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Entrevista a Alejandro Covello autor de “Batallas Aéreas…”  de ediciones CICCUS

 

“LOS BOMBARDEOS MASIVOS, COMO EL DEL 55’, TUVIERON MENOS DE OBJETIVO MILITAR Y MÁS DE SEMBRAR EL TERROR”

Por Daniel Bello

El primer contacto que tengo con Alejandro Covello fue a través de su libro “Batalla Aéreas” y en el cual el autor avisa desde un principio que su punto de vista será siempre desde un avión.
Con el correr de la lectura, uno logra tener una idea más cabal de cómo se conjugan los aviones y la política hasta desencadenar, finalmente, el 16 de junio y los bombardeos sobre Plaza de Mayo. Este hecho fue el preludio para el golpe de 1955 y la dictadura de la Libertadora con su historia de persecución, proscripción y asesinatos.

En “Batallas Aéreas”, el autor recupera la historia de Jorge Ernesto “Muñeco” Adradas, un patriota víctima de una noticia falsa -una fake news diríamos hoy- que afirmaba que Perón lo había premiado con una casa y un auto por derribar un avión. Por esta falsa acusación Adradas fue perseguido hasta el final de sus días.

¿Cómo surge la idea de hacer el libro “Batallas Aéreas?

Comienzo mi formación aeronáutica a los 17 años, hoy tengo 55, toda mi vida ese fue mi oficio. Estuve 17 años en la fuerza aérea y me retiré en 1999, de capitán, y nunca había escuchado esta historia del combate aéreo, entonces, fue lo que me impulsó a investigar, a saber qué había pasado para que la historia aeronáutica y política hubieran diluido este hecho.

Y entrevistando a un piloto, que aún vive y que fue protagonista de la mayor industrialización de la aeronáutica, que ocurrió durante el primer y segundo gobierno de Perón – además de piloto del Pulqui 1 y Pulqui 2-, llegamos al hecho del 16 de junio de 1955. Él me relata que hubo un combate aéreo: un avión de la fuerza área contra dos aviones de la aviación naval sobre la Ciudad de Buenos Aires.
En ese combate, el piloto Jorge Ernesto “Muñeco” Adradas – que es uno de los protagonistas finales de mi libro- les da pelea a estos dos aviones y derriba uno de ellos.

Era un combate aéreo, una historia totalmente desconocida, en donde un avión leal, podríamos decir, a la Constitución y que estaba defendiendo la Ciudad sale a combatir a la primer oleada de aviones navales.
Esa primera oleada fue de 30 aviones. Fueron 30 aviones entrando en línea sobre la ciudad de Buenos Aires y descargando 9 toneladas de explosivos.
Jorge Ernesto “Muñeco” Adradas defendió la ciudad, defendió un gobierno constitucional y derribó un avión, es un hecho único en la historia argentina y había sido desconocido para mí, y ahí empieza a gestarse mi libro “Batallas Aéreas”.

Habla de varias experiencias de la aviación, tanto en nuestro país como en el exterior, Güernica, Chaputelpec, Plaza de Mayo… ¿cómo fue ese proceso de conectar todas esas batallas aéreas y volcarlas al libro?

Primero explico el uso del avión en un empleo que se llama el bombardeo masivo, a partir de ahí, rastreo en la historia, desde 1911 cuando Italia tiene un guerra contra unas fuerzas anticoloniales y se produce el primer bombardeo con 5 bombas del tamaño de una naranja.
Desandando esa historia lo que se desprende es que los bombardeos masivos como Guernica, el 16 de junio, Alepo, como Hiroshima, tienen menos de objetivo militar, es decir, tienen menos de destruir un objetivo vital de una nación, como puede ser una reserva hidroeléctrica, un depósito de energía o armamento, y mucho más de terror.
Lo que se busca con estos bombardeos es sembrar el terror, es un elemento del terror dentro del terror de la guerra.

Tras esto, lo segundo que descubro es que siempre se hace un uso sobre el otro.
El primer uso del bombardeo se hizo sobre un otro que siempre representaba “la barbarie”; eran las ocupaciones coloniales de Italia, Francia, Inglaterra y de España. Se bombardeó sobre Marruecos, sobre Somalía, sobre Afganistan,
Y ahí, podemos conectarlo con esa secuencia que hago en mi libro desde 1924, la masacre de Napalpí en la provincia de Chaco, que es la primera vez que un avión, en Argentina, usa armamento de guerra contra argentinos, y eso es un hecho de represión que se despliega contra los Qom y los Wichis.

O sea, siempre hay un otro que no merece piedad.

Ese desarrollo de la idea de ese otro creo que termina con el bombardeo a Guernica, y es una de las causas por las cuales es el símbolo del bombardeo aéreo, porque es la primera vez que la civilización sembró el terror desde el aire contra la civilización. Anteriormente, era contra “la barbarie”.

Después de investigar la etapa del Bombardeo a la Plaza de Mayo y la consigna de “Matar a Perón”, ¿qué le agregó a lo que ya sabía de antemano?

Uno de los hechos destacables fue sobre el ideólogo del bombardeo. Un aviador naval, Jorge Alfredo Bassi, que dice que se inspiró en Pearl Harbor para el bombardeo del 16 de junio de 1955.Entonces, yo me pregunto era igual el escenario de un mundo en guerra en 1941 – con toda la defensa que había en Pearl Harbor: acorazados y de portaaviones – y un día jueves laborable, sobre el centro neurálgico de la Ciudad de Buenos Aires, contra lxs trabajadorxs del 16 de junio.
Directamente es una hipocresía decir eso y creo que lo que demuestra es el poco valor que se tiene del otro.
Los muertos, que fueron más que en Guernica, es otro hallazgo.
Comienzo a investigar el 16 de junio y encuentro, por ejemplo, que en ese 16 de junio hubo más muertos nominados que en Guernica. El 16 de junio hubo 318 muertos identificados con nombre y apellido mientras que en Guernica no llegan a 150 los muertos identificados.

El estudio del 16 de junio me dejó un montón de cosas, matar a Perón, fue una burda mentira, porque si vamos a la historia de los magnicidios, no hay ninguno de ellos que se haya llevado con 4 oleadas de aviones y toneladas de explosivos, francotiradores, bombas, y para confirmarlo solo hay que ir a buscar en la historia.
Matar a Perón fue una mentira, lo que se buscaba era sembrar el terror.

Habla de uso represivo que tuvieron los aviones en la historia, ¿cómo ve esa situación en la actualidad?

Al utilizar el artefacto avión como una arma de terror sobre las colonias, en principio, lo que infundía era terror, desmoralización y el hecho en sí era represión pura. Era sobre blancos civiles y su uso era represivo y policial. Inglaterra, que fue la creadora de la fuerza aérea, fue la primera y tenía esa teoría de dominio sin ocupación y lo hacía con aviones bombardeando oasis, mercados, a civiles, así lograban ese dominio.
Si quiero trasladar ese dominio a hoy lo que reemplaza al avión de esas primeras épocas en 1920 es el drone.

Hoy el drone tiene exactamente el mismo uso: dominio sin ocupación. Es un arma que llega a donde no llegan los ejércitos y no hace falta estar en guerra para recibir un ataque de drone.

¿Cuál es la teoría del drone? Hay un delincuente que se está escapando, entonces, puedo enviar un drone y a través de una bomba puedo eliminar, puedo asesinar, porque esa es la palabra, ya que no hay juicio.
Entonces, la teoría es el delincuente en la huida y que un policía le dispara.
Es la doctrina Chocobar.

Pensar en el uso de los aviones nos lleva inevitablemente a otra etapa en la que la Aerolínea de bandera tuvo un uso más ligado a lo social mediante la conexión de todas las ciudades del país.  Hoy esa función vuelve a estar en riesgo. Hay una consigna por estos días que dice que “Los cielos no se venden”, ¿qué reflexión te genera eso, después de atravesar la concreción del Libro?


No es más que lo que está sucediendo en el país. Los cielos son argentinos y hay soberanía y en esa soberanía hay bienes que son nuestros, como las empresas privadas argentinas, como los aviones argentinos y como el trabajo argentino.
Pero ese es el blanco de la política de este gobierno, destruir el patrimonio.
Te voy a dar un ejemplo, Aerolíneas Argentinas dejó de volar a Barcelona y la excusa que dieron es que no era rentable, pero en menos de una semana, hubo otras dos líneas aéreas haciendo esos viajes con la misma ruta que antes no los hacían porque los hacía Aerolíneas y con más de un vuelo por día.
Es entrega del patrimonio.

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