Día de la música

MÚSICA ES LO QUE DAS

Por Javier Tucci

El día de la música son los 365 días del año y le pertenece al pueblo, no a la Iglesia.

Si uno busca la historia sobre la celebración y la elección del 22 de noviembre como el Día Internacional de la Música encontrará que una tal Santa Cecilia, de religión cristiana, fue elegida en 1594 por el Papa Gregorio XIII como patrona de todos los músicos. La misma piba, quien fuera decapitada por hereje, antes de ser ejecutada por el mismo cristianismo en épocas de Imperio Romano, allá por el 280 DC, entonó cantos celestiales y bla bla bla… nada que nos interese tanto como signo de identificación.

Como no nos interesa ninguna religión en particular, exceptuando la de la música, elegimos adorar y celebrar cada uno de los elementos y sensaciones que hicieron y hacen posible que las personas a lo largo y ancho del mundo disfruten y construyan sus vidas alrededor del sonido del viento, de la lluvia, del pueblo amuchado, de las máquinas golpeando y presionando, de los gritos y risas, de las zapateadas y palmas que pueden resonar en una habitación o en el inmenso Machu Picchu.

Música es contexto, una manifestación cultural, social, política y económica, sea ejecutada en el castillo de un fucking rey del siglo XV o en la flauta de un juglar que lleva las nuevas buenas y malas al pueblo y escapa por las calles antes que lo alcancen los enviados del mismo fucking rey. Música es el desgarrador y melancólico sonido de un afroamericano que en el mínimo descanso en el algodonal del Mississippi saca su armónica para recordar a sus antepasados privados de su libertad y traídos al continente como esclavos, situación a la que él mismo no escapa en las postrimerías del siglo XIX. Música es el sonido de las máquinas de fundición de acero en Birmingham (Inglaterra), ese del que Black Sabbath se inspiró para terminar de darle cuerpo al Metal; es el murmullo del mar que se mezcla con los tambores de pescadores jamaiquinos que celebran romper las cadenas del imperio inglés en 1962; es el rol crítico transformador -y el sentido oportunista también- que viene vacío en contenido y adornado sólo por el simbolismo de la moda. Porque música también es esa disputa que se da en un escenario de colonización y descolonización cultural.

La música, en general, es expresiones culturales populares, un medio en el que las personas pueden depositar sus esperanzas, frustraciones y, sobre todo, las diferentes percepciones de un mundo en el que constantemente se someten y se alienan las identidades.
Música es el renacer de las comunidades, las costumbres y formas culturales que fueron silenciadas por la modernidad, pero que hoy vuelven contra todo mercado, aglutinándose en la trinchera de lo latinoamericano, lo negro, lo andino y lo mestizo.

Música es un pibe o una piba escuchando un vinilo, magazine, cassette, cd, mp3 o una playlist de Spotify en 1976, 1984, 1990, 2005 o en 2017.

En resumidas cuentas, música es disfrutar de historias y musas -sin fainá- de lo andino, el Blues, la Cueca, el Jazz en todas sus vertientes, el Joropo. O los nuevos y raros sonidos de la Electrónica y de las fusiones de lo que se te ocurra: Merengue con Grunge, Folk Rock, Folclores de Alaska a La Antártida, Rancheras y Corridos mejicanotes, metálica arrabal sin que te pidan credencial ni fe de hígado, Son, Danzón, Chachachá, Mambo, Punk, Salsa, Samba, Bossa nova, Tamborito, Tango, Vallenato, Murga, Candombe y Cumbia, entre otras yerbas…

Música es el chango que en un subte, tren, pasillo, callecita te tira onda al zapar esa canción que siempre te gustó (no lo ignores, su arte es súper digno, devolvele la onda); música es esa piba que te silba un tango en Singapur mientras esperás en la cola para alquilar una moto, es Gardel saltando el charco y afanándose un pan en el mercado para comer, es Luca sentado en la estación de Hurlingham chamuyando con un croto a las 7 de la matina. Música es un pibe aprendiendo a tocar el violín en el elefante blanco… MÚSICA es TODO.

Pero ante todo… es lo que das. MÚSICA es igualdad de oportunidades y debe cumplir una función social: ¡Si así no lo hiciera, que el pueblo escucha y practicante de la más hermosa religión del planeta, se lo demande!

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