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SOBRE CÓMO EL STATU QUO DE LOS SECTORES DOMINANTES DEBE MANTENERSE

La estrategia de Cambiemos para que las políticas de desigualdad te parezcan bien.

Por Ignacio Vila

“Estos años la levantaron con pala”, aseguró allá por finales de 2011 la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en referencia al resultado económico obtenido  durante el kirchnerismo por las grandes empresas residentes en Argentina. Se refería específicamente a un grupo de grandes empresas, la mayoría perteneciente a estructuras trasnacionales y que durante los años del kirchnerismo, fueron fuertemente beneficiadas por el permanente aumento del consumo interno y, también, por los altos precios de los principales commodities que Argentina exporta. El sector financiero- o mejor dicho los grandes bancos privados como HSBC, Santander Río, Banco Francés, Galicia, etc.- los productores de los insumos básicos para la industria, acero, aluminio, cemento, como Holcim y Techint; la gran industria alimenticia como Danone, Unilever, Kraft, Mastellone, Fargo, Coca Cola, Quilmes, etc; las grandes cadenas comercializadoras de alimentos como Carrefour, Cencosud y Coto; las empresas automotrices como Ford, Fiat, Toyota, entre otras, han sido sectores y empresas que ganaron miles de millones de pesos durante los últimos años.

Paradójicamente los representantes de estos sectores, en general, se han expresado públicamente en contra de las políticas llevadas adelante por el kirchnerismo en particular, y con más ahínco, en la última gestión del gobierno de Cristina Kirchner. En contraste eligieron dar un fuerte apoyo a la candidatura de Mauricio Macri en las últimas elecciones.

La resultante de las políticas públicas que lleva adelante el gobierno conducido por Macri es la menor actividad económica y, por tanto, la caída en la venta de la mayoría de los productos que estas grandes empresas producen y comercializan. Claro está que los grandes bancos se encuentran en una mejor posición que antes, pero no se debe a que han aumentado la cantidad de operaciones con sus clientes. Un detalle que vale la pena agregar, es que en este caso no estamos hablando de grupos empresariales que han sido víctimas del marketing político, y que votaron “por el cambio” y hoy se encuentran defraudados. Han trascendido variados videos donde los principales economistas de Cambiemos exponían antes los representantes de estas empresas sus lineamientos económicos principales que, claro está, no eran los mismos que se exponían en los medios masivos de comunicación. Además,  varios funcionarios de la actual gestión provienen de estas grandes empresas.

PRESIDENTE-MAURICIO-ACUERDO-GOBIERNO-EMPRESARIOS_CLAIMA20160509_0298_28En principio la situación pareciera insólita. ¿Por qué los representantes de las grandes empresas elegirían apoyar y conformar un espacio político que los va a perjudicar en términos comerciales?

En el año 1943 el economista polaco Michal Kalecki escribió un brillante artículo – “Aspectos políticos del pleno empleo”- que nos clarifica de manera impactante la situación. Kallecki asegura que los grandes empresarios aceptan la intervención del estado para poder alcanzar una situación de pleno empleo, pero sólo durante un tiempo, pero que de ninguna manera van a permitir que esta situación de pleno empleo se convierta en permanente. Esto se debería a 3 motivos principales: 1) No quieren que el estado tenga a mano la posibilidad de solucionar el problema del empleo. La idea de que sólo se puede generar empleo genuino y de calidad a través de la generación de confianza que permita e incentive a los empresarios a invertir, les otorga una importante herramienta de control social. El estado no debería hacer nada que genere desconfianza a los empresarios o se generará desempleo. Por lo tanto, las políticas de empleo tendrán siempre un fuerte control de las grandes empresas y buscarán evitar que esta situación se modifique. 2) La oposición al subsidio al consumo masivo de manera sostenida ya que “los principios fundamentales de la ética capitalista requieren la máxima de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, a menos que tengas medios privados. La disputa en este sentido es por los recursos públicos. No alcanza con la generación de mayores ventas que genera el subsidio al consumidor de manera indirecta, en todo caso, prefieren recibir ellos directamente el subsidio.  3) Un capitalismo con pleno empleo, modifica las relaciones políticas sociales. La mera posibilidad de pensar en estar desempleado genera conductas más sumisas. Dice Kallecki: “Bajo un régimen de pleno empleo permanente, ‘el cese’ dejaría de desempeñar su  papel como medida disciplinaria. La posición social del jefe se minaría y la seguridad en sí misma y la conciencia de clase de la clase trabajadora aumentaría. Las huelgas por aumentos de salarios  y mejores condiciones de trabajo crearían tensión política. Más allá que ganen más dinero durante las etapas de ‘pleno empleo’ que durante los ciclos de laizze faire. Los dirigentes empresariales aprecian más la ‘disciplina en las fábricas’ y la ‘estabilidad política’ que los beneficios. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco conveniente desde su punto de vista y que el desempleo forma parte integral del sistema capitalista ‘normal’”.

En fin, Kallecki plantea que la mirada liberal no está en contra de la intervención estatal en economía porque esto generaría menos desarrollo, sino porque esto podría generar una modificación social en donde los empresarios y los trabajadores tendrían roles distintos.

Ahora bien, Mauricio Macri es parte del grupo de los grandes empresarios nacionales. La gran mayoría de sus ministros y secretarios también provienen de la gran empresa. Hasta acá, la mirada de Kalecki nos ayuda a entender por qué los representantes de las grandes empresas, a pesar de haber ganado mucho dinero, no han apoyado la idea de seguir bajo un camino similar de crecimientos de salarios y fortalecimiento del mercado interno. La clave está, entonces, en que los grandes  empresarios se han puesto de acuerdo en apoyar a un gobierno que protegerá el rol social de los grandes empresarios en la sociedad. Para tal fin, inevitablemente, hay que tomar medidas que apunten a fortalecer al empresariado y a perjudicar a los trabajadores. Medidas que beneficien a los ricos y perjudiquen a los pobres.

¿Pero cómo se pueden ganar elecciones con propuestas de políticas que perjudiquen a los pobres y favorezcan a los ricos? Para dar respuesta a esta pregunta apelaremos a otro economista: el canadiense John Kenneth Galbraith. Según Galbraith, el principal objetivo de Ronald Reagan durante su presidencia en Estados Unidos fue beneficiar a los ricos. Y lo habría logrado de manera formidable. Naturalmente para poder realizarlo se construyó un relato, todavía más que vigente, que ayudó a justificar estas medidas.

nota nachoDice Galbraith: “No se considera aceptable o políticamente correcto decir abiertamente que una acción tiene como objetivo favorecer a los ricos, ni tampoco se puede estar en contra de ayudar a los pobres. Por esto, tanto la política en favor de los ricos, como la política en contra de los pobres, deben ir recubiertas de una doctrina. Para ayudar a los ricos con las grandes reducciones de impuestos, se crea una necesidad de estimular a una mayor energía de iniciativa a realizar mayores inversiones. El esfuerzo de los grandes empresarios se vería inhibido por los elevados impuestos. En una formulación más extrema se afirma que la energía liberada por la reducción de impuestos conduciría a una mayor actividad económica, a aumentar los ingresos públicos y a reducir el déficit fiscal. En lo que respecta a la ayuda a los pobres, se afirma que los ingresos y la asistencia, en casi cualquier forma, son perjudiciales para el carácter, la iniciativa y el esfuerzo y, por tanto, para el bienestar de los pobres. Así como los ricos necesitan el incentivo de más dinero, los pobres necesitan el incentivo de menos dinero.”

 

Los grandes empresarios en Argentina se han fortalecido y han ganado muchísimo dinero durante el kirchnerismo. Han sido beneficiados por políticas públicas definidas, en el marco de un proyecto político que los tuvo siempre sentados en mesas de negociación pero no en la mesa de la toma de decisiones. Incluso el rol de algunas de las empresas ha sido cuestionado por parte de la dirigencia política. En algunos casos no sólo no aparecían como la solución a los problemas de desarrollo sino como el palo en la rueda. Esa situación es la que decidieron no apoyar. Más allá de que las grandes empresas buscan posicionarse como actores específicamente económicos que sólo buscan ganar dinero, es un sector con un claro rol social, por tanto político, y no está dispuesto a ponerlo en discusión.
Para poder desandar el camino se están tomando medidas claramente perjudiciales para los trabajadores y en favor de los grandes empresarios, disfrazadas de la doctrina que explica Galbraith. Los programas sociales de creación de cooperativas de trabajo con transferencias directas de ingresos a los asociados de las cooperativas y la Asignación Universal por Hijo, por ejemplo, han sido catalogados por las grandes empresas de comunicación como los “planes para mantener vagos”. Las tarifas subsidiadas en los servicios públicos fueron expuestas como “ridículas”, utilizando como ejemplo siempre la tarifas de vecinos de la Capital Federal, que eran los que menos pagaban. Por otro lado, las retenciones a las exportaciones fueron catalogadas como “confiscatorias”. La presión fiscal ha sido descripta como “insoportable”. En fin, se fue preparando el terreno para que las políticas públicas tendientes a beneficiar a los ricos y perjudicar a los pobres tuviesen plafón social. Es imposible prever si el grueso de la sociedad analiza la realidad desde la lógica dominante o si 12 años de gobierno, que buscaron ir a contra mano de algunos dogmas liberales, fueron suficientes para “empoderar” a los sectores históricamente dominados y perjudicados por esta lógica. En principio, es importante encontrar en la historia herramientas teóricas que nos permitan interpretar lo mejor posible nuestra difícil situación actual.

 

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