MALA LECHE

Por Ignacio Vila – Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

En una entrevista a la Vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, el conductor le sugiere que si el oficialismo pretende ganar las elecciones de octubre, debería dejar de pensar sólo en Cristina Fernández de Kirchner y comenzar a reactivar el consumo, ya que los argentinos han dejado de consumir, entre otros bienes, leche. Ni más ni menos, la Vicepresidenta precisó que la leche es un bien suntuario y que se debería pensar en consumir otro tipo de bienes, más durables y menos superficiales.

Como mostramos desde CEPA en el informe del Sector Lechero en marzo de 2017 el sector se encuentra atravesando un momento crítico. En el 2016 los argentinos consumieron aproximadamente un 10% menos de leche que en el 2015. Para entender aún mejor lo que significa este dato, hay que retrotraerse hasta el año 2003 para encontrar un momento en que los argentinos hayamos tomado, per cápita, menos leche que este año.

Los datos fueron publicados por el Ministerio de Agroindustria de la Nación. A su vez, también cayó el consumo de leche en polvo un 45,17%, de dulce de leche un 4,85%, de crema un 2,06%, de manteca un 6,25% y de yogur un 9,39%. Lamentablemente no estamos hablando de productos “superficiales” como detallaba Michetti, sino más bien de productos fundamentales para la alimentación básica de la familia trabajadora de nuestro país.

Trabajadores lácteos

Desde diferentes sectores se viene asegurando que las crisis en los diversos rubros de la industria, se deben a los altos salarios que cobran los trabajadores argentinos. Esta semana la Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea de la República Argentina -ATILRA- difundió un didáctico video en el cual explican que sólo aproximadamente el 4% del valor que paga el consumidor por la leche van a parar a los bolsillos de los trabajadores lácteos, demostrando el bajo impacto del salario en el costo del producto.

Pequeños y medianos productores

Desde la Federación Agraria Argentina aseguran que “los precios pagados a los productores se plancharon en los últimos meses en torno a los $ 4,80 por litro, mientras que en las góndolas de los principales supermercados el sachet de leche cuesta alrededor de $ 20”. Esto generó que en el 2016 hayan cerrado unos 460 tambos, duplicando la tasa de cierre de los años anteriores. A esto hay que sumarle que tanto la devaluación realizada al comienzo de la gestión de Mauricio Macri, así como la quita de retenciones al maíz -uno de los principales alimentos del ganado- generaron un fuerte aumento en los costos productivos de los tamberos.

Precios al consumidor

Según el relevamiento de precios de la consultora Focus Market durante el 2016 productos como la leche, la manteca o la crema de leche entraron en el grupo de los productos con variaciones de precios superiores al 40%, transformándose en los artículos comestibles con mayor aumento durante 2016, sólo detrás de los aceites.

En resumen, los intermediarios ganan más dinero a costa de la menor rentabilidad de los productores y del mayor precio a los consumidores. En consecuencia, los tamberos pierden ingresos y en muchos casos cierran las unidades productivas. En el mismo sentido, los trabajadores lácteos ganan cada vez menos y muchos de ellos han quedado desempleados y, finalmente, gran parte de los consumidores argentinos han reducido o incluso cancelado el consumo de leche y otros productos lácteos.

Según la Organización Mundial de la Salud “la leche contribuye de manera importante a satisfacer las necesidades del cuerpo humano de calcio, magnesio, selenio, riboflavina (vitamina B2), vitamina B12 y ácido pantoténico (vitamina B5)”. No se trata de un bien suntuario, superficial ni menor.

*Nota publicada en diagonales

OTRAS NOTAS