DE SIMBOLOGÍAS UNIVERSITARIAS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

 

Por Ludmila Centurión Girola

Hace poco menos de un mes, los medios argentinos de comunicación contaban que la Universidad de Buenos Aires se ubicó, por tercer año consecutivo, como la mejor universidad de Iberoamérica – también como una de las 100 más prestigiosas del mundo –   según el relevamiento de la consultora internacional “QS World University Ranking”, que basa sus investigaciones en la calidad de la enseñanza. Sin embargo, esta noticia se contrapone con el peligroso meta-mensaje que el Gobierno Nacional intenta imponer sobre la educación pública en general y sobre la de nivel superior en particular.

Repasando un poco la legislación educativa argentina, en la nefasta década de los 90, el sistema educativo cambió para favorecer a las escuelas privadas ofreciendo hasta un 100% de subvención para el sostenimiento de dichas instituciones. A costa del presupuesto educativo nacional, esta acción produjo más desprestigio y desfinanciamiento de la escuela pública, situación acompañada por la crisis social. Las escuelas públicas se ocuparon y preocuparon más por ser un espacio de contención que una institución de enseñanza y aprendizaje.

Durante la década anterior, 2003-2015, el Gobierno Nacional destinó más del 6% del PBI a la educación, creó una ley más inclusiva y participativa y creó un Ministerio de Ciencia y Tecnología para abordar una mirada a largo plazo sobre la importancia de la revolución tecnológica. Esto revivió el valor de recuperar y formar más científicos argentinos que se desarrollen para el bien común de nuestra Patria. En respuesta a esta decisión de Estado, el conjunto del pueblo argentino ha recibido múltiples avances en materia científica, entre los años 2013 y 2015 las victorias de las políticas desarrolladas fueron noticia mundial: desde el Arsat recientemente privatizado en una maniobra más que polémica, hasta una vacuna contra el cáncer de pulmón desarrollada por las Instituciones argentinas: Universidad Nacional de Quilmes, el Instituto de Oncología Roffo, el Hospital Garrahan, el Conicet y la Universidad de Buenos Aires, en colaboración con el Centro de Inmunología Molecular de La Habana (CIM) y el Laboratorio Elea. Pero según este gobierno, con la gestión anterior estábamos aislados del mundo.

Actualmente, el gobierno de Cambiemos presentó una demonización de los científicos, los recortes del CONICET como medida más pura de esta iniciativa por borrar a la “pesada herencia”.

Claro ejemplo es el desfinanciamiento del programa RAICES, creado en el año 2003, y destinado a establecer redes de conexión entre los científicos argentinos en el exterior y que fue institucionalizado a través de una ley durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, en noviembre de 2008. Gracias a este programa, se consiguió la repatriación de más de  ochocientos científicos argentinos radicados en el exterior revirtiendo la “fuga de cerebros” que existió en el país durante décadas.  Repatriarlos fue el primer paso para lograr los éxitos científicos que hoy nuestro país puede ostentar gracias a una decisión política concreta que planteaba fortaleces la capacidad de lxs argentinxs de investigar y desarrollarse en y con el Mundo. Un  logro que debería enorgullecer  a todo el pueblo.

En este contexto, debemos detenernos en un detalle: hace unos días, un joven argentino fue reconocido mundialmente por su aporte al cuidado del medioambiente.  Jerónimo Batista Bucher,  un ex alumno  de la escuela ORT, Institución creada en 1936, bastión de la educación privada de nivel medio.

Actualmente, Jerónimo estudia en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), como la mayoría de los jóvenes argentinos que con el gobierno anterior pudieron acceder a una Universidad Nacional Pública y cercana como parte del plan de las políticas públicas al servicio una ciudadanía con mayor formación.

Sin embargo, Bucher fue destacado por los medios que responden al oligopolio mediático del Grupo Clarín por su formación en la Institución Privada ORT, dejando de lado su formación en la Universidad Pública de la UNSAM.

Los titulares destacaron cómo nuestro compatriota “deslumbró a la Canciller Angela Merkel” abordando los logros en materia ecológica alcanzados como un logro personal y borrando el contexto político social que posibilitó que este hecho pueda convertirse en una realidad efectiva. El nuevo paradigma sobre la educación superior que posee el Gobierno Nacional y el Gran Negocio Argentino Clarín, es enaltecer una propuesta meritócrata. A costa de continuar desprestigiando y negando la calidad de la Escuela Pública Nacional y de las Universidades Públicas -mal denominadas “trincheras del kirchnerismo”-.

Pilar fundante para pensar el futuro de todas y todos los argentinxs es no permitir que este Gobierno neo-colonialista mande a “lavar los platos” a nuestros científicos bajo el modelo agroexportador como única vía de desarrollo. Hay varias generaciones que los últimos años fueron protagonistas de un sistema educativo superador, mejorable seguro, pero guía para consolidar una industria científica y tecnológica que enriquezca la batalla cultural en post de una mayor conciencia Nacional y Popular.

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