OTRO 3 DE JUNIO GRITAMOS: NI UNA MENOS

Por Amadora Pajolchek
Fotografía: PPV

Llegamos a un nuevo #3J, dos años después de la primera marcha Ni Una Menos, y nuestras demandas aún no son oídas, y en cambio parecen haber sido tomadas como una provocación, poniéndonos, una vez más, a las mujeres en el lugar de culpables.

Los nombres se multiplicaron, se amontonaron, se volvieron carteles, remeras. Los patrulleros se repusieron, las paredes se limpiaron, pero las pibas nunca volvieron. Las camas vacías en los cuartos de sus casas nunca volvieron a ocuparse. Salieron una mañana, una tarde, o quizás era de noche. Iban al trabajo, al boliche, o quizás a ningún lugar. Hoy ya no están Candela, Lola, Daiana, Ángeles, Melina, Micaela, Araceli, entre tantos otros nombres, y son tantos que nos angustia enumerarlos.

En lo que va de 2017, sólo en abril, en La Argentina tuvimos 27 femicidios. Durante 2016 anunciábamos el asesinato de una mujer (por ser mujer) cada 36 horas. Hoy la brecha se achicó, cada 18hs hay un femicidio.

Cada día perdemos un poco de protección por parte del Estado. Somos nosotras mismas quienes llenamos las calles con carteles buscando a nuestras amigas, a nuestras hermanas a nuestras hijas, ir a los medios, cortar una calle, hacer ruido para ser visibles frente a una sociedad y a un Estado machista e injusto. Somos nosotras quienes frente a un Estado ausente, que no ofrece los medios ni las políticas necesarias para evitar los femicidios, terminamos saliendo a la calle, acompañando a las familias, pidiendo información, y hasta rastreando al femicida.

Melodi, hoy tiene 20 años, fue testigo de cómo abusaron y mataron a su amiga, Melina Romero, la madrugada del 23 de agosto de 2014. Hoy la acusan de falso testimonio, y podría ir presa. Higui, se defendió de un brutal ataque propiciado por diez hombres, quienes la golpearon y abusaron de ella por ser lesbiana. Hoy está presa, acusada de homicidio, y los únicos testigos que tomó el juez son los propios agresores.
Así opera la violencia institucional, machista de un estado ausente, que recrea pactos entre machos, poniendo siempre a la mujer en el banquillo de los acusadxs.
Y el Estado hoy es responsable, también, de que Milagro Sala siga presa, por ser mujer, por ser colla, y por ser una militante del campo popular. Por la revancha de un Gobernador Neoliberal Machista. La violencia institucional, física y mental ejercida sobre Milagro Sala y las demás compañeras de La Tupac, son responsabilidad del Estado, en tanto y en cuanto no se toma en cuenta el pedido de liberación expresado por Organismos internacionales de Derechos Humanos.

¿Y nos siguen preguntando por qué marchamos?

Por todo esto y por muchos motivos más es que tenemos que estar presente este sábado 3 de Junio en el Congreso, para marchar todas juntas, y que nuestras voces se oigan a lo ancho y largo del continente, para que todas las que no pueden estar estén más presentes que nunca.

Porque a Higui y a Milagro la sacamos entre todas. Por el recuerdo y la lucha de todas las que nos faltan, porque ellas acompañan nuestros pasos y  son los gritos de cada una de nosotras.

Porque la violencia machista se va a acabar, exigimos que el Estado deje de estar ausente, y lucharemos hasta que cada niña, mujer, trans, gay, lesbiana pueda caminar traquilx por la calle. ¡Sin miedo!

 

OTRAS NOTAS