¿Y EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR?

2016- 2017: De la desilusión a la represión

Por María Quintero
Foto portada: Carlos Brigo

Comienza a asomarse el 2017 y la política del Gobierno Nacional es la misma pero, claro que, perfeccionada, como es de esperarse de un gobierno que no hace nada al azar sino pensado estratégicamente desde la política y consolidado tácticamente desde la comunicación- que también es política-.

La política es la misma pero, claro que, recrudecida, como es de esperarse de un gobierno de minorías privilegiadas – corporaciones económicas- que exigen cada vez con más fuerza y urgencia  las resoluciones que quedaron pendientes y para las cuales ya fueron allanando el camino durante el año 2016. Resoluciones rápidas que redundan en más ajuste, más despidos, más deuda, más concentración en los grupos económicos. Y que requieren, para poder llevarlo adelante de: Menos protestas y Más represión. Las políticas de ajuste en un pueblo empoderado sólo pueden aplicarse a base de  amedrentamiento, represión, persecución.

El 2016 inició con decretos y despidos. Y cerró con la voluptuosa cifra de 232.000 despidos entre privados y públicos según un informe publicado por CEPA
(Centro de Economía Política Argentina) con persecuciones y presos políticos, con bastonazos y balas de goma por parte del Estado (incluso a una diputada), con un nuevo endeudamiento del país, con dos de los fusibles de Cambiemos saltando por el aire antes de quemarse y pasar a la historia como los que devastaron el país ( Prat Gay del Ministerio de Economía, hoy partido en dos e Isela Constantini de Aerolíneas Argentinas– )  y con las condiciones generadas para que las grandes corporaciones se queden con todo el negocio de las comunicaciones (Desde la derogación parcial de la Ley de medios de diciembre de 2015 al decreto  1340 de diciembre de 2016:  https://www.boletinoficial.gob.ar/#!DetalleNorma/155802/20161215 y https://www.boletinoficial.gob.ar/#!DetalleNormaBusquedaRapida/157005/20170102/comunicaci%C3%B3n)

Por su parte, el 2017 inicia con 3000 despidos en el Ministerio de Educación (400 administrativos y 26000 docentes tutores), con la militarización del Ministerio que comenzó con la represión dentro del mismo a un delegado de ATE  ante el reclamo de los trabajadores para conservar sus puestos de trabajo y que continuó con amenazas de muerte a delegados.

Y ahora qué pasa, ¿eh?

Tras 12 años de reconquista de derechos y con un pueblo consciente de estos derechos y ganando – de a poco pero a paso firme- las calles, no hay otra receta aplicable para Cambiemos que no sea la del Estado Represivo. Pero para poder aplicar una política de represión a la manifestación popular se requiere de cierto consenso de una porción de la sociedad, sobre todo en un año electoral. Y para ello las tácticas comunicacionales comienzan a cumplir su tarea.

Por un lado, es necesario la justificación de la militarización de las calles, más fuerza policial en las calles – ya vimos varios operativos de táctica comunicacional agitando esa demanda como la situación de la toma de la comisaría de Flores al grito de “más policía”, como para nombrar uno a modo de ejemplo, o la nueva propuesta del Gobierno para la baja de imputabilidad a 15 años avalada por “especialistas” en todos los canales de TV-.  Por otro lado, se necesita una dirigencia sindical estigmatizada y debilitada  –para las corporaciones mediáticas los dirigentes sindicales son feos, sucios y malos-, y  de  la mayor cantidad de pueblo desorganizado y entristecido -que queden por fuera de las organizaciones sociales y sindicales, por fuera del sistema y lo suficientemente
denostados y vapuleados para subyugarlos y quitarles las fuerza para dar la pelea-. En este marco se requiere fundamentalmente la prisión y proscripción de los líderes – Milagro Sala presa por causas inventadas y Cristina Fernandez perseguida judicialmente con el fin de impedirle tenga la “osadía” de ser candidata en las próximas elecciones- y  la naturalización de todos estos avasallamientos a los derechos a través del bombardeo mediático, la repetición y la orquestación de la noticia, la desinformación, la manipulación y la mentira descarada.

La ecuación en este punto es perfecta: achique del Estado a través de despidos masivos, vía libre para despidos masivos también en Empresas privadas, asegurándoles mayor rentabilidad a costa de los trabajadores a través de la flexibilización laboral. Más desempleo, mano de obra barata, desempleados por fuera del sistema, menor capacidad de organización y protesta en el Pueblo y un Estado represivo listo para vaciar las calles.

Para la derecha que nos gobierna, nada está librado al azar, y la estrategia política requiere de una táctica comunicacional a la altura de las circunstancias: consenso social, debilitamiento de los líderes, distracción  y naturalización de los avasallamientos de los derechos.

¿Quién dijo que todo está perdido?

Sin embargo, en un contexto semejante, es difícil no recordar el 2001. Año en el que con un Pueblo en condiciones similares o peores ha sabido reponerse. Cabe entonces empezar a repensar en vistas a este 2017 – año electoral- que asoma cómo logramos no desanimarnos, estar atentos y resistirnos a sus encantos comunicacionales y transformar la bronca en la esperanza de todxs.

Sabemos que en un año electoral necesitarán el consenso de una porción de la sociedad para aplicar las políticas de ajuste y represión, pero también sabemos que el gobierno de Cambiemos irá contra por el bienestar de la mayoría del Pueblo argentino porque su ADN es gobernar para las minorías. En esta realidad social, a los gritos o en voz más baja, la mayoría damnificada expresará el descontento. Y es claro que si no logran el consenso para las políticas de ajuste en un año electoral: ellos perderán las elecciones.

No obstante, las preguntas que tal vez debamos empezar a realizar(nos) es qué pasará si les deja de funcionar la estrategia de que con buenos deseos y palabras retóricas de discurso de autoayuda no vamos a sentir la desocupación, la inflación, el tarifazo, los golpes y el hambre.

Qué pasará cuando el nuevo orden político comunicacional establecido por la derecha imperante  – en el que una buena táctica comunicacional logró posicionar a la fuerza política  que gobierna como inocentes actores que están por “fuera de la (sucia) política” y que logró que un 51% de Pueblo vote en contra de su propio Bienestar-  no pueda contener tanta desilusión.

Hasta dónde están dispuestos a atropellarnos con el Estado represivo para quedarse con todo y con la mayor rapidez posible…

El 2017 requiere de una sociedad unida, atenta y vigilante. Y ese es el gran desafío.

 

OTRAS NOTAS