EL PARO DEL 25 VIENE ASOMANDO

Por Susana Martins
(Periodista/ Delegada de ATE Capital)

Finalmente la CGT puso la fecha. Y tendió las alianzas necesarias para el que el paro de hoy sea recordado como uno de los más contundentes de la era Macri.

Adhiere el transporte público, los bancos, la administración del Estado, los docentes de distintos niveles y hasta el gremio de los empleados de Comercio. Toda una señal. Se trata del mundo de los trabajadores organizados diciéndole al gobierno: “Basta. Hasta acá llegamos”.

Sin duda el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional aceleró los tiempos. El triunviro, presionado por las bases y en franca retirada, ya no pudo sostener la actitud dialoguista y negociadora que había mantenido hasta ahora.

El 22 de agosto hay elecciones en la CGT y los candidatos deben perfilarse con claridad en sus propuestas: no son tiempos de jugar con matices. Al mismo tiempo, el tope del 15% a la paritarias de la mayoría de los sectores, el conflicto con los Camioneros y la amenaza de la profundización del  ajuste funcionaron como aceleradores naturales de un proceso inminente.

El Gobierno puso el grito en el cielo. El ministro Triaca tildó la medida de “innecesaria”, como quien advierte a un amigo de un desgaste de energía excesivo que no va a redundar en los resultados esperados. Confirmó que la mesa de diálogo permanecía abierta y que todos los puntos de la demanda podían volver a conversarse.

Lo que el Gobierno no puede entender es que el conflicto social no se resuelve en mesas de dirigentes ni en amenazas de carpetazos o presiones sobre la caja de las obras sociales. Las organizaciones gremiales tienen el compromiso de canalizar el descontento de las bases y de dejar en claro sus posiciones políticas en la coyuntura que se presenta. En ese sentido la vuelta al FMI es un límite infranqueable.

Mientras tanto la desocupación sigue aumentando: ya se ubicó en el 9,1% en el primer trimestre del año y subió fuerte respecto de fines de 2017, cuando había sido del 7,2%. El dólar se dispara y ya triplicó la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. Peligra el Fondo de Garantía de Sustentabilidad del ANSES y la inflación se ha vuelto imparable.

Por eso hoy paramos: por los despedidos, para pedir por su reincorporación; por la reapertura de paritarias a la luz del acuerdo logrado por el sindicato de Camioneros y del conflicto con los metrodelegados que pudieron volver a sentarse a una mesa de negociación; por el cese de incremento de tarifas y, fundamentalmente, en contra del acuerdo con el FMI que nos devuelve a un escenario de endeudamiento y de ajuste bestial.

Y porque creemos que ya no hay lugar para escenografías de diálogo que no nos llevan a ningún lado.

El camino hacia la Unidad

La Multisectorial 21F integrada por las dos CTA, Camioneros, la Corriente Federal de la CGT, y los movimientos sociales fue hasta ahora el intento más exitoso de conformación de un bloque de Unidad: estableció una agenda común y busca sumar cada vez más sindicatos.

Ya anunció su completa adhesión al paro de hoy. Lo mismo hicieron los gremios del Movimiento Sindical Argentino (MASA) y la UOM, SMATA, APLA, SADOP y la Federación Gráfica Bonaerense que, desde esta semana, confluyen en un nuevo espacio. Estos intentos de unidad no solo dotarán a la medida de mayor contundencia sino que configurarán un escenario donde es posible desplegar una nueva correlación de fuerzas.

Al mismo tiempo, la Pastoral Social reunida este fin de semana en Mar del Plata criticó duramente a las políticas del gobierno y ya se conocieron negociaciones que está llevando adelante la Iglesia para acercar posiciones dentro de la CGT.

Mientras el modelo neoliberal empieza a mostrar sus fisuras, por abajo se despliega un proceso de reunificación que puede ser el inicio de una propuesta política alternativa. La oferta de una opción viable no está exclusivamente en manos de la dirigencia sindical y/o política sino que debe ser acompañada de un proceso de unidad de las bases que comparten un destino común: ser la moneda de cambio de los CEOs que nos gobiernan.

Por eso este paro no puede ser un hecho aislado.

Urge un plan de lucha, un programa de medidas acordado con la mayor cantidad de sectores posibles, con objetivos claros y dirigentes que estén a la altura de los tiempos que corren.

El martes es el primer día del resto de la historia. Una historia que nos tiene que encontrar en el camino de la unidad. Junto a los movimientos sociales y los trabajadores informales. Una historia que nos llama a no rendirnos, a poner el cuerpo y redoblar los esfuerzos.

El paro del 25 viene asomando. Y llena de esperanza las luchas por venir.

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