Elecciones en Chile.

 

UNA SORPRESA EN MEDIO DE LA FRAGMENTACIÓN

Por Miguela Varela

De acuerdo a los principales medios de comunicación hegemónicos nacionales e internacionales y a las encuestadoras chilenas, la elección presidencial del domingo estaba casi definida. Las predicciones otorgaban más del 40% de los votos al candidato de la derecha Sebastián Piñera (que obtuvo un 33,6%), un amplio margen sobre el oficialista Alejandro Guillier (22,6%) y un tercer lugar para el Frente Amplio, a quien se pronosticó un 8,5% de los votos frente a una realidad que reveló un 20,34%.

Los números finales de la elección ratificaron el triunfo esperado por la derecha, pero con un margen menor y con una sorpresa: el caudal de votos del nuevo espacio Frente Amplio. Sin duda, la fragmentación del ala progresista es un dato de la realidad, aunque también es necesario mencionar que de los ocho candidatos presidenciales, sólo dos representan esquemas políticos conservadores.

¿A qué factores se debe la configuración de este escenario?

En primer lugar, a la crisis del sistema tradicional de partidos políticos. La emergencia del Frente Amplio como alianza progresista no tradicional, traduce el debilitamiento de la lógica binaria de la política chilena entre la Nueva Mayoría que llevó a Michelle Bachelet al gobierno y Chile Vamos que propone el retorno de Piñera al poder. Se trata de un espacio que agrupa desde socialistas democráticos, marxistas, ecologistas, humanistas hasta desarrollistas.

Si bien el Frente Amplio quedó afuera de la segunda vuelta, se ha convertido en un nuevo factor en la mesa de la negociación política. Y esto es así, porque su discurso se centra en la lucha contra la corrupción, en una fuerte crítica a las profundidades del sistema político y al poder económico de las grandes corporaciones.

Pero ¿sólo este discurso basta para convertirse en una alternativa novedosa? Por supuesto que no. Mientras los discursos progresistas no se acompañen de prácticas políticas innovadoras, no habrá una verdadera alternativa. En este punto, puede hacer mella el Frente Amplio si es que no se deja llevar sólo con el nuevo discurso. Su lideresa, Beatriz Sanchez, lo expresó con claridad: “Si no hacemos un cambio, si no hacemos una reflexión, este país se está llenando de rabia y de miedo”.

En segundo lugar, encontramos la apatía de lxs chilenxs hacia la política, o mejor dicho, hacia la política tradicional. Hay muchos factores que favorecen esta situación tales como un Estado distante de la ciudadanía, una élite política que se reproduce y dificulta el recambio y una fuerte desigualdad económica. Es por esto, que las nuevas fuerzas partidarias tienen como desafío revalorizar a la política como herramienta de transformación de la realidad para las clases populares.

Además, esta crisis de participación de la sociedad civil hace de Chile el país con mayor abstención electoral de toda América Latina. En estos comicios, sólo el 46% de la ciudadanía chilena acudió a votar. Pero esta tendencia, escapa a los eventos coyunturales. Según un informe publicado por Naciones Unidas “Participación electoral: Chile en perspectiva comparada”, durante las elecciones municipales de 2016 el 65% de lxs chilenxs se abstuvo de votar, marcando un récord desde el retorno de la democracia.

Pero el problema de la abstención se agrava aún más cuando analizamos los segmentos de la sociedad que menos votan. En este punto, la participación electoral más baja la registran los sectores más vulnerables y lxs jóvenes, mientras que la clase alta chilena tiene definido su voto y su compromiso electoral. En este contexto, es muy difícil que la correlación de fuerzas cambie si no es el pueblo quien elige con su voto. Ahora bien, ¿el descenso de un 65% a un 46% en la abstención se debe a la emergencia de una fuerza política que rompe el bipartidismo? Sólo el tiempo lo dirá.

Por último, nos resta analizar el desempeño de las fuerzas conservadoras. Si bien Piñera acumula la mayor cantidad de votos, la segunda vuelta de diciembre le tiene reservado un aliado incómodo: José Antonio Kast. Se trata de un reivindicador serial de Augusto Pinochet y un defensor a ultranza del punto final a los juicios por crímenes de lesa humanidad. Si bien Piñera no oculta sus intereses pro establishment, también es cierto que intenta correrse al centro en su discurso. Y es aquí donde Kast puede jugarle en contra con su rechazo al matrimonio igualitario, su propuesta del cierre de la frontera con Bolivia o su promesa de eliminar cualquier intento de universidad gratuita.

Contra todos los pronósticos, una nueva fuerza política emerge en el país. Del Frente Amplio dependerá si Chile continúa amarrado a la vieja política o si la sorpresa se convierte en un salto hacia adelante.

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