TODO GOLPE TRAE MUERTES

Por Miguela Varela

Todo golpe de estado trae muertes. La intervención militar en Río de Janeiro es el punto cúlmine de una serie de medidas antidemocráticas del gobierno ilegal de Temer. Con una imagen negativa equiparable a la del último gobierno militar, Temer apeló a la demagogia represiva, pero la muerte de Marielle Franco le jugó en contra destapando una interna feroz entre las Fuerzas Armadas que comandan la intervención y la Policía Federal, el narcotráfico y los parapoliciales.

El inicio de esta escalada antidemocrática no comenzó con la intervención militar de Río de Janeiro, sino con el golpe de estado a Dilma Rousseff. Medidas económicas neoliberales y represión son la fórmula de la derecha brasilera para que Temer haga el trabajo sucio mientras se esperan las elecciones para elegir al nuevo presidente.

La intervención, como desdoblamiento de la autoridad entre una civil y otra militar, ya tuvo su antesala en 2016 con lxs 25 militantes populares asesinadxs. Según el Instituto de Seguridad Pública, en 2017 hubieron 18 homicidios en Río de Janeiro y 40 muertes violentas cada 100.000 habitantes, y 157 muertes en lo que va de 2018 en toda la ciudad. Además, agrega que en los últimos cinco años, 430 personas murieron bajo la acción del 41° Batallón de la Policía Militar de Río en Acarí. La intervención como herramienta constitucional no se utilizaba desde el fin de la última dictadura. Ahora bien, ¿no se estará preparando el establishment brasilero para una inminente victoria de Lula? O aún peor ¿no se estará protegiendo de una reacción popular ante una posible encarcelación de Lula?

En ese contexto vivía Marielle, que era todo lo revolucionaria que se puede ser: feminista en un mundo machista, bisexual en contexto heteronormativo, negra rodeada de xenofobia y militante izquierda en un país asqueado de la política donde la derecha marca el paso del gobierno. Por todo eso también la mataron.

Todo lo que no provocó la salida de Dilma Rousseff, lo provocó la muerte de Marielle: miles de personas se volcaron a la calle pidiendo justicia y el fin de la violencia institucional. Lxs analistas políticos se cansan de hablar de Brasil como una sociedad desmovilizada, que sólo conoce la calle cuando explota el carnaval. Sin embargo, esta vez fue diferente cuando se congregaron más de 100.000 manifestantes entre Río y San Pablo. Tal vez lxs brasilerxs están juntando fuerzas para lo que viene.

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