Entrevista a Sergio Pujol

DISCÉPOLO GANÓ UNOS CUANTOS ROUNDS
DE LA BATALLA CULTURAL”

Por Javier Tucci

PPV habló con el historiador, periodista, escritor como pocos y profesor de Historia del Siglo XX de la Facultad de Periodismo y comunicación Social de la UNLP, Sergio Pujol, para que nos cuente sobre la reciente reedición de su libro “Discépolo, una Biografía Argentina”, que fuera publicado en 1997. Esta nueva versión, ampliada y corregida, brinda aún más detalles que la original luego de la aparición de nuevas cartas y documentos de Enrique Santos Discépolo.

Pujol analiza en esta entrevista la figura de Discépolo como un pilar fundamental de la cultura popular argentina. Y hasta lo trae a la actualidad en una jugada histórica maradoniana para desencriptar mensajes del pasado con una mirada puesta en el futuro.

Discépolo: profeta del Siglo XX

Socialista, luego anarquista y finalmente peronista, el poeta, compositor, dramaturgo, actor y cineasta argentino nacido en el barrio de Balvanera el 27 marzo 1901 retrató como pocos la primer mitad del siglo XX en este pedacito de mundo, a través de sus composiciones mundanas. Y lo hizo a través de la vidriera del caos y el bajofondo que produjo la temprana década infame del ’30 sobre las capas populares, en paralelo a los estruendos de la gran crisis del ’29.

Como un pesimista frunkfurtiano, Discépolo supo encarnar ese personaje de rrioba del submundo y noche porteña de calle Corrientes como ninguno. Y aprovechó esa característica de arlequín, una recreación a lo Chaplín, del juego tragicómico sobre los embates de la vida moderna. Lo que le sirvió para coquetear con lo que producía el Tango, esa idea de glamour afrancesado, pero sin sacar los pies del plato del Yira Yira.

También fue un incansable militante Peronista de la última hora en los albores de los cincuenta que supo, también como ningún otro, caracterizar y enfrentar al medio pelo y cipayo argentino en su inolvidable ciclo radial ¿A mí me la vas a contar?, donde le dio forma a su monólogo dedicado a Mordisquito.

¿Cómo y cuándo llega a Discépolo? y ¿por qué utilizó la bajada de ‘Biografía Argentina’ en el libro?

Como autor y compositor, Discépolo ha estado presente en mi vida desde la infancia. Mi madre es muy tanguera y solía hacer las tareas domésticas cantando tangos de diversos autores, con Discépolo en primer lugar. Pero la idea de escribir una biografía surgió un poco por casualidad. En 1993 publiqué una bio de María Elena Walsh para una editorial nueva. El libro anduvo muy bien de ventas y el editor, Julio Acosta, me propuso hacer un libro similar con algún artista del mundo del tango. Recuerdo que tiró tres nombres: Troilo, Goyeneche y Discépolo. Inmediatamente me incliné por Discepolín al que, obviamente sin desmerecer a los otros, admiro profundamente. Hay en la obra y la vida de Discépolo un espesor histórico muy particular.

¿Qué le agregó a esta nueva edición?

Más información sobre su estadía en México y su romance con Raquel Díaz de León, madre de Enrique Luis, fruto de aquella relación. Afiné un poco más el análisis de algunos tangos – incluso de “Cambalache” – y pude ver completa y con sonido de Mateo, el primer protagónico de Enrique en el cine, porque sólo había una copia “muda” cuando escribí la primera versión del libro.
Hice también una investigación gráfica y fotográfica mucho más completa. Quedé muy conforme con el dossier de más de 50 fotografías – muchas desconocidas hasta ahora – de una figura de tanta presencia en el campo visual de la cultura popular argentina. En cuanto a la discografía, la amplié sustancialmente. Y escribí un nuevo prólogo, que en cierto modo se puede leer como un ensayo independiente sobre la actualidad de Discépolo en el siglo XXI.

En las últimas horas de su vida, en el ciclo radial ¿A mí me la vas a contar?, Discépolo le habla a mordisquito, al gorila argentino, y le dice “sos el pasado que quiere volver por amor propio, idea mezquina la tuya en esta hora de grandes decisiones (…)”. Trayendo ese mensaje al presente, a esta hora donde también se dan grandes decisiones para la Patria gobernada otra vez por el neoliberalismo, ¿ve a alguien con ese bichito Discepoleano capaz de ponerse del lado del pueblo contra los mordisquitos actuales?

Indudablemente mi libro tiene otros interlocutores en 2017. Cuando salió la primera edición gobernaba el país Carlos Saúl Menem, un peronista convertido al neoliberalismo. Muchos conocían y admiraban al Discépolo del programa de Mordisquito, pero sus monólogos eran vistos como piezas de un pasado lejano al que incluso muchos peronistas daban por cancelado o superado. Todo cambió en los últimos años en la Argentina. Es sorprendente la actualidad que aquellas increpaciones al antiperonista cobraron al fragor de la experiencia kirchnerista.  De hecho, han sido glosadas en programas de radio y circulan mucho por las redes sociales y YouTube.

Asimismo, cabe decir que la relación entre sociedad civil y Estado es muy diferente hoy de lo que era en 1951. Si por un lado, la mayoría de los medios estaban entonces en mano del gobierno y, en ese marco, Mordisquito estaba solo y resentido en términos mediáticos, la relación de fuerzas en los últimos años se inclinó claramente a favor del anti-peronismo, siempre hablando en términos de comunicación. Concretamente, en tiempo de Discépolo los medios del Estado no tenían el poder que hoy tiene el grupo Clarín, por la sencilla razón de que el mundo no estaba tan modelado por los media como lo está hoy. Recordemos la famosa frase de Perón: “Gané con todos los medios en contra, me dieron un golpe con todos los medios a favor”.

Yendo a tu pregunta, te diría que el discurso discepoliano está diseminado en muchos comunicadores (Dolina, por ejemplo), pero sin la agudeza y el enorme potencial dramático de su creador. Por otra parte, el principal argumento de los críticos al peronismo histórico –que en esos años no había libertad de prensa – no tuvo ningún fundamento en la Argentina K, por más que se mencionara al programa “6,7,8” como ejemplo de cooptación del discurso de los medios. Finalmente, por más grave que sea el gobierno de Macri para la mayoría de los argentinos/as, que haya llegado al poder por sufragio y no por un golpe de estado marca una diferencia muy importante respecto al ’55. En ese sentido, las conquistas de derechos de los últimos años no podrán barrerse fácilmente; el clima de protesta social que vivimos hoy es una prueba de ello. En ese sentido, Discépolo ganó la batalla cultural. O por lo menos unos cuantos rounds.

En el libro señala que fue nuestro primer punk en clave de tango. ¿Por qué lo representa de tal manera?

Eso fue una provocación a los tangueros. Quise decir que si los tangos de Discépolo tienen una llegada tan directa a públicos que no escuchan tango a menudo, quizá eso se deba a que su vena crítica y al mismo tiempo desencantada se continuó en otras formas culturales. Después de todo, el No Future de los punks no está tan lejos de “Cambalache”, ¿no?

En una entrevista que le realizó la radio de Biblioteca del Congreso de la Nación, usted decía que el libro le había traído pura alegría pero que Tania (pareja de Enrique) se había enojado mucho debido a que reveló que Enrique había tenido un hijo con la actriz mexicana Raquel Díaz de León. ¿Habló con Tania alguna vez para limar asperezas? ¿Fue finalmente Enrique Luis Discépolo Díaz de León reconocido como hijo de Discépolo?

A Tania la entrevisté una vez, en su casa, y luego le hice varias consultas telefónicas, pero cuando salió el libro cortamos relación. Mejor dicho, ella cortó conmigo. Me sorprendió bastante esa reacción en una mujer que estaba de vuelta de tantas cosas, porque si bien fui el primero en mencionar en un libro la historia de Raquel y Enrique Luis, también fui uno de los primeros en tratar bien a Tania, si podemos decirlo en esos términos. Ella jugó un papel importantísimo en la vida de Enrique. Me apenó bastante su reacción; evidentemente, toqué temas que para ella no estaban cerrados del todo. Lo que sí estaba cerrado del todo era el tema de la herencia. Al no ser reconocido por su padre, poco y nada es lo que Enrique Luis ha podido hacer frente a la justicia.

¿Cree que está vigente el pensamiento profético de Discépolo? ¿En dónde lo ve? 

Lo veo en el uso extensivo de frases de sus tangos, cómo ha impregnado el discurso social. Se trata de un uso políticamente indiscriminado: se lo cita por izquierda y por derecha.

Hacia finales de los ’40, Discépolo se había transformado en un militante peronista para despabilar un poco frente a los macaneos que pululaban por ahí. ¿Fue Discépolo una de las patas culturales más importantes que tuvo el peronismo para generar conciencia?

No lo creo. La conciencia política del peronismo ya estaba muy consolidada cuando Enrique hizo pública su adhesión al gobierno. Sí creo que Discépolo contribuyó, en alguna medida, a la formación ideológica de quienes llegaron al peronismo después del 55. Por ejemplo, en 1973, bajo el gobierno de Cámpora, hubo una fuerte reivindicación de la figura de Discépolo. Se crearon centros culturales con su nombre y el teatro Presidente Alvear volvió a llamarse Enrique Santos Discépolo.

Entre los años ‘40 y ’50, el tango supo contar con dos de sus máximos representantes como fueron Discépolo y Homero Manzi, que precisamente eran peronistas ¿Fue sólo una excepción a la regla, o podríamos aventurar que dentro del género coexistieron diferentes corrientes ideológicas?

Los tangueros mayormente adhirieron al peronismo. Siendo

secretario de Trabajo, Perón aunó lazos con Sadaic – por entonces dominada por músicos de tango – y su gobierno tuvo muy en cuenta la situación gremial de los músicos. Pero también hubo otras filiaciones. Osvaldo Pugliese era afiliado al PC. Y no la pasó nada bien.

¿Qué le diría a las nuevas generaciones sobre este personaje de la cultura porteña-Argentina?

Les diría que lo escuchen con atención. Que exploren toda su obra, que no es demasiado extensa. Que la disfruten, ya que en ese disfrute van a encontrar seguramente una emoción muy profunda.

Si en Cambalache Discepolín caracteriza al siglo XX como problemático y febril ¿Cómo Sergio Pujol, desde su profesión como historiador e intentando hacer una caracterización discepoleana, proclamaría al siglo XXI?

No me atrevería a tanto. No soy Discépolo, que diagnosticó un siglo cuando este todavía no había promediado. Sí puedo decir que la caracterización de “problemático y febril” no necesariamente debe interpretarse en un sentido negativo. Quizá el desafío que nos aguarda sea el de cargar de otro significado aquella adjetivación de los tiempos modernos.

RECOMENDADOS

Si querés conocer otras obras de Sergio Pujol acercate a tu librería amiga y pedí por Jazz al Sur. La música negra en la Argentina (Emecé, 2004); Discépolo, una biografía argentina (Emecé, 1997); Rock y dictadura. Crónica de una generación 1976-1983 (Emecé, 2005); Historia del baile. De la milonga a la disco (Emecé, 1999); En nombre del folclore. Biografía de Atahualpa Yupanqui (Emecé, 2008); Como la cigarra. Biografía de María Elena Walsh (Emecé, 2011); Canciones argentinas 1910-2010. Cien años de música argentina (Emecé, 2010) y su última obra titulada Oscar Alemán. La guitarra embrujada (Planeta, 2015).

PARA DISFRUTAR A DISCÉPOLO

 

* Sergio Pujol es también investigador del Conicet y conductor desde hace más de tres décadas del programa radial “Influencias”, emitido por Radio Universidad Nacional de La Plata

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