LULA LIBRE: SE IMPONE LA FUERZA DEL PUEBLO

Por Miguela Varela

Pese a la orden del juez Sergio Moro de detener a Lula ayer antes de las 17hs, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) logró posponerlo, y hoy se retomarán las negociaciones. Lo que parecía una embestida inevitable se convirtió en una negociación entre partes luego de una gran demostración de fuerza popular.

El colapso de las instituciones

Mientras se prenden fuego los manuales de Ciencia Política, se consolida el golpe institucional que comenzó su proceso en 2014, que continuó con la destitución ilegal de Dilma Rousseff en 2016 y que pretende culminar con el encarcelamiento de Lula.

Un país que, desde la última dictadura militar, se refugió en su calidad institucional parece hoy desconcertar al mundo. Brasil siempre se distinguió por sus políticas de estado, la profesionalización de su diplomacia y la calidad de sus Instituciones. Pero siempre se trató de una especie de estantería rígida ajena al temblor social permanente y a las desigualdades extremas. Hasta que un día, fueron las fuerzas de las grandes corporaciones económicas, mediáticas, judiciales y militares las que generaron el descontrol. Entonces, la pregunta es: ¿qué pasa cuando está amenazado el poder económico? ¿Dejan de tener importancia el republicanismo y la democracia? La respuesta es sí. Ninguno de los gobiernos brasileros desde la recuperación democrática hasta la actualidad disminuyeron las desigualdades como lo hicieron los gobiernos del PT. Y es en este punto donde la tensión termina por sacrificar a las instituciones que, si bien el neoliberalismo las incorpora al discurso como un bien sagrado, está dispuesto a suprimirlas rápidamente ante la primera amenaza que siente el capital.

En este contexto, el establishment es consciente de que la izquierda no cuenta con las herramientas para disputar en los estamentos mediáticos, económicos, judiciales ni militares por lo que la disputa adquiere características puramente políticas e institucionales.

El Plan Atlanta

De alguna manera, Brasil está viviendo la ejecución perfecta del Plan Atlanta: una concertación continental de la derecha latinoamericana junto a Estados Unidos para desestabilizar a los gobiernos de izquierda de nuestra región, iniciada en 2012. Este plan fue denunciado por el Diputado dominicano Manuel de Jesús Pichardo, quien actualmente es presidente de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Coppal) y que, en aquel entonces, tenía responsabilidades en el Parlamento Centroamericano (Parlacen). El diseño del Plan se basó en un diagnóstico muy claro: a los gobiernos de izquierda no se los puede vencer mediante el voto popular, por lo que es preciso una estrategia de descrédito que luego se transforme en procesos judiciales que culminen con sus mandatos presidenciales o que impidan sus posibles candidaturas. Y fue así como el Plan Atlanta no paró de cosechar éxitos derrocando gobiernos populares en Honduras, Paraguay y Brasil, y con procesos judiciales en Ecuador, Argentina y también en Brasil.

Solidaridad política

Una vez instalada la disputa en el ámbito institucional, son la política de las fuerzas populares y las calles las que marcan el ritmo de los acontecimientos. Esto se ve reflejado en la solidaridad de espacios de izquierda ajenos al PT, como son los casos de Guilherme Boulos, precandidato del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y de Manuela D’Ávila del Partido Comunista de Brasil (PCdoB). El campo nacional y popular brasilero se une porque entiende de donde vienen las balas. En este marco, el lider del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), Joao Pedro Stedile, expresó que “la única fuerza capaz de liberar a Lula es a través de las grandes manifestaciones de masas con el pueblo en la calle”. En la misma linea, el pre candidato del PSOL y dirigente del Movimiento de Trabajadores sin Techo (MTST), Guilherme Boulos, dijo que habrá resistencia democrática ya que su movimiento no asistirá pasivamente a la orden del juez Moro. Este factor de solidaridad política es importante ya que se da en el marco de las definiciones sobre la candidatura presidencial. En caso de que Lula no pueda presentarse como candidato es preciso un reemplazo que aún no está definido. Éste puede provenir de las filas del PT o también de algunos espacios de izquierda como el PSOL o el PCdoB, aunque esta opción es la menos probable.

La fuerza de la resistencia popular es lo que finalmente inclinará la balanza, a pesar del colapso de las instituciones.

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