizás, uno hablaba de asuntos indígenas, derechos humanos, violencia institucional, derechos sociales, humanos y culturales… y ahora, es como si a todo eso se le hubiera puesto un lente verde. Entonces, por ejemplo, yo la defiendo a Moira Millán, una lideresa de las más brillantes que tenemos en Latinoamérica, y ya no lo puedo hacer sin el lente de género. La defiendo a Milagro, más allá de que Milagro es una perseguida política, vinculada a cuestiones sociales, políticas y a su lucha, pero ya no tengo ninguna forma de hacerlo sin el lente de género.

¿Milagro se transformó en un símbolo no solo de persecución política sino en una víctima de la persecución del patriarcado?

Absolutamente. El caso de Milagro, y también podría poner el de Moira, pero el de Milagro es tan evidente… porque la sociedad jujeña es una sociedad con rasgos muy feudales. Entonces, la particularidad que tiene es que quien haya desafiado al poder económico, político, empresarial, al poder verdadero, que es Pedro Blaquier, sea una mina, una mina india, pobre, que se hizo y se construyó desde abajo, es imperdonable. Pero es imperdonable en un sentido sustantivo, que no es nada más simbólico: hay que volver a poner a la mujer en su lugar.

Hoy leía un link sobre el próximo casamiento de Gerardo Morales con Tulia Snopek, y había un video de Snopek – una rubia, linda, escribana, de la alta sociedad, que usa tacos-  que le habían hecho sobre notas de revistas del corazón, y una de esas notas era una revista de maquillaje, entonces, le habían hecho en un set, la habían grabado. Lo que ellos exhiben de Tulia es a ella pintándola, arreglándole el pelo, vestida de blanco, al aire libre, con tacos, en una posición angelical. Y esa es la representación simbólica de las mujeres en Jujuy, una mujer blanca, rubia, que acompaña a su marido, en un lugar de objeto decorativo. Todo, absolutamente TODO, lo que Milagro no fue ni va a ser en su vida.
Entonces, ahí es donde se juega una tensión simbólica impresionante, y Milagro encarna esa tensión, como no la puede encarnar ninguna otra mujer, porque no hay otra mujer, tan potente, tan salvaje, tan irreverente, tan subvertora de todos los órdenes. Y eso es lo que es lo que para mi tiene de maravillosa. Ella como política, ella como amiga, ella como madre. Ella.

¿Sentís que hubo un cambio dentro de la política respecto al rol de las mujeres, una traducción del empoderamiento de estos tiempos de las mujeres?

Yo creo que se está dando, pero muy lentamente.
Cuando ves los espacios de la toma de posición, de la toma de poder, ni hablemos de quienes gobiernan porque en las fotos de las reuniones de gabinete hay solo 2 mujeres, cuando ves los lugares de toma de poder en la CGT, donde casi no hay mujeres, a veces está Vanesa Siley, cuando ves la mesa en la que hasta hace poco, que ahora ya no es así, supuestamente se sienta la oposición racional, son 4 tipos, cuando ves los lugares de toma de decisiones de los movimientos sociales, tampoco hay mujeres ahí.  Hay que mirar las fotos de los lugares donde se toman decisiones, porque la política no solo transcurre en los partidos políticos. Cuando vos te fijas en los puestos de toma de decisiones de los sindicatos, estamos subrepresentadas a pesar de que somos más del 50% de la mano de obra de trabajo. En la toma de decisiones del poder empresariales, en los medios de comunicación, la industria…

Yo creo nos falta muchísimo.  Pero no tengo dudas, porque esto es un proceso, de que muchísimas compañeras de distintos espacios, que son una generación que rondan los 40, desde Myriam Bregman, Mónica Macha, Mayra Mendoza, Vanesa Siley, Brenda Austin son dirigentes muy potentes, son cuadros. Y obviamente, también Cristina, de eso no hay ninguna duda.

Creo que el verdadero aporte nuestro es pensar la política desde otro lugar, es hacer política de otra forma, si nosotras nos sumamos a los espacios para hacer política desde el mismo lugar, con los mismos ejes de poder, que son claramente patriarcales, la cagamos.
Nosotras tenemos que venir con nuestra propia impronta, con nuestros nuevos modos, porque tejemos vínculos de otra forma, ponemos en eje en otros temas, centralmente en la vida. Por eso podemos hablar, cuando se trata de nuestros cuerpos, y salir a tejer alianzas, como pasó con el caso de Lospennato. Nadie va a pensar que Lospennato va a pasar a ser una aliada nuestra, ahora, nosotras no tenemos ninguna duda de que podemos tejer alianzas con ciertos sectores para determinados temas, ciertamente aquellos temas que tienen que ver con nuestras vidas, con nuestros cuerpos, con nuestros territorios.

La verdad, si una lo piensa en términos temporales, hasta hace 70 años no votábamos, y entonces, sí, efectivamente el avance es enorme; pero, sin embargo, estamos a años luz de estar efectivamente en los lugares de toma de la gran política.

Hablabas recién de estas otras formas y ejes de hacer política que tenemos las mujeres, ¿cómo se articula eso en el nuevo espacio Frente Patria Grande?

Justo retomé la lectura de algunas clases que daba Rita Segato, porque tengo que dar unas charlas, y ella decía que el peor error que podía cometer el feminismo era guetificarse. Era convertirse en un gueto.
Nosotras pensamos que, como somos feministas, tenemos que hacer exclusivamente política entre feminista y soñar con, como decía Gioconda Belli, el país gobernado por las mujeres. Bueno, eso es lo peor que nos puede hacer.

¿Por qué? Porque no hay feminismo si no lo bancas en un momento histórico, en una realidad política, si no te convertirse exclusivamente en un feminismo de elite. Nosotras partimos de un feminismo popular, y eso implica necesariamente trabajar con la realidad.
Situarse hoy, en este momento político en Argentina y en este contexto político de la realidad de la región, en el avance de ciertas derechas neofascistas que vienen por todo, y que no vienen solo para volver  a recluirnos a nosotras, vienen por todo.
Hay que mirar Brasil, hay que mirar los discursos de Estados Unidos, hay que mirar eso para entender que lo que está en juego no es que nos quieran volver a recluir en un lugar del que nosotras ya salimos, sino que tiene que ver con que vienen por absolutamente todos los derechos.

¿Cómo se articula ese vínculo y nuevas categorías de hacer política de las mujeres en un espacio en el que confluye un referente y militante como Juan Grabois con referentes feministas y militantes del aborto, legal, seguro y gratuito?

Va más allá de la referencia de Juan y su posición respecto al aborto. En términos personales, en su momento, se lo dije a Juan: yo no tengo problemas de estar con Juan y con otro montón, porque también hay que correr esa centralidad que se le pone a Juan. Entonces, estoy con otras compañeras de los barrios, que son del MTE y que, efectivamente, muchas no están a favor de la legalización del aborto, y yo no solamente las voy a escuchar, sino que, además, creo que eso nunca me puede impedir a mi construir política con ellas, sino sería de un nivel de sectarismos inédito. Creo que confluimos en ciertas miradas y eso nos permite construir y también escuchar las diferencias que vamos a tener.
Centralmente cuando uno arma un frente, arma un frente en la unidad y uno une lo distinto, lo diverso, sino milito exclusivamente con mi espacio político y así vamos a poder seguir escuchándonos y autocomplacernos con lo que dice el compañero o la compañera que tengo al lado y con el que casi no tengo diferencias. Bueno, lo cierto es que este momento histórico de la Argentina nos obliga, en términos de responsabilidad histórica, a pensar más allá del nosotros mismos.
Vamos a terminar, seguramente, si todo sale bien, teniendo el año que viene una unidad con gente con la que realmente vamos a tener diferencias.

Entonces, yo entiendo la centralidad que se le da a Juan, porque Juan es polémico, porque le gusta polemizar, porque tiene un vínculo con la Iglesia efectivamente muy fuerte. Ahora, ¿podemos convivir con eso personas que somos anticlericales, que creemos en la separación de la Iglesia del Estado y que trabajamos diariamente para hacer retroceder a la Iglesia Católica, conservadora y a las otras iglesias evangélicas – porque entendemos que atentan contra los derechos y el goce de las mujeres y de las disidencias sexuales-? Bueno, sí, lo podemos hacer perfectamente. ¿Por qué?
Porque nosotros no hicimos una alianza con la Iglesia, a pesar de que es el modo en que se lo quiera presentar.
El MTE no es la Iglesia Católica, en el MTE hay una cantidad de compañerxs, también diversos, que sí tienen una representación muy clara de una pata muy importante que es la de la economía popular.
De la misma forma, también muchas compañeras acompañamos el Frente, como Checha Merchán, Diana Broggi, a Victoria Freire, a Luli Sánchez, Ofelia, Mafalda Sánchez, Martha Linares, cuadrazos del feminismo, ¡Cuadrazos!
Ahora, nosotras no somos el feminismo. Es tan errado una cosa como suponer la otra.

En ese mismo espacio político, que es el Frente Patria Grande, confluyen ciertos referentes o ciertas referencias de espacios que tienen un peso importantísimo hoy en la política y que, hasta hoy, no tenían representación política, esto es así. El sindicalismo sí tiene representación política, el empresariado claro que la tiene, hoy más que nunca, el campo, claro que tiene representación política. La economía popular y el feminismo, hasta ahora no tenían representación política, nosotrxs no somos la totalidad de la representación política de esos sectores, pero somos una referencia de esos espacios.

Entonces, yo no encuentro contradicción.
Puedo entender que, para algunas compañeras, que vienen militando en el feminismo hace un montón, haya algunas contradicciones y que les cueste sobrellevarlo más. Yo, en términos personales, no encuentro ni una, ninguna eh, y no porque niego las diferencias, de hecho, escribí una nota sobre Juan Grabois en el cohete a la Luna que habla de todas las diferencias y las enuncio, las escribo, las presento para decir: a mí, esto no me obstruye en nada la posibilidad una construcción política.

Hablabas del contexto, del avance del neofascismo, y remarcabas que no sólo venían por los derechos de las mujeres, sino por todo. ¿Crees que el crecimiento del feminismo y el empoderamiento de la mujer ha influido en el despertar de este monstruo neofascista que avanza?

No creo que el surgimiento de las derechas neofascistas sea una contracara o un movimiento que surge para tapar al feminismo. Creo que tiene que ver mucho más con una crisis de representatividad de las democracias, que tiene que ver con algunos errores que se cometieron en el ciclo progresista de principios del siglo 21, con ciertas demandas que quedaron inconclusas y que permiten que emerjan aquellos que se presentan como la antipolítica. Porque Trump, Bolsonaro y, en algún sentido, Macri, a pesar de que vienen de las entrañas de la política, el discurso con el que se presentan es “nosotros somos gente joven, la nueva derecha, no respondemos a las lógicas de la política”. Creo que es más una respuesta a la antipolítica que una respuesta al movimiento de las mujeres.

Además, en cada lugar tiene una particularidad. Hay habilitaciones en cada una de las sociedades que permiten esos emergentes.  En Estados Unidos se ha apelado a ese nacionalismo recalcitrante que tienen los gringos. Creo que en Argentina es imposible el emergente de un tipo como Bolsonaro, que es un militar que lleva como su segundo a quienes han reivindicado el terrorismo de Estado, que cuando era diputado y se llevó adelante el impeachment de Dilma, reivindicó al genocida, torturador de la propia Dilma.

Acá, a pesar de la posición claramente ideológica que tiene el macrismo – el Pro y no el radicalismo, por eso no digo Cambiemos- respecto a los “pobres viejitos” genocidas, que van a la Comisión Interamericana y la pelean para que se los escuche, y meten a Carlos Rosenkrantz…. A pesar de todo, todos esos no pueden salir a decir en nuestra sociedad, porque ya no hay espacio, “reivindico la tortura”, “reivindico la dictadura”.

A Macri no se le sale del lenguaje la palabra terrorismo de Estado, la dictadura cívico militar no existe, habla de violencia política, y tiene todas las limitaciones propias de alguien que está ideológicamente parado en las antípodas de una persona que reivindica las banderas de Memoria, Verdad y Justicia. No casualmente los genocidas festejaron el domingo de las elecciones del balotaje en 2015, en los pabellones de lesa humanidad de Marcos Paz y Ezeiza. Ahora, hay ciertas cosas que en nuestra sociedad no hay lugar.
No hay habilitación para eso.

¿Cómo ves el escenario para 2019?

Es muy difícil pensar escenarios a futuros, inclusive inmediatos. Creo que estamos en un escenario político absolutamente cambiante y ahora no sabemos con qué escenario nos vamos a encontrar económica, social y políticamente.
No sabemos si la van a querer presa a Cristina o no, no sabemos si van a terminar su mandato o no, y esto sin ningún ánimo destituyente ni mucho menos, sino como dato de la realidad, estamos en Argentina, tenemos 35 años de democracia, muy pocos gobiernos han terminado su mandato en tiempo y forma. Y la verdad es hoy vivimos en una realidad social que está en una ebullición tremenda.

Entonces, no sé cuál va a ser el escenario. Te puedo decir cuál me gustaría que sea, que eso es lo puedo decir con certeza, porque es el que yo creo que deberíamos poder construir. Creo que sin lugar a dudas lo único que tenemos todos aquellos que trabajamos, dedicamos una parte de nuestras vidas a la militancia política es hacer todo lo que haya que hacer para el macrismo no vuelva a ganar, porque lo que hay que imaginarse es el país en este camino por 5 años más.
Y cualquiera que es laburante, mediano o pequeño empresario, estudiante de la educación pública, si hace el ejercicio sincero y genuino de imaginar 5 años más de vivir como hemos vivido estos últimos 3 años, sabe que no puede volver a ganar Macri.

Debemos hacer ese ejercicio que tiene que ver con tener los pies en la tierra, en el barro, y que te indica que hay que hacer todo, y todo es todo. ¿Es un momento de incomodidad política? Sí viejo, sí vieja, es un momento de incomodidad política. ¿Vamos a tener que comer sapos? Sí, nos vamos a tener que comer sapos. Porque el costo no es solamente a título personal, nosotros ya vivimos los ’90, ya sabemos dónde termina esto y cuánto cuesta reconstruir cada pérdida. Y el costo hay que pensarlo en términos de generaciones completas.

Hay que pensar en los modos de ganarle al macrismo el año que viene. Y yo creo que eso no se logra con el Campo Nacional y Popular fragmentado. Y yo soy una persona de izquierda independiente, de izquierda popular, no soy una representante del PJ y digo esto de “no se están peleando, se están reproduciendo”, como decía Perón, y no me gustan las estructuras tradicionales, me parecen políticas, en muchos casos, nefastas. Pero yo, ahora, lo que tengo claro es que hay que conseguir que, en diciembre de 2019, Macri deje la casa de gobierno, Vidal deje la Provincia de Buenos Aires y Rodríguez Larreta, después de 12 años de gobierno del macrismo, deje en la ciudad de Buenos Aires.

Entonces, lo que hay que hacer es eso. Y hay que dejar de hinchar con los personalismos, con me gusta, no me gusta, me dijo una vez, no me dijo alguna vez. Creo que lo que tenemos por delante es una responsabilidad histórica.

Espero que estemos a la altura de las circunstancias.

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