Pepsico, una de las 10 grandes del mundo

 

LA INDUSTRIA ALIMENTICIA: CLAVE EN EL DESARROLLO NACIONAL Y
DEBE ESTAR EN MANOS DE EMPRESAS NACIONALES

 

Por Ignacio Vila – CEPA (Centro de Economía Política Argentina) –

El cierre de la planta de la multinacional Pepsico, que dejó a unas 600 personas sin trabajo, volvió a poner la cuestión alimenticia en el centro de la escena nacional.

El año pasado Pepsico facturó $ 4.800 millones en nuestro país, incrementando sus ventas un 26,3% en relación a 2015, cuando alcanzaron a $ 3.800 millones. Estos datos surgen de la Revista Mercado que elabora un ranking de las mil principales empresas del país. Según el informe, Pepsico ocupó el puesto 217 entre las mil compañías que más facturan en el país. Es por esto que no puede explicarse el cierre de la planta en término de fuertes caídas de sus ventas.
Pepsico es dueña de marcas muy reconocidas a nivel nacional y mundial, tales como Pepsi, 7 up, Gatorade, Tropicana, Quaker, Lays, Ruffles, Doritos y Cheetos. Tan exitosas son sus marcas en términos comerciales que, en 2016, la empresa tuvo ganancias por más de 10 mil millones de dólares en todo el mundo. Sin embargo, el nivel de reconocimiento de las marcas poco tiene que ver con los aportes nutricionales que incorporan sus consumidores. Se trata de alimentos hiper procesados, ricos en azúcar, grasas saturadas, conservantes, sodio y saborizantes artificiales, entre otros agregados. Alimentos que no alimentan.

En un artículo publicado en el diario norteamericano “The New Yorker”   el periodista John Seabrook escribió “Snacks for a fat planet” (Snacks para un planeta gordo), donde hace un paralelismo entre el crecimiento de las ventas de Pepsico y de los indicadores de obesidad de los Estados Unidos. El crecimiento de ambos índices  se dio de forma paralela.

En su informe “Tras la Marca”, Oxfam muestra que Pepsico es una de las “10 Grandes”. Es decir, es parte de un puñado de empresas que industrializan alimentos a nivel mundial y que manejan el grueso del negocio. “Durante más de cien años, las empresas de alimentación y bebidas más poderosas se han servido de tierras y mano de obra baratas para elaborar productos a bajo coste y obtener enormes beneficios. Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos beneficios se han generado a expensas del medio ambiente y del bienestar de comunidades de todo el mundo, y han contribuido a la crisis del sistema alimentario.” Los resultados son tremendos: el 60% de los pobres del mundo son campesinos, y la industria alimenticia es la principal responsable del efecto invernadero, la deforestación de bosques, la apropiación de reservas naturales de agua -como ocurre con Nestlé- y de un sinnúmero de catástrofes sociales, económicas y culturales que han sido causadas por estas megaindustrias.

Oxfam señala que el sistema alimentario es responsable del 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero globales y que éstas aumentan a medida que la demanda de alimentos incrementa. Otro pequeño detalle: Pepsico junto a Nestlé, Danone y Coca Cola son las 4 empresas que más gases emiten.

En este marco, pareciera una buena noticia el cierre de la planta de Pepsico en Argentina. Pero hay que pensar a esta empresa en clave mundial. Como hemos podido ver a lo largo de estos días, ya ha comenzado un proceso de importación de los productos de la marca. La presencia de la misma en las góndolas y en las casas de lxs argentinxs no va a cambiar ni un centímetro. Lo que se producía en la planta de Florida se va a seguir elaborando en algún rincón del mundo en el cual la empresa considere más rentable.

Como aseguraba Hernández Arregui en su libro “Nacionalismo y Liberación”, escrito hace unos 50 años, no es lo mismo la industrialización, que la industrialización nacional. La inversión extranjera responde a los intereses de un grupo de empresarios que posiblemente no conozcan ni donde queda nuestro país. Pero no hablamos de cerrarnos al mundo ni de rechazar a los inversores foráneos. Se trata de la necesidad de declarar a la industria alimenticia como un área clave del desarrollo nacional y ponerlo en manos de empresas nacionales. Que produzcan alimentos “que nos alimenten”, que no empobrezcan a lxs campesinxs, que generen trabajo digno en todo el territorio nacional y que respete al medio ambiente.

OTRAS NOTAS