FRANCIA: LA DERECHA SE DISPUTA EL CONTINENTE

 Por Miguela Varela

El avance de los movimientos politicos conservadores no desprecia ningún territorio europeo. Las elecciones francesas de ayer muestran con claridad que la crisis de legitimidad de los partidos políticos tradicionales encuentran, por el momento, una sola respuesta: la derecha.

Francia eligió a dos representantes de los nuevos esquemas políticos para la segunda vuelta del 7 de mayo. Por un lado, Marine Le Pen, cabeza del Frente Nacional (FN) de ultraderecha. Se trata de una formación que atravesó un proceso de consolidación en los últimos 30 años y que se afianzó a partir de los efectos no deseados de la globalización tales como la crisis económica mundial (que todavía sigue perjudicando a la mayoría de la población francesa) y la llegada de refugiados con una oleada nunca vista desde fines de la Segunda Guerra Mundial. En un contexto donde la Unión Europea (UE) se debilita día a día por su alejamiento de la sociedad civil y, como consecuencia, también por los cimbronazos sufridos tras el Brexit, todas las elecciones europeas se transforman automáticamente en un plebiscito para la organización. Marine Le Pen, con una clara visión del contexto europeo, hizo de la xenofobia y del discurso nacionalista las banderas de su campaña.

Por otro lado, el ex Ministro de Finanzas del Presidente Hollande, Emmanuel Macron con su movimiento En Marcha! avanzó varios casilleros en la campaña debido, entre otros factores, al efecto dominó que arrastró al resto de los candidatos. Con una arenga pro establishment, Macron no es más que un neoliberal disfrazado de progresista y, por ende, considerado un hombre de las multinacionales que promete reactivar la economía favoreciendo a las grandes empresas. Sin embargo, es joven, carismático y con un aire de “Cambiemos”, a pesar de que su discurso atrase más de 30 años.

Ante este escenario es lógico preguntarse ¿dónde está el tradicional Partido Socialista francés, que debería estar liderando la opción progresista? No está. Y no está porque se encuentra desmembrado y con un rol de espectador en estos comicios. Hablamos de un esquema partidario indiscutido en el pasado de la politica francesa, que hoy se encuentra desolado mirando los resultados por TV, luego de que François Hollande se bajara de la candidatura y su delfín fuera derrotado en las internas. Esto, sumado a los escandalos de corrupción que rodean al Presidente y su familia, los problemas económicos que atraviesa el gobierno, el fracaso de su “guerra contra el terrorismo” y la suba dramática de los gastos en Defensa evidenciado en las ventas de armas que llevó a Francia, en el año 2016, al tercer puesto a nivel mundial con la suma de 20.000 millones de euros.

Entonces, estamos ante un escenario plagado por ideas conservadoras que se define entre políticas amigables con la UE y de carácter “patriota” como lo llama Macron, y un discurso nacionalista de extrema derecha que apela a los refugiados como chivo expiatorio de la crisis ecónomica y social que sufre la ciudadanía francesa. Ante esto, cunde el pánico en la UE, ya que una victoria de Marine Le Pen podría desembocar en un próximo “Frexit”.

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