VICTORIA

Por Gustavo Vera

Lo que pasó en este país en los últimos días deja dos conclusiones: por un lado se demostró que no alcanza con el marketing político-judicial y el aparato hegemónico de comunicación para gobernar y por el otro que es posible la unificación del campo popular, que construya un gran frente anti liberal de cara al futuro cercano.

La derrota simbólica del macrismo

La escalada represiva que se profundizó con el asesinato de Santiago Maldonado a manos de la gendarmería, hace cinco meses, comenzó a poner de manifiesto que cuando las contradicciones del régimen capitalista imperante empiezan a tener fisuras, es imposible gobernar a base de propaganda. No alcanza ni siquiera con grandes y elocuentes operaciones mediático-judiciales para intentar tapar el deterioro de las condiciones materiales del pueblo: cuando el hambre se empieza sentir, la única respuesta que la derecha conoce es la represión.

El reformismo permanente con que el gobierno nacional intenta dar un matiz moderado al liso y llano saqueo a trabajadores, jubiladxs, niñxs que cobran la AUH, ex combatientes de Malvinas y a los sectores más vulnerables de la sociedad en general, quedó en evidencia y ni siquiera las espadas más filosas del Macrismo pudieron defenderlo como en otras oportunidades. Como dijera el ex ministro de economía Axel Kicillof en la maratónica y vergonzosa sesión parlamentaria del lunes pasado: “si hay un bono para recomponer, cómo es que la ley es buena”. Un bono que además no recompone y sólo da un mísero paliativo al ajuste. Cambiemos, con la legitimidad indiscutible de haber ganado las elecciones de octubre, profundizó su política de hambre, justificándose con excusas de la liturgia liberal sobre ‘como que es imposible gobernar con un alto déficit fiscal’, déficit que, dicho sea de paso, no sólo no disminuyó en estos años sino que aumentó drásticamente. Pero quizás por ese envalentonamiento de creerse impunes y con respaldo electoral, no calcularon que hay temas que son bien caros al sentir popular argentino, lxs jubiladxs es uno de ellos.

La respuesta a esta derrota simbólica en lo político fue una brutal y tremenda cacería represiva que dejó cientxs de heridxs por el centro porteño, a manos de unas fuerzas de seguridad totalmente desatadas. Tan tremebunda fue la represión del Gobierno Nacional que hizo recordar a las siniestras imágenes de diciembre de 2001, cuando el país se desangraba ante el estallido social y el fin del modelo de acumulación financiero que había instaurado la Dictadura Cívico-Militar, profundizado el Menemismo y su correlato blanco que fue el corto gobierno de la Alianza.

Pero aun hubo más en estos días, el Macrismo sufrió en carne propia algo que supo utilizar a la perfección durante el gobierno anterior: por la madrugada del martes 19 de diciembre miles de ciudadanos urbanos y de clase media llenaron las principales plazas del país al ritmo de las cacerolas, tanto que cuando empezó, algunxs con algo de humor nos preguntábamos si el cacerolazo era a favor o en contra del gobierno. Lo del martes a la madrugada fue la primera muestra masiva del descontento que empieza a reinar entre la clase media argentina (que fue la base de sustentación político electoral de cambiemos durante mucho tiempo) hacia el gobierno. El ajuste que viene llevándose a cabo hace dos años, y que mostró su cara más brutal con la recientemente sancionada ley de reforma previsional, no le fue gratis al gobierno, y no hubo tapas de diarios y ni Call Centers de la Jefatura de Gabinete que pueda ocultarlo. Por ello, al margen que la ley salió y de que nadie duda, a pesar de lo que digan ellxs, de que será profundamente perjudicial para el pueblo en los próximos años, la simbología política, el termómetro de la política esta vez no lo consiguieron. Y esto es, sin dudas, una novedad para una fuerza política que hasta hace unos días parecía invencible y a la que no le entraba una sola bala, metáfora poca feliz pero eficaz para los tiempos que corren.

Unidad del Campo popular

Que a Cambiemos no le haya entrado una sola bala en estos años, responde a un montón de factores, sin dudas el blindaje mediático con el que cuentan es un factor importante, pero hay una arista que es fundamental en este sentido: el total desmadre del campo popular, que aún no asimila la derrota histórica que significa haber perdido con los dueños del país, por primera vez, por los votos.

Sin embargo, en estos días, una luz de esperanza apareció. Por primera vez en muchos años, tal vez desde el 2007 (porque en el 2011, a pesar del rotundo triunfo de CFK en las urnas, ya había atisbos de rompimiento), que no se veía a las principales fuerzas del Movimiento Nacional unidas en contra de una misma causa, sin vedetismos, sin mezquindades, sin preocuparse por quién conduce el conjunto, sino más bien por cómo hacer para enfrentar el enemigo gobernante. Desde hace mucho que no se veían manifestaciones en donde todas las expresiones del campo popular confluyan juntas en pos de un objetivo en común, y hace más tiempo aún, que no se veían dirigentes de todos los sectores (políticos, sindicales, sociales y hasta empresariales) aunar criterios con el sólo objetivo de debilitar al enemigo.

Y esto también tiene olor a victoria, al margen del resultado de la votación. Porque si hay algo que demostraron las últimas elecciones (y por últimas no sólo nos referimos a las del 2017) es que no alcanza con purismos ideológicos para vencer a un bloque hegemónico que tal vez tenga la mayor fortaleza de su historia. Y esto no significa resignar proyectos políticos, ni bajar banderas en pos de la unidad, con algunxs, es cierto, la coyuntura demostró que no hay retorno y que defienden otros intereses, pero también demostró que son una minoría.  Por lo tanto, parece imperante y urgente la deconstrucción de las diferencias de café para darnos la tarea de construir un gran frente anti liberal, nacional y popular que esté en condiciones de enfrentar con éxito a la derecha gobernante. Para decidir quiénes van adelante en las listas hay tiempo y existen los mecanismos institucionales para hacerlo.

Un dato de color que sintetiza lo que fueron estos días. En la esquina de Coronel Díaz y Santa Fe, lugar que podríamos llamar La Matanza de Macri, se cantaba: “unidad de los trabajadores y al que no le guste se jode, se jode”. Este cántico de barricada en el corazón del Macrismo nos da la certeza de que hay condiciones subjetivas para que esto termine más temprano que tarde y que las objetivas no están tan tan lejos como pensábamos hace pocos días.

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