OPERACIÓN LULA

Por Miguela Varela

Mientras la justicia brasilera cruje por todos lados, el domingo un juez se atrevió a librar un Habeas Corpus para la liberación de Lula. Instantáneamente se sucedieron una serie de operaciones políticas que lograron impedir la medida.

El juez Rogerio Favreto del Tribunal Federal 4 consideró que el candidato presidencial tiene derecho a participar de forma pública de la campaña electoral que consagrará, en tres meses, al próximo presidente. Esta respuesta se debió al recurso presentado por los diputados Wadih Damous y Paulo Pimenta. Ante la inminente liberación, el famoso juez Sergio Moro emitió un escrito en el cual manifestaba su rechazo, a pesar de estar de vacaciones en Portugal y de contradecir la decisión de un magistrado de una instancia superior.

A continuación, se sucedieron una catarata de notas periodísticas de los medios hegemónicos operando para que se acate la orden de Moro. El periódico O Globo se ocupó de vincular a Favreto con el PT y de presionar al poder judicial para que no libere a Lula. Sin embargo, lo que omite O Globo son las pertenencias políticas de otros magistrados como Alexandre de Moraes, nombrado miembro del Supremo Tribunal Federal por el golpista Michel Temer, quien estuvo afiliado durante años al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Como reacción a las operaciones políticas, la militancia del PT salió a calle e inició una vigilia por la liberación de Lula. Además, Gleisy Hoffmann, Presidenta del PT se refirió a la situación como un secuestro y un manoseo al ex presidente y declaró: “Moro, Thompson, Gebran y los delegados de turno de la Policía Federal en Curitiba son todos cómplices de la misma violencia contra los derechos de Lula, contra la democracia y contra la libertad del pueblo de votar en quién mejor lo representa en las elecciones presidenciales de octubre. Son todos cómplices de un acto de desobediencia a la orden judicial, seguida de una decisión arbitraria del relator Gebran, sin ningún fundamento legal o procesal”. En consonancia, dirigentes del partido denunciaron al juez Moro por desacato ya que consideraron que se realizó una “grave violación de la Constitución”.

Dilma Rousseff también se manifestó sobre el tema y expresó: “Están creando una crisis institucional grave al desmoralizar el poder judicial. Con ese ejemplo de ayer, ¿cómo quieren que la población acepte que orden judicial no se discute, se cumple? ¿Cómo quieren que crean que todos son iguales ante la ley? Todo se convierte en una farsa.”

Por su parte Lula, que lidera desde hace meses las encuestas, espera ansioso el 15 de agosto para el lanzamiento oficial de su candidatura. Apenas unos días antes del episodio, Lula dialogó con João Pedro Stedile, dirigente del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), donde reflexionó sobre diferentes temas de la realidad brasilera y mundial. Sobre la política actual de privatizaciones del gobierno de Temer, apuntó: “El gobierno golpista e ilegítimo está acelerando al máximo la entrega del petróleo y del patrimonio de energía”. Al respecto de la política norteamericana hacia la región manifestó: “Cada día quedan más claro los intereses de los capitalistas de Estados Unidos para controlar la economía de Brasil. Esta visita del vicepresidente a Brasil, la subordinación del gobierno golpista, demuestran que Estados Unidos está perdiendo terreno cada día frente a China y Europa y quieren volver a controlar la economía de América latina, como forma de obtener ventajas y tener mejores condiciones de riquezas naturales que sus competidores”. Además, confirmó su candidatura afirmando que “a partir de enero vamos a transformar a Brasil”

Un rápido análisis sugiere que la vergonzosa trama del domingo no hace otra cosa que aumentar la imagen positiva de Lula, poner en evidencia las irregularidades del proceso y desnudar la clara intencionalidad política del juez Moro.

OTRAS NOTAS