DESIGUALANDO

Por Ignacio Vila – Centro de Economía Política (CEPA)

A principios de año, la World Inequality Lab emitió su informe sobre la desigualdad mundial de 2018 (https://goo.gl/tNK6JG). Esta organización realiza un exhaustivo análisis sobre la evolución de la riqueza y su distribución a nivel mundial. Lo más interesante del informe son las recomendaciones de lxs investigadorxs sobre cómo mejorar la distribución de la riqueza, que van a contramano de las medidas que toma el gobierno argentino y que, según asegura, van a reducir la desigualdad.

  1. La progresividad impositiva para limitar el aumento de la desigualdad y la concentración de ingresos y riqueza. Desde los inicios de la gestión de Macri se vio una marcada política de rebaja impositiva a los sectores de mayores ingresos – a la actividad minera, a las exportaciones de granos, a la importación de autos de lujo- con el objetivo de mejorar el ambiente de negocios para que aumenten las inversiones. Por otro lado, bajo el objetivo del ordenamiento fiscal, se realizó una gran quita de subsidios a los sectores de menores recursos que se tradujo en aumento de las tarifas de servicios públicos, del precio de las naftas, entre otros.
  2. Un registro financiero global que dé cuenta de la propiedad de los activos financieros permitiría limitar la evasión fiscal, el lavado de dinero y el crecimiento de la desigualdad.
    En Argentina no solamente no se realizó tal registro, sino que se denunció a lxs periodistas que difundieron a lxs titulares del último blanqueo. Además, varixs funcionarixs que decidieron tener cuentas offshore fueron descubiertxs tras las publicaciones de secretos bancarios de los mal llamados paraísos fiscales.
  3. Un acceso más igualitario a la educación y a empleos bien remunerados es clave para enfrentar el estancamiento o crecimiento débil de los ingresos de la mitad más pobre de la población.
    Este punto es el más flojo para el gobierno. Con respecto a la educación, se ha congelado el plan PROGRESAR y luego lo han reconvertido en una maquillada versión. Es más, se procedió al cierre de escuelas, al incumplimiento de la promesa electoral de construir jardines de infantes, a la desaparición del Plan Conectar Igualdad, el cierre de institutos de formación docente, entre otras medidas. En cuanto a los ingresos de la mitad más pobre de la población: han caído lo ingresos reales de lxs jubiladxs y el poder de compra de la AUH y han aumentado los precios de los medicamentos, de los alimentos, de los servicios públicos y de los transportes. Al mismo tiempo, ha aumentado el desempleo y la caída en la actividad industrial, así como el cierre de empresas que ha impactado negativamente en los sectores informales.

Lo tuyo es mío y lo mío es mío

Ademas de estas recomendaciones, el informe hace un análisis de la evolución de la riqueza pública que está en manos de los estados, y de la riqueza privada advirtiendo que, entre 1970 y 2016, la riqueza privada ha crecido, al contrario de la pública que incluso ha decrecido. Como consecuencia, la capacidad de los gobiernos para reducir la desigualdad ha disminuido.
Son las privatizaciones, los proyectos público-privados, el cierre de espacios e instituciones públicas, y la eliminación de organismos de control los ejemplos con los que intentan justificar que el sector privado ejecuta mejor el desarrollo económico que el público. Esta es siempre la explicación al momento de avanzar en el achicamiento del estado. Pero la realidad marca que no ha sido más que la excusa para que un sector de la población, el famoso 1%, se apropie de la riqueza nacional, dejando a los estados sin herramientas para poder corregir las consecuencias negativas de estas medidas.

El 1% y la trampa del libre mercado

En nombre del libre mercado, de la burocracia estatal y de la corrupción de los gobernantes, los sectores de menor poder en el mercado han ido perdiendo riqueza frente a los sectores más poderosos a través de la construcción de oligopolios en los sectores más importantes de la economía global. La realidad actual muestra grandes consorcios trasnacionales compitiendo con negocios barriales. En ese marco, cada vez que logran convencer a la ciudadanía de los beneficios del libre mercado o cada vez que pueden tomar las riendas de los estados, legislan y gobiernan en favor del libre mercado, que termina siendo en favor de ellos mismos.

La situación actual es alarmante y está descripta con gran precisión en el último informe de Oxfam (https://goo.gl/TpzvvG): “El año pasado, el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones alcanzó su máximo histórico, con un nuevo milmillonario cada dos días. En este momento, hay 2043 milmillonarios (en dólares) en todo el mundo, de los cuales nueve de cada diez son hombres. La riqueza de estos milmillonarios también experimentó un enorme crecimiento, lo suficiente como para poder terminar con la extrema pobreza en el mundo hasta siete veces”.
En perspectiva, informes como estos nos permiten entender las principales razones de la situación argentina actual, así como algunos caminos para contrarrestar esta tendencia. Desde la asunción del macrismo, el grueso de la legislación y de las políticas públicas no generaron otra cosa más que el aumento de la desigualdad. No se puede interpretar la situación como de impericia, sino más bien, como un gobierno para ricos.

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