Elecciones en Brasil

FIN DE LA DISTOPÍA: BOLSONARO PRESIDENTE

Por Miguela Varela

Como en un capítulo de Black Mirror o del Cuento de la Criada, llegó el día en que la distopía se hizo realidad: un fascista, homofóbico, misógino y xenófobo se convirtió en el nuevo presidente de Brasil. Un candidato que no ocultó su perfil violento, sino que lo exacerbó tratando de convertirse en un outsider de la política a pesar de haber sido 30 años diputado y parte de la elite brasilera. Con una minuciosa construcción de un personaje anti establishment que cuestiona la corrección política, la corrupción, la inseguridad y el populismo, Bolsonaro no paró de crecer aún en los sectores menos pensados.

Desde el bunker de su casa y a través de Facebook Live agradeció a sus votantes y aseguró que gobernará de la mano de dios y de la Constitución. Además, fiel a su estilo, no pretendió dar un mensaje que incluya a todo el electorado sino que aseguró que fue elegido para disciplinar comunistas, socialistas y populistas. Como aseguró el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, un claro mensaje de “verdad y paz” (?).

Por su parte, Fernando Haddad, también transmitió su agradecimiento y llamó a la unidad y a la resistencia para los tiempos que se avecinan.

La virada no alcanzó

Si bien Haddad había logrado avanzar algunos números de cara al ballotage, no alcanzó: con el 55,1% de los votos Bolsonaro se impuso frente al 44,9% del candidato del Partido de los Trabajadores (PT). Haddad logró algunos acercamientos con representantes de diferentes cultos religiosos y sumó apoyos de más de 350 economistas brasileñxs y extranjerxs a través del “Manifiesto de los economistas por la democracia brasileña”, según el cual Fernando Haddad era la mejor alternativa para garantizar los valores democráticos de paz, libertad y pluralidad. A su vez, el endurecimiento del discurso del PT y sus denuncias sobre las fake news le consolidaron aún más apoyos, sumado a la campaña “A virada” (el cambio) que apuntó a lxs indecisxs, dándole mayor protagonismo que en la primera vuelta.

El mundo mira a Bolsonaro

Los primeros en festejar su triunfo fueron el arco conservador de América Latina: Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Mario Abdo Benitez, Martín Vizcarra y Luis Almagro. Los protagonistas del “Grupo de Lima”, consenso de derecha que nombró como principal enemigo el gobierno de Nicolás Maduro, ya consolida sus vínculos con Bolsonaro.

Estas relaciones van en sintonía con los esbozos de política exterior que dejó entrever el nuevo presidente: iniciativas ausentes sobre integración regional y acercamiento de posiciones con la derecha internacional, con iniciativas tales como trasladar la representación diplomática brasilera de Tel Aviv a Jerusalén, en consonancia con la decisión de Donald Trump.

¿57 millones de fachos?

Es difícil analizar a lxs votantes de Bolsonaro suponiendo que todxs están de acuerdo exclusivamente con su discurso fascista. Desde que apareció en escena, no hemos dejado de escuchar: “¿Cómo puede un negro votar a Bolsonaro?”  “¿Cómo pueden las mujeres votar a Bolsonaro?” “¿Cómo pueden les pobres votar a Bolsonaro?”. Sin embargo, muchxs de sus simpatizantes expresaron una elección de rechazo a la clase política en general, y al PT en particular. Lo mismo puede decirse a la inversa: los 47 millones de votos que obtuvo Haddad no son íntegramente votos de izquierda, sino que expresan un voto de rechazo/miedo a Bolsonaro. Ambos votos fueron “en contra de”.

¿Como seguir? Es la nueva pregunta. La resistencia del #EleNao deberá construirse en algo superador, en un frente que de respuestas efectivas a la sociedad y que sepa construir algo verdaderamente nuevo. Nuevo en cuanto a no repetir los discursos y propuestas del pasado basados en conceptos abstractos. Construir desde las bases, crear organización, salir del closet del marketing político y abandonar los favores al establishment. Tal vez, esa sea la respuesta que espera el pueblo brasilero.

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