COMER MAL, INFORMARSE PEOR
El negocio de los medios en la difusión de alimentos perjudiciales para la salud

Por Ignacio Vila – Centro de Economía Política Argentina (CEPA) –

Los grandes jugadores del mundo alimenticio y de los medios de comunicación son socios estratégicos en una empresa que busca multiplicar las ganancias empresariales a costa de la salud de los consumidores. La industria alimenticia cada día produce peor con la excusa de minimizar los costos de producción y saca al mercado alimentos que, no sólo no son nutritivos, sino que además son dañinos para la salud.

Esta situación se ve reflejada en los medios de comunicación concentrados ya que son los principales difusores de este tipo de alimentos. La explicación es muy sencilla. Son los grandes productores mundiales de alimentos los mayores auspiciantes de los medios masivos de comunicación, quienes en nombre de la libertad de prensa sólo defienden la libertad de empresa.

Por un lado, un sistema alimentario humanitario debería tener como objetivo central el abastecimiento de alimentos nutritivos y saludables a toda la población. Por el otro, el sistema de información nacional debería tener como principal finalidad generar y difundir información clara a la ciudadanía sobre las realidades de los diferentes sectores. Sin embargo, la realidad actual dista mucha de los objetivos planteados.

En la actualidad, los objetivos de los actores dominantes de ambos sectores son claros: maximizar la ganancia empresaria a cualquier costo. De acuerdo al “Informe de investigación: Publicidad de alimentos dirigida a niños y a niñas en la TV Argentina”, casi 9 de cada 10 alimentos que se publicitan en los programas de televisión para niños y niñas tienen bajo nivel nutritivo. Los medios de comunicación buscan convencer a nuestros hijos e hijas para que consuman alimentos que no alimentan. Los niños y niñas presentan dificultades para identificar la publicidad y reconocer su objetivo comercial e intención persuasiva. Es por esto, que los anuncios de alimentos y bebidas altamente energéticos y pobres en nutrientes influyen en las preferencias, las peticiones de compra y los hábitos alimentarios en el público más vulnerable.

Como asegura OXFAM, “en un mundo con 7000 millones de consumidores de alimentos y 1500 millones de productores, menos de 500 empresas controlan el 70% de los alimentos”. Aunque la gran cantidad de productos disponibles puede hacer pensar que los consumidores tienen muchas opciones, lo cierto es que la mayoría de esas latas, cajas y botellas las producen unas pocas empresas. Entre los 5 productores de alimentos más grandes del mundo encontramos a Kellogs, Nestlé, Danone, Pepsico y Unilever, organizaciones harto conocidas en Argentina.

Paralelamente, el caso de México es ejemplificador. Tras la firma de tratados de libre comercio con diferentes países y regiones del mundo, los mejicanos se transformaron en unos de los principales procesadores de alimentos a nivel mundial y sufrieron un fortísimo cambio en sus hábitos alimenticios. De acuerdo a un informe realizado por GRAIN, el aumento de la prevalencia de la obesidad en México está entre las más rápidas documentadas en cualquier parte del mundo. De 1998 a 2012, el porcentaje de mujeres con sobrepeso creció de 25 a 35.5%. Como si fuese poco, la Federación Mexicana de Diabetes señala que entre 6.5 y 10 millones de mexicanos —7% de la población— sufre de diabetes, y más de uno en cada cinco personas, entre las edades de 65 y 74, es diabética.  Aún más, cerca del 13% de la población general es intolerante a la glucosa y 80% de las amputaciones de pierna ocurre en pacientes diabéticos. Es la tercera causa principal de muerte, directa o indirecta.

Así, el “Informe de investigación: Publicidad de alimentos dirigida a niños y a niñas en la TV Argentina” permite comprender cómo es posible que los medios de comunicación difundan y sugieran de manera cotidiana que nos alimentemos con productos que nos enferman, con un dato contundente: casi el 20% de la publicidad emitida por los canales de TV analizados pertenecen a la industria alimenticia. Desde esta perspectiva, la industria alimenticia no utiliza los medios masivos de comunicación como una simple herramienta comercial, sino que más bien financia a los medios para asegurarse de que estos no nos cuenten la realidad productiva de la gran industria alimenticia.

La alianza de esta industria con los grandes medios de comunicación en búsqueda de la maximización de la ganancia está deformando el sentido político de los alimentos, pero también oculta la idea de la comunicación y del acceso a la información como derechos humanos. La deformación de ambos sistemas deja claros ganadores y perdedores. Pueblos mal alimentados y enfermos producto de la mentira y la desinformación, y un minúsculo grupo de empresas con ganancias millonarias.

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