ATENTADO CONTRA MADURO: EL ROL DE COLOMBIA EN LA REGIÓN

Por Miguela Varela

Una vez más, Maduro resiste la embestida opositora. Esta vez no se enfrentó a la violencia local sino, según denunció, a las fuerzas internacionales que conspiran para derrocar al gobierno. Los principales señalados son el gobierno colombiano dirigido por Juan Manuel Santos y lxs opositores radicadxs en Miami, todxs bajo el mando norteamericano.

Si bien muchos tildaban al venezolano de “fabulador compulsivo”, todos sus presagios se cumplieron: no sólo quieren derrocar a su gobierno sino que además, quieren eliminar al líder carismático que lo conduce. Ya no bastan la guerra económica, los candidatos electorales fallidos, la embestida mediática ni la violencia en las calles de Caracas. Llegó la hora de activar una de las últimas instancias del plan desestabilizador: matar a Maduro. Una especie de remake de lo que fue la persecución a Fidel Castro, cuando el cubano representaba un oasis de izquierda en el desierto neoliberal. Hoy, ese lugar lo ocupa Maduro que, junto a Evo Morales, es de lo poco que queda en pié de la década ganada latinoamericana.

El factor militar

Por otro lado, la mano de obra local que ejecutó el atentado tiene como propósito dividir al bloque militar consolidado bajo el mando de Maduro. Sin embargo, la Fuerza Armada salió a condenar el atentado y a renovar su lealtad al gobierno a través del Ministro de Defensa: “Permanecemos incólumes y aferrados a las convicciones que nos caracterizan, apoyando de manera incondicional y con irrestricta lealtad a nuestro comandante en jefe”. De todas formas, Maduro sabe que no tendrá otra opción que resistir estos ataques, que no será el primero, con una sola arma: la confianza del pueblo. Será la voluntad popular la que definirá el futuro de Venezuela, ya sea sosteniendo en Maduro o ya sea sublevandose en las calles por un cambio de rumbo. Hasta ahora, la primera opción prima. Y mucho más después de confirmar las “fábulas” oficialistas sobre la trama golpista.

¿Por qué Colombia?

Si bien el gobierno de Santos tildó de absurda la acusación de formar parte de la autoría del atentado, hay razones para desconfiar. Desde hace algunas décadas, Colombia se convirtió en el mejor alumno de Estados Unidos. Así como Chile fue el ejemplo de las políticas militares de la década del 70, Colombia fue el paladín de la “lucha contra el narcotráfico” financiada con dinero norteamericano. El Plan Colombia, lanzado en el año 2000, ejemplifica esta alianza de más de 6 mil millones de dólares que no solo no logró reducir el narcotráfico, sino que además generó aún más violencia. Colombia es hoy una base militar de operaciones y un modelo económico neoliberal que muestra a la perfección la antítesis de lo que propone el PSUV en Venezuela.

Pero las tensiones entre Colombia y Venezuela no son nuevas. Comenzaron allí por la asunción de Hugo Chávez y de Álvaro Uribe en 2002, como dos caras opuestas de la política regional. El conflicto adquirió mayores dimensiones con la firma del acuerdo militar entre Estados Unidos y Colombia en el año 2009 y se profundizó en el año 2010 cuando Uribe acusó a Chávez de encubrir a miembros de las FARC y el ENL.

Considerando este historial, apenas unos días antes del atentado, el pronto ex presidente de Colombia declaró: “Veo cerca la caída del gobierno de Nicolás Maduro” y continuó “Ojalá Maduro caiga de forma pacífica”. El futuro tampoco es demasiado prometedor con el próximo presidente colombiano, el uribista Iván Duque. Fue él quien ya mantuvo reuniones con funcionarios de alto nivel del gobierno de Trump para “analizar la situación de Venezuela”, o lo que es lo mismo, cómo articular la intervención del gobierno de Maduro. Ya lo declaró Thomas Shannon, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos del gobierno de Trump: “La nación norteamericana es el mejor amigo y aliado de Colombia”. No son casuales estas declaraciones meses antes del atentado, halagando al país que aloja siete bases militares norteamericanas. Por su parte, Duque invitó personalmente al vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, a su asunción del día de hoy no sólo como un sello a la alianza estratégica que renueva este nuevo mandato sino como una señal del lugar que ocupa Colombia en la región.

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