TEMER YA EMPEZÓ LA TRANSICIÓN

Por Miguela Varela

Fotografía portada: Mídia Ninja

Fotografía: Ricardo Stuckert

 

La crisis política en Brasil no para de sumar episodios que, por momentos, parecen llevarnos a su fin. Sin embargo, el conflicto está lejos de concluir, sea cual sea el próximo paso: renuncia o impeachment.

La “revelación” sobre los hechos de corrupción que involucran directamente al Presidente, difundida por O Globo, no hace más que explicitar dos cuestiones. Primero, que parte del establishment político y económico brasilero le está quitando apoyo y protección mediática a un Presidente que no logra mejorar ni las alianzas políticas para fortalecerse en el poder, ni la situación económica que agudiza cada vez más el conflicto social. Todo esto, con un trasfondo opositor que cada día consolida más la imágen de Inácio Lula Da Silva.
Como lo demuestra la historia, ningún conflicto político se resuelve por medios institucionales. Si la respuesta que pretende ensayar la derecha brasilera es un reemplazo de Michel Temer por un miembro del Parlamento (como lo establece la Constitución Nacional), no hará otra cosa que profundizar la crisis. En este punto, la ciudadanía está siendo clara tanto en las encuestas como en la calle: no apoya a un gobierno ilegítimo.
Entonces, ¿qué capital le queda a Temer? Sin apoyo de su propio partido, sin el sostén de los partidos aliados, con las principales figuras de la derecha expulsadas de sus cargos y encarceladas, sin un soporte mediático y con el prinicipal referente del Partido de los Trabajadores en alza. No le queda nada, por lo tanto, su salida es inminente y Temer lo sabe.

Con este escenario en vista, el eje de la discusión da un salto hacia adelante. Es hora de preguntarnos: ¿cómo será la transición? ¿Asumirá un miembro del Congreso nuevamente con escasa legitimidad? ¿Se hará un llamamiento directo a elecciones anticipadas? La respuesta está en la calle. Si las organizaciones sociales y políticas no presionan por una solución política y no institucional, nuevamente un pacto intraoligárquico impondrá la salida, y ésta no será en beneficio del pueblo brasilero.

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