Entrevista a Pablo Dalle sobre “Movilidad social desde las clases populares” – Editorial Ciccus

 

MOVILIDAD SOCIAL DESDE LAS CLASES POPULARES

Por PPV

¿Cómo surge la idea de realizar este trabajo que analiza las oportunidades de ascenso social en el país entre 1960 y 2013?

Dos motivos me impulsaron a estudiar la movilidad social desde las clases populares. El primero tiene que ver con mi propia historia familiar. Si bien no soy hijo de padres obreros, mis abuelos tienen orígenes en las clases populares. Soy nieto de inmigrantes gallegos por parte de mi madre y de judíos sefaradíes por la vía paterna quienes en sus comunidades de origen eran labradores, los primeros, y vendedores ambulantes y sastres, los segundos. Al llegar a Buenos Aires experimentaron una movilidad intrageneracional ascendente: mi abuelo materno fue ayudante en una despensa; lavacopas, lechero, tuvo un bar/restaurant y luego un hotel, estos últimos junto a socios paisanos. Mi abuela materna que había sido labradora en la aldea de Galicia, migró primero a Madrid donde trabajó como empleada de servicio doméstico hasta los primeros meses de la guerra civil española cuando decidió emigrar a Buenos Aires con su madre para trabajar en casas de familia porteñas. Años después al casarse con mi abuelo luego de reencontrarse de casualidad en Buenos Aires, se dedicó a tareas domésticas del cuidado del hogar y trabajó junto a su marido al igual que las esposas de sus socios en los negocios familiares: como cocineras y en la limpieza. Mis bisabuelos paternos varones fueron comerciante ambulante y operario en una fábrica textil/sastre cuenta propia. Mi abuelo paterno comenzó siendo vendedor ambulante junto a su padre y luego de casarse con mi abuela logro abrir sus propia sedería en la que trabajó mi abuela y sus tres hijos, entre ellos mi padre.
Mi papá se recibió de Licenciado en Química con mucho esfuerzo en la Universidad de Buenos pero no ejerció la profesión, siguió siendo comerciante y mi madre si bien no completó la misma carrera pudo hacer carrera laboral en Aerolíneas Argentinas en el área de facturación. La generación de mis padres ascendió notablemente en términos educativos en relación a mis abuelos pero le costó mucho desarrollarse profesionalmente, quizás porque carecía del habitus propio de los grupos profesionales más consolidados.
Sus nietos (mi generación) lograron graduarse en la universidad de Buenos Aire e insertarse en ocupaciones vinculadas a su formación. Durante mi niñez pasaba mucho tiempo con mis abuelos, sobre todo, los maternos porque mis padres trabajaban fuera de casa. Sentado en la “silla española” (la falda de mi abuelo) me contaban historias de su infancia en donde aprendía sobre un mundo tan distante como atrapante: la “Galicia rural” que con el tiempo fue incorporando como propio, sus historias de trabajos rurales, la inserción como lechero que implicaba un trato cotidiano con los caballos en el corralón de Barracas y por lo tanto recrear ciertas reminiscencias del trabajo en la aldea de Orense, lo mucho que querían a Argentina porque les había brindado posibilidades de mejorar sus condiciones de vida porque en Galicia la economía de las aldeas no les permitía vivir una vida digna.
De mi familia paterna recuerdo conversaciones de amigos de la familia sobre cómo el crecimiento de la sedería de mi abuelo en base a sus habilidades y “carisma para la venta” así como la transmisión de estos saberes fueron el resorte que impulsó que sus hijos varones continuarán el oficio familiar a través de sus propias sederías.
Cuando me propuse hacer una tesis doctoral me interesó conocer por qué y cómo se desarrolla un proceso de movilidad social ascendente entre varias generaciones de una familia. Me interesaba mi historia familiar en tanto experiencia social, la distancia de clase social que separaba a mis abuelos de mi generación que en la actualidad podía disfrutar de ciertos privilegios de las clases medias consolidadas. Me preguntaba: ¿En qué medida ello era posible para las familias presentes con orígenes en las clases populares?

Con el tiempo, a partir de mi formación como investigador en Ciencias Sociales en el grupo de investigación que dirige la Dra. Ruth Sautu fui descubriendo que mi interés por medir las probabilidades de movilidad ascendente desde las clases populares, estudiar qué factores la favorecen constituye una temática de raíz sociológica porque sus respuestas requieren reconstruir cómo se interrelacionan condiciones estructurales de posibilidad y la capacidad de agencia individual y familiar para tomar o crear oportunidades. Asimismo, comprendí que estudiar procesos de movilidad social implica indagar qué experiencias sociales y culturales están involucradas en un cambio de clase social, lo cual implica una mejora significativa no sólo en las oportunidades de vida sino también una transformación en el mundo de la vida cotidiana heredado: cambio de ámbitos de sociabilidad y círculos de frecuentación, tipos de salidas y usos del tiempo libre, reemplazo de gustos y costumbres, entre otros.
La movilidad ascendente es un proceso que requiere que se encadenen cursos de acción y transmisión de saberes y disposiciones a la acción entre dos o tres generaciones pero el carácter más abierto o cerrado que tiene la estructura de clases en distintos momentos históricos vinculado al tipo de desarrollo económico que promueve el Estado y las políticas que intervenienen sobre el grado de desigualdad de condiciones de vida entre las clases sociales y en la expansión de oportunidades desempeñan un papel decisivo.
El segundo motivo tiene un carácter más político. La movilidad social ascendente fue una ficción constitutiva de la sociedad argentina pero fue asimismo una experiencia social concreta. Fue una sociedad que durante buena parte del siglo XX tuvo un volumen mayor de clases medias en relación a otros países latinoamericanos y que otros países de desarrollo intermedio y como en todo el mundo en general su formación estuvo vinculada al ascenso social desde las clases populares. La amplia movilidad ascendente se produjo por un cambio estructural durante el modelo agroexportador, una corriente migratoria externa masiva y períodos de crecimiento económico a tasas elevadas que multiplicaban diversas ocupaciones con ingresos relativamente medios/altos que requerían habilidades profesionales, técnicas así como el florecimiento de oficios, comercios y talleres manufactureros en las grandes ciudades para satisfacer una demanda creciente. Se trataba de una sociedad relativamente próspera y dinámica en la cual, por debajo de la elite económica y política, las jerarquías de estatus no estaban del todo consolidadas. La experiencia colectiva de miles de familias inmigrantes probaba que se podía empezar de nuevo y asimismo que el peso de la mochila del origen social no era tan definitorio como en otras sociedades.
Durante el primer peronismo, la integración política y social de la de clase obrera con ingresos cercanos a las primeras y acceso a derechos sociales le otorgó otro sello distintivo al país: un mayor grado de equidad en el contexto latinoamericano. Es decir se trataba de una sociedad relativamente abierta e integrada, que experimentó con anterioridad a otros países una “democratización del bienestar social” –en los términos utilizados por Juan Carlos Torre y Eloisa Pastoriza para describir los años del primer peronismo. Estas transformaciones se concentraron en la región pampeana por lo que otras regiones permanecieron estancadas económicamente y su estructura social más polarizada y cerrada, dando cuenta de que el proceso de desarrollo en el país tuvo un carácter marcadamente desequilibrado; las migraciones posteriores desde estas regiones a las ciudades más dinámicas de la región pampeana son prueba de ello.
Frente a ello, me interesó conocer ¿qué efectos tuvo sobre las oportunidades de movilidad social desde las clase populares el cambio estructural vinculado a la reconversión neoliberal del modelo de acumulación económica en las últimas décadas del siglo XX que implicó el desmantelamiento de la industrialización por sustitución de importaciones y el desmantelamiento progresivo del Estado de Bienestar? ¿Qué cambios implicaron sobre la estructura de clases y las oportunidades de movilidad ascendente desde las clases populares?
A pesar de un proceso de crecimiento de las desigualdades y de cierre entre las clases sociales sobre todo en el período 1976-2002, creo que persiste una “cultura desafiante” de las desigualdades de origen como criterios de reconocimiento social forjada tanto en la idea de que con el esfuerzo continuado es posible ascender socialmente como en la de “justicia social”, posiblemente vinculadas a las experiencias sociales señaladas.

Las redes colectivas que son de apoyo para que las clases populares concreten sus aspiraciones de mejorar sus condiciones de vida, ¿cómo se comportan o qué caminos siguen cuando se llegó a ese objetivo?

Las redes familiares y colectivas densas son centrales para impulsar procesos de movilidad social ascendente pero su gravitación es diferente en distintos momentos. En las biografías de familias que analicé, todas ellas de origen migratorio: europeo, interno y de países latinoamericanos, al comienzo de la trayectoria migratoria las redes sociales de quienes emprendieron la aventura en busca de horizontes más amplios con anterioridad brindan apoyo y cubren necesidades básicas de los recién llegados: principalmente vivienda y ayuda para conseguir empleo, y esfuerzos conjuntos para construir la casa propia, asimismo permiten recrear la cultura de su comunidad de origen. La densidad de relaciones con la comunidad de origen puede actuar como un activo étnico, puede contribuir a reforzar una autopercepción positiva del propio grupo que contrarreste los mecanismos de discriminación que sustentan procesos de limitación de oportunidades y segregación espacial y socio-económica.
Sin embargo, para catalizar procesos de movilidad ascendente de larga distancia hacia estratos de clase media consolidada o clases medias altas es crucial el papel de contactos y redes sociales que se forman en las universidades o institutos de enseñanza terciaria, personas que pueden conectar a las personas provenientes de hogares de clase popular con oportunidades ocupacionales que no circulan entre las redes sociales de su familia de origen, del barrio y los amigos de la escuela.
En general las escuelas y los barrios interclases favorecen el ascenso social porque las familias obreras encuentran en las familias cercanas de clases medias modelos a imitar: tanto en sus valores como comportamientos.
Cuando las personas concretan procesos de movilidad social ascendente cambian en parte su entorno de relaciones sociales, este proceso implica vencer resistencias simbólicas, aprender los valores y modelos de comportamiento de la clase social de destino. Se trata de un proceso relacional, las clases medias establecidas y más aún las clases medias altas tienden a cerrarse a los recién llegados en los espacios de sociabilidad que comparten. Dicho cierre no es total ni completo, las diferencias que suponen las marcas de origen tienen su atractivo con frecuencia apoyado en un componente mayor de vértigo o incertidumbre.
Las personas que ascienden socialmente al hacerlo con frecuencia se distancian de sus redes sociales de origen, a veces traccionan a miembros de su familia de origen hacia mejoras en las condiciones de vida pero por lo general surgen tensiones intrafamiliares por vivir entre dos mundos experienciales diferentes.
Una cuestión central que me parece importante destacar es que una parte importante de las clases medias atribuye el ascenso social a historias individuales de esfuerzo personal sin considerar dos cuestiones importantes: que la movilidad social ascendente requiere el esfuerzo continuado de varias generaciones de una familia (al menos dos o tres) y el encadenamiento de acciones para alcanzarlo y que el Estado ha desempeñado un papel preponderante democratizando oportunidades: ya sea a través de la educación pública como a través de favorecer el crecimiento económico a través de la redistribución progresiva del ingreso en determinadas épocas así como con políticas de democratización de oportunidades. Además de la movilidad social familiar apoyada en redes, el libro analiza otro tipo de movilidad social ascendente, una movilidad de tipo colectiva, que implica la canalización de demandas a través de organizaciones de clase como los sindicatos. Este tipo de movilidad social pone en cuestión los criterios de distribución de recursos, y en nombre de otra legitimidad trastocan -sin eliminar- las fronteras de clase instituidas. Digo trastocan sin eliminar porque he analizado una experiencia de carácter reformista como lo fue la movilización de la clase obrera durante el kirchnersimo en la primera década y media del siglo XXI. Apoyados en sus organizaciones los obreros, reencontrando huellas de experiencias previas de lucha se sintieron protagonistas de un proceso de mejoras colectivas.
Por último, retomando el papel del Estado en la expansión de oportunidades y la democratización del acceso a las mismas, a pesar de avances importantes en la expansión de derechos, el Estado tiene mucho por hacer respecto de la calidad educativa de las escuelas en los barrios obreros/populares, la inversión de infraestructura en dichos barrios y políticas preventivas de salud. En la etapa reciente, se potenció la expansión del empleo registrado en la seguridad social de tipo profesional, técnico y operativo, lo cual implicó la recomposición de clases medias asalariadas y sobre todo de la clase obrera calificada. La desestructuración del mundo del trabajo afecta muy fuerte la reproducción cotidiana de las familias obreras y restringe sus probabilidades de lograr mejoras a través de sus descendientes.
Es necesario potenciar políticas que disminuyan la desigualdad de condiciones entre las clases sociales para disminuir la desigualdad de oportunidades entre ellas.

El concepto del progreso social en la Argentina ¿es una realidad o es un mito construido? ¿Cómo impacta esa afirmación de “Muchos se acostumbraron a vivir de los planes sociales y les ofreces trabajo y no quieren” sobre esos canales y caminos de ascenso y movilidad?

En relación a los planes sociales hay una confusión en el imaginario social. La gran mayoría confunde la Asignación Universal por Hijo con un programa de empleo lo cual implica que el Estado otorga un ingreso mensual a cambio de una contraprestación laboral. Así funcionaba el Plan Jefes y jefas de Hogar que llegó a tener una cobertura de más de 2 millones de beneficiarios en 2002 y comienzos de 2003, luego de la profunda crisis de 2001/2. En investigaciones recientes con Héctor Palomino que en buena medida se condensan en el libro mostramos que el volumen de los programas de empleo bajó notablemente en el período 2003-2015. A través de la EPH realizamos una estimación del peso relativo de los programas de transferencia de ingresos con contraprestación laboral entre 2003 y 2015: dichos programas pasaron de representar 7% de la población activa con empleo en 2003 a poco menos del 1% en 2013, lo mismo en 2015. Estos trabajadores sostenidos por el Estado se reabsorbieron con la amplia expansión del empleo entre 2003 y 2015, sobre todo en la primera etapa 2003-2008 donde el crecimiento multiplicó oportunidades de empleo sobre todo de “empleo asalariado registrado en la seguridad social de calificación operativa”, vinculado a lo que históricamente se pensó como las bases de conformación de la clase obrera calificada. Es decir, la direccionalidad de los cambios en el mercado de trabajo fue hacia una re-composición parcial del mundo obrero (en realidad una re-estructuración porque no se volvió a conformar las mismas condiciones objetivas de clase que durante la etapa de industrialización por sustitución de importaciones) pero se trató de una re-estructuración progresiva, no una desestructuración como tuvo lugar durante las políticas de apertura comercial, privatizaciones y desregulación económica.
La Asignación Universal por Hijo en cambio constituye la extensión de las asignaciones por hijo a los/as trabajadores/as desocupados y los asalariados no registrados en la seguridad social así como los cuentapropistas sin registro formal de bajos ingresos. Los resultados de esta política han sido positivos en relación a la permanencia en las escuelas y en mejorar las condiciones de vida de un sector importante de las clases populares: para resolver cuestiones básicas de reproducción material cotidiana, para acceder a zapatillas y ropa para enviar a los chicos a la escuela y acceder mejor al transporte e incluso ampliar posibilidades de esparcimiento.
En este marco de recomposición de las clases populares, sin embargo, emergieron discursos o estereotipos en la sociedad en general y con fuerza al interior de las clases populares que oponían al proceso de integración un proceso opuesto de marcación de límites, fronteras hacia los trabajadores precarizados: la estigmatización de quienes están vinculados a planes sociales. Este discurso atenta contra las posibilidades de mejoras sostenidas de las clases populares, en primer lugar porque se trata de la efectivización de un derecho universal y por el otro porque la base de un ingreso universal –aunque sea bajo- actúa en la práctica contrarrestando situaciones de sobre-explotación y dominación despótica y abusiva a la que cotidianamente se ven expuestos miembros de las clases populares para vender su fuerza de trabajo. El ingreso universal lo atenúa, de ningún modo, lo elimina. Quienes mencionan esa frase: “Muchos se acostumbraron a vivir de los planes sociales y les ofreces trabajo y no quieren” deberían recabar en qué tipos de empleos se ofrecen. ¿Por qué no mejoran la oferta? El acceso a un empleo asalariado registrado en la seguridad social de calificación operativa es un primer escalón de ascenso social en las familias de clases populares. Por ello su expansión debería constituir una meta societal.

El estudio analiza el papel de la educación en los procesos de movilidad social, qué sucede con esos caminos de la movilidad social en el contexto social actual, en el que el Estado ha contraído sustancialmente sus políticas en materia educativa.

El Estado a través del desarrollo de universidades públicas en barrios obreros del Conurbano bonaerense y regiones históricamente postergadas del país, acercó oportunidades hacia los jóvenes de familias de clases populares y clases medias bajas. En estas universidades, las barreras de clase en la sociabilidad cotidiana son más tenues que en las universidades clásicas ubicadas en la Ciudad de Buenos Aires. Este tipo de políticas son importantes porque la educación, especialmente la educación superior constituye un canal central de movilidad social ascendente aunque no implique nivelación de oportunidades porque los hijos provenientes de hogares de clases medias privilegiadas se apropian igual o más de la expansión de la oferta educativa e incluso hacen valer más los títulos de las universidades a los que asisten. Se trata de un fenómeno paradójico: si bien la educación no es un mecanismo de igualación de oportunidades, conviene estudiar porque es el canal de ascenso social más eficaz que tienen los hijos e hijas de familias obreras. En tal sentido es necesario continuar potenciando la finalización de la educación secundaria y el acceso y finalización de la educación superior.
La asignación universal por hijo contribuye en las familias de clase popular a sostener a sus hijos/as en la escuela secundaria. Las distintas fuerzas políticas en Argentina deberían acordar políticas educativas que privilegien doble jornada y calidad educativa en las escuelas públicas y en las universidades que tienen mayor presencia de jóvenes que son primera generación de estudiantes universitarios. Por ejemplo, es necesario potenciar programas específicos de metodología de estudio y pasantías laborales para evitar la deserción y promover el logro de las credenciales así como favorecer la inserción laboral de los graduados en áreas estratégicas del Estado para planificar el desarrollo.

¿Qué reflexión te merece la situación actual que atraviesa el CONICET?

Considero que el Estado cualquiera sea el gobierno debe potenciar la investigación científica. En las sociedades contemporáneas la inversión en investigación básica y aplicada es un elemento central que promueve senderos de desarrollo. Argentina requiere un papel activo del Estado en el desarrollo de las fuerzas productivas (aumentar el producto) y redistribuir mejor los bienes y servicios que produce. El desarrollo científico es crucial para generar círculos virtuosos de crecimiento y para poner la lupa en cómo redistribuir los recursos para mejorar el nivel de vida la población en su conjunto.
Respecto de la coyuntura actual sobre el ingreso a la carrera de investigador/a, el Estado debería incorporar a quienes fueron recomendados por sus comisiones y mantener el ritmo de crecimiento del CONICET. Dichos investigadores cumplieron todos los requisitos que se les solicitaba, presentaron y defendieron sus tesis doctorales en tiempo y forma, publicaron en revistas académicas con prestigio internacional, desarrollaron una línea de investigación que hizo crecer a sus equipos, etc. ¿Por qué no pensamos al revés? ¿Y si no se incorporan? El Estado estaría perdiendo recursos valiosísimos, se dispersan grupos de trabajo, se discontinúan líneas de investigación, disminuiría el proceso de formación de nuevos jóvenes a lo que estos nuevos investigadores formarían en el futuro, etc.
La incorporación de investigadores al Estado implica incorporación de empleo altamente calificado que puede multiplicar las oportunidades laborales. El proceso opuesto, de no incorporación, puede conllevar la “emigración masiva de científicos” lo que resultaría muy perjudicial para el desarrollo económico-social-cultural del país. Hay que continuar la apuesta por la ciencia que impulsaron los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández e incluso potenciarla. Es necesario acordar políticas de Estado más allá de las fuerzas políticas que conducen el Estado en las distintas coyunturas. Apostar a la actividad científica implica en el mediano y largo plazo expandir las ocupaciones más calificadas lo que implica un “empuje” hacia arriba del conjunto de la estructura social.

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