CANDIDATAS, MILITANTES Y ELECTORAS

La participación de las mujeres en las PASO

Por Amadora Pajolchek y Tania Rodriguez

En estas PASO, el porcentaje total de mujeres en las listas de precandidatas/os fue del 44% por ciento, insuficiente para lograr la paridad representativa entre varones y mujeres aunque sí un avance respecto del cupo vigente del 30% (Ley 24.012 de 1991). Sobre todo, ante los embates argumentales que aluden a la meritocracia e idoneidad por sobre las condiciones históricas de desigualdad que cercenaron el ejercicio de derechos políticos a las mujeres en la Argentina hasta 1947 y que, en muchos casos, aún hoy se ven restringidos cuando se libra la conformación de las listas a la “mano invisible” de la voluntad de los partidos políticos salvando el tercio que la ley exige.

En nueve de las veinticuatro distritos (23 provincias y Capital Federal) los mayores porcentajes de votos los lograron boletas lideradas por mujeres. Se trata de Santiago del Estero, Santa Cruz, Río Negro, Mendoza, Jujuy, Chaco, Corrientes, la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. Entre ellas, seis listas representan o tienen alianzas con el frente Cambiemos (PRO-UCR) y tres con el peronismo-kirchnerismo.

Las precandidatas a diputadas ganadoras son: Elisa Carrió, de Vamos Juntos (CABA), Graciela Ocaña, de Cambiemos Buenos Aires (provincia de Buenos Aires), Claudia Ledesma Abdala, del Frente Cívico por Santiago (Santiago del Estero); Roxana Reyes, de Unión para vivir mejor – Cambiemos (Santa Cruz); María Emilia Soria, del Frente para la Victoria (Río Negro); Claudia Najul, de Cambiemos (Mendoza); Gabriela Burgos, del Frente Jujeño Cambiemos (Jujuy); Elda Pértile del Frente Chaco Merece Más (Chaco) y Estela Regidor, de Encuentro por Corrientes (Corrientes). En cuanto a las listas de precandidatas a senadoras, la única lista ganadora encabezada por una mujer fue la de Unidad Ciudadana en provincia de Buenos Aires, cuya candidata es Cristina Fernández de Kirchner.

En el caso de la provincia de Buenos Aires, la participación en las listas y el protagonismo electoral de las mujeres fue notoria, no sólo por el aumento de la representación sino sobre todo por el lugar ocupado en el debate público – o en la difusión de la campaña – por las candidatas o lideresas de espacios políticos. Los casos más visibles, sin dudas, fueron el de la ex Presidente Cristina Fernández y el de la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. En el primer caso, la visibilidad de la ex presidenta y candidata a senadora se coló necesariamente por los medios masivos dado el peso específico de su rol como principal opositora al gobierno nacional y su status de estadista. Aunque la estrategia de CFK fue sostener un perfil bajo con presencia en lugares de trabajo, instituciones sociales y espacios de referencia cultural, educativa y sindical, se logró la polarización con CAMBIEMOS apelando a la contraposición entre un pasado reciente benefactor versus un presente de insuficiencia en el que los derechos sociales son cercenados o desmantelados.

En el caso de la actual gobernadora de Buenos Aires, cabe destacar su activo rol a cargo de la campaña del candidato de Cambiemos, Esteban Bullrich quien tras cometer varios sincericidios fue desplazado a un segundo plano y refugiado en el carisma y la popularidad de Vidal. La campaña de CAMBIEMOS se desplazó de las –casi ausentes – propuestas para el Congreso hacia la denuncia permanente de corrupción en la gestión kirchnerista.

En ambos casos, quizás en línea con las campañas de líderes de popularidad disociados de estructuras partidarias, la apelación a las emociones fue el elemento común. Pero también lo fue, y esto entendemos que es producto del cambio de época, su condición de género. De un lado, por la histórica agresividad a la que fue sometida la ex presidenta y que en esta campaña recobró significación. Por el otro, por la asociación guionada de una “mujer-madre de familia” que “lucha contra lo que otros no quisieron luchar” y por eso, argumenta en su defensa Vidal, es atacada.

Las PASO nos dejan algunos debates pendientes de esta primer etapa de campaña donde el protagonismo de las mujeres adoptó más formas discursivas que programáticas. El aumento de precandidatas en las listas y las propuestas que sostienen o incorporan reclamos históricos del movimiento de mujeres en Argentina (la discusión en torno a la paridad electoral, la lucha contra las violencias de género, la legalización del aborto, o la eliminación de las brechas salariales, entre otros) son algunos de los indicios que reflejan un cambio de época para el feminismo. Sin embargo, los efectos que han tenido las políticas de desmantelamiento de derechos y de precarización laboral sobre el conjunto de la población se profundizaron en el caso de las mujeres, principalmente afectadas por la crisis económica y por la violencia que genera la carencia.

Para hacer frente a las políticas de ajuste, excluyentes por definición y de matriz política conservadora y machista, urge fomentar y fortalecer otras prácticas políticas, más democráticas, que abonen a la construcción de la igualdad y a la representación de mayorías. El feminismo tiene mucho más que candidatas para conformar listas, tiene una concepción igualitaria y de justicia de la política y la práctica colectiva cotidiana. Creemos necesario redoblar esfuerzos para que, hacia octubre y de cara a futuras elecciones, el discurso de época permeable a las demandas de las mujeres se convierta en práctica política porque en definitiva, la igualdad se practica.

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