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LOS NUEVOS NEOCONSERVADORES

Cuando algunos pensaban que el institucionalismo conservador del partido radical o el mesianismo religioso de personajes como Elisa Carrió, podían llegar a influenciar en la forma de entender el mundo que tiene el PRO, los más de cinco meses de Mauricio Macri al frente del Estado Nacional son la muestra explicita que esto no ha sucedido. Los “puros” como le gusta decir al gurú de las comunicaciones Durán Barba, son los que marcan y encuadran el enfoque político-conceptual y hasta estético del gobierno de CAMBIEMOS, que inaugura una nueva etapa del neoconservadurismo en nuestro país.

Por Gustavo Vera

Los neoconservadores en países como Estados Unidos o Inglaterra, llegaron en los años 80 para terminar con todo atisbo de Estado de bienestar y de planificación de la economía: privatizaciones, apertura económica, supresión de impuestos para la fracción más rica de la sociedad, flexibilización laboral, entre otras medidas pro mercado que radicalizaban las ideas liberales de los padres del liberalismo como Adam Smith o David Ricardo. Esas mismas ideas que habían sido probadas previamente en los países de esta parte del mundo, a través baños de sangre, se establecieron en los países desarrollados ya testeadas por sus propios lobistas como es el caso de Milton Friedman en el Chile de Pinochet.

A menudo se dice que el único Dios del neoliberalismo es el mercado, sin embargo en los países centrales este proyecto político-económico llegó al gobierno a través de líderes profundamente conservadores en sus estilos de vidas y hasta en algunos casos fanáticos religiosos y cruzados anti-comunistas como Ronald Reagan (quien guste de las series de televisión y quiera ver una pintura casi perfecta de lo que era la vida de los estadounidenses en los 3años 80, no deje de ver “The Americans”, ficción que cuenta la historia de agentes de la KGB clandestinos en los Estados Unidos de aquella época). Tanto Reagan como la propia Margaret Thatcher fueron líderes que vinieron a cambiar el sistema económico mundial pero que muy a contra mano de la noción secular del liberalismo, tenían una profunda vocación cristiana, practicante y hasta con sesgos inquisidores. Del mismo modo la relación líder carismático-masa que entablaron con los pueblos de sus países, alejados de la frialdad tecnocrática de Wall Street, escondía un sesgo populista innegable.

Los años 90 fueron la profundización de la ortodoxia liberal en términos económicos  tanto en los Estados Unidos como en Latinoamérica pero con Presidentes menos tradicionalistas y algo más libertarios por no decir libertinos. Los noventa fueron la época sin duda de los presidentes galanes. Desde pintones muchachos como Clinton o Collor de Melo hasta los menos afortunados en el reparto divino pero no con menos suerte en el amor como Fujimori y Menem, han tenido amoríos públicos, muchas veces con mujeres de la farándula local. Así y todo, no siendo ninguno de ellos ejemplos de “decencia cristiana”, los presidentes (muy especialmente en Latinoamérica) que extremaron la práctica política neoliberal al punto de aniquilar cualquier atisbo de Estado interventor, fueron profundamente populistas. Populismo de derechas, desde ya, pero populismo al fin. En nuestro país por ejemplo, Menem fue tal vez uno de los políticos con mayor carisma de la historia y a pesar de haber entregado el aparato productivo nacional a los mercados internacionales y a las grandes trasnacionales, nunca abandonó la liturgia peronista con la que se crió como político y que por cierto lo llevó a ser la esperanza de muchos peronistas nostálgicos de los “días más felices” cuando recorriendo el país, le ganó de forma impensaba la interna a Cafiero.

El Macrismo es otra cosa. El PRO es otra cosa. Los neoconservadores que llegaron al poder de forma democrática y que gobiernan nuestro país desde el 10 de diciembre pasado son una derecha distinta, es algo nuevo, que poco 2tiene que ver con lo que conocíamos. Es cierto que en términos económicos se parece bastante o más bien es idéntico a lo que empezó en el año 76 y se profundizó en lo años 90: apertura de la economía, flexibilización laboral, despidos, ¿privatizaciones?, alineamiento con los Estados Unidos, etc. Pero el cambio (CUAK) viene por otro lado, se encuadra en su idea radicalizada de la atomización de la práctica política.

Los últimos 40 años en donde las ideas neoliberales se han esparcido por casi todo el mundo y la ortodoxia económica se volvió dogma para millones (salvo por la década contra hegemónica que vivió nuestro continente y que parce pronta a acabar), fueron también caldo de cultivo para la creación de un sujeto individual extremo. Un pensamiento anarco-liberal cúlmine fue calando hondo en las sociedades, al punto de convertir al ideal del sujeto actual en aquel que sólo sirve si es capaz de valerse por si mismo, si es capaz de emprender una carrera creativa que lo lleve a destacarse del resto y de “triunfar” de forma individual. José Natanson en su editorial para el diario Le Monde Diplomatic de abril “Sobre los emprendedores” sostiene que el “héroe capitalista del siglo XXI es el emprendedor”, ese que un día desde el garage de su casa paterna crea Google, Apple o Facebook, y que de un santiamén es tan rico como nunca imaginó. Resulta que ese tipo de emprendedor continua Natanson, es el que el propio Macri quiere que sea cada uno de los 40 millones de argentinos, cosa que no estaría mal, concluye el politólogo, si esta idea no suprimiera las cuestiones de clase (Natanson no dice “clase”, por supuesto) y la diferencias de oportunidades que por su estrato social tendría cada uno de los 40 millones de emprendedores que quiere el Presidente.

Pero esta supresión no es inocente, no es un olvido. Es parte de la concepción ideológica del Macrismo que tanto tiene que ver con la reciente publicidad de Chevrolet que pide un mundo en donde se respete a una minoría que “tiene lo que tiene” por sus propios méritos, porque es “mejor” que la inmensa mayoría y que como bien supo definir Alejandro Dolina tanto tiene que ver con el Calvinimo. El purismo PRO que gobierna nuestro país en la actualidad construye su sujeto político a partir de negar las condiciones de posibilidad que cada sujeto tiene a la hora de emprender su desarrollo creativo. Y en esa negación, en esa supresión se materializa la total ausencia del Estado para equilibrar las condiciones de posibilidad entre los sujetos.

4Pero los neoconservadores que hoy gobiernan, también construyen su mundo a partir de cierta secularización y “desdramatización” de las tradiciones familiares tan caras a los viejos primeros neoliberales. Más allá de cierta alianza con un sector de la Iglesia Católica, el Macrismo no se caracteriza por hacer de la liturgia cristiana un dogma. Más bien prefieren “iluminarse” de cierta filosofía posmodernista new age, más preocupada por respirar bien que por cuestiones de cielo e infierno, pero que detrás de una supuesta actividad sin fines de lucro, esconde los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales.

Los hijos de los dueños del país que hoy gobiernan la Argentina, que se criaron siendo ceos y presidentes de la empresas de sus padres y que se hicieron todavía más millonarios durante el boom de la “patria contratista”, han traído a nuestro país lo más radicalizado de las tendencias de liberalismo extremo. No les interesa las grandes movilizaciones, no les interesa construir relaciones líder-pueblo, ni siquiera les interesa conservar las grandes tradiciones de la oligarquía vernácula. Llegaron como en los ochenta para destruir todo lo que suene a derechos sociales, pero además le agregaron una conceptualización política que tiene como objetivo la eugenesia de todos aquellos que estén aptos para sobrevivir en un mundo en donde el que no puede realizar sus  ideas, el que no se realiza como emprendedor, queda automáticamente afuera del sistema y en donde la idea de igualad de oportunidades es un concepto tan pero tan viejo, que ni siquiera lo han escuchado nunca.

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