NUESTRXS HIJXS PREGUNTARÁN DÓNDE ESTÁBAMOS
CUANDO SANTIAGO NO ESTABA

 

Por María Quintero

Como hijxs de la década del 70, algunas reminiscencias son crueles. Lo son en las pesadillas por las noches, en algunos recuerdos de la infancia y en la escucha del relato de nuestros padres y madres y de quienes aún buscan a quien no están desde hace 41 años.  Pero desde hace 34 años hasta hoy había un amanecer. En algunos años con mucho más sol que en otros, es verdad, pero siempre con la ferviente convicción de que Nunca Más veríamos un Estado responsable de una desaparición forzada, negacionista y que avale prácticas represivas y de tortura psicológica (por ahora y hasta dónde sabemos) de quienes piensan distinto, de quienes reclaman en la calle por la aparición con vida de Santiago Maldonado, un nuevo desaparecido por el Estado, de quienes  defienden sus tierras, de quienes se oponen a los negociados millonarios con capitales extranjeros en favor sólo de una minoría rica y de un plan económico de ajuste que solo traerá más desocupación.

Hoy, la discusión central es Dónde está Santiago Maldonado. Y la pregunta  más importante es hasta dónde está dispuesto el gobierno en su afán de correr el eje de discusión, de impedir que el mundo pida por Santiago en las tapas de sus principales diarios. Hasta dónde y de qué forma busca silenciar  una desaparición forzada que pone en jaque la estabilidad de ésa minoría beneficiada por el plan económico de Cambiemos. La segunda pregunta y no menos importante es hasta dónde estamos dispuestos como sociedad de darles el consenso.

La espectacularización del conflicto social

Suena reiterativo pero es imperioso decir una vez más, en los tiempos que corren, que los pocos beneficiados por las políticas del gobierno son los mismo que son dueños de los medios de comunicación a través de los cuales se construye el relato de quiénes son los buenos y quiénes son los malos, de qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Los medios hegemónicos ponen en acción la espectacularización del conflicto social y todo se dirige, se guiona, se contratan  extras  y se edita como en una película, pero en la cual, sin embargo, a los únicos a los que la realidad supera la ficción y son golpeados, detenidos, torturados, es a los ciudadanos comunes. En esta producción de sentido no hay lugar para que nadie más sea participe del rodaje montado por los medios, por eso se llevan detenidos también a periodistas de medios comunitarios –  comunicadorxs que no son reconocidos mediáticamente- y que con cámaras o celulares registran el detrás de escena de la operación política. Cambiemos pone  hoy en serio peligro la libertad de expresión, la libertad de comunicar y la integridad física de quienes queremos ejercer nuestra profesión en una democracia plena y en un estado de derecho.

Una vez que todo está puesto en marcha, llegan los editoriales tan despreciables como peligrosos que buscan construir en el sentido común de la ciudadanía un enemigo interno al cual responsabilizar del accionar de las fuerzas de seguridad del estado. Un enemigo tan culpable que sea incluso capaz de lavarnos la culpa que tendremos como sociedad si miramos para otro lado ante tanto avasallamiento de derechos. Y es aquí donde todxs y cada uno de nostrxs como ciudadanos debemos prestar atención para no volver a tropezar dos veces con la misma piedra.

La dimensión represiva: Lo simbólico y lo real

Las políticas represivas siempre tienen la intencionalidad de ser destructoras de las relaciones sociales, de la solidaridad y de la participación social a través de la generación del miedo y del terror, por eso – en el caso particular del pasado viernes sucedió así- las detenciones son a cualquiera y no a quienes realmente generar los disturbios, para que la ciudadanía sienta que si participa solidariamente ante un reclamo “algo le puede pasar”. Las prácticas represivas, por su parte, tienen también sus estrategias para generar ese miedo, durante la dictadura militar muchxs fueron también detenidxs, torturadxs y devueltxs a la sociedad con el único fin aleccionador para el resto de la sociedad que escuchara su relato.

Es preocupante que casi todos los que han sido detenidos el viernes 1ro de septiembre hayan relatado escenas de tortura psicológica con frases como “Respondan o serán los próximos Maldonado”, “creían que la Noche de los lápices es solo una película” y que hayan hecho desnudarse a las mujeres detenidas para ser filmadas por los policías que debían cuidar su integridad física. A esta situación debemos sumarle que han sido detenidos y luego incomunicados durante 48hs. sin poder hablar ni con sus bogados ni con sus familias.

En este contexto, lo que como ciudadanía debemos comprender es que ante estos hechos de vulneración de derechos no debemos asustarnos ni mirar para otro lado sino mantener viva la memoria y la convicción de que nunca más como sociedad permitiremos que nos transformen en víctimas pasivas convenciéndonos de que hay justificación alguna para este tipo de violación a los derechos humanos. Sabemos, porque como sociedad lo hemos vivido y nos hemos culpado y arrepentido, de que cuando nos generan la idea de que hay  justificación para que estos abusos pasen, en realidad nos están inyectando un placebo que busca exculparnos de desviar la mirada y darles el consenso que necesitan para llevar adelante las políticas represivas.

40 años después, debemos ser una sociedad madura y responsable

Debemos poder recomponer y comprender la causalidad de lo que sucede. Hoy después de 40 años de democracia somos una sociedad más sana, más solidaria, menos cómplice y con menos miedo. Somos la gran mayoría de los argentinxs quienes no queremos repetir la historia más nefasta del país, y por eso nos encontramos el 1ro de septiembre en Plaza de Mayo, en paz, solidarios.  

Ya conocemos la práctica y por eso no vamos a caer en su trampa, hoy podemos reelaborar una forma de decirle que no a quienes buscan desde sus pedestales de privilegios convencernos de que vivimos una “guerra” entre ciudadanos. Tenemos elecciones en octubre, la herramienta más maravillosa de la democracia, para decirles que no estamos de acuerdo con sus políticas, que queremos vivir en una democracia, que queremos un país donde no haya más desaparecidos ni detenidos incomunicados y torturados psicológicamente, donde no haya más fraude electoral. Que queremos un país con trabajo y bienestar para todxs. Que queremos un estado de derecho en el que todxs podamos vivir sin miedo a manifestarnos.

#DóndeEstáSantiagoMaldonado

OTRAS NOTAS