ECUADOR: MUCHO MÁS QUE UNA BISAGRA GEOGRÁFICA PARA AMÉRICA LATINA

Por Miguela Varela 

Las elecciones ecuatorianas se erigen como la bisagra para comprender el pasado reciente y el futuro político y económico de América Latina. Si bien es cierto que el ciclo de los gobiernos progresistas ha sufrido recientes cimbronazos en Argentina y Brasil, no se trata de un fin de ciclo.

Fuente: “Coeficiente de Gini Nacional”- Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo. Indicadores de Pobreza y Desigualdad. Diciembre 2016.

Cuando analizamos las intenciones de voto en Ecuador, observamos cierta ventaja por parte del candidato del oficialismo, Lenín Moreno, un candidato de poco carisma, bajo perfil e incluso con un bajo nivel de conocimiento por fuera de Ecuador. Alianza País, en este caso,  apostó a la revalidación del proyecto político más allá de las cualidades individuales del candidato en cuestión. En ese sentido, se trata de un proyecto sólido en términos políticos y económicos con muchos logros que mostrar: desde 2007 hasta 2015, se han aprobado más de 190 leyes que transformaron las relaciones de poder e impulsaron las garantías sociales a todos los ciudadanos, tales como los derechos del Buen Vivir, la recuperación de las facultades del Estado y la limitación del poder de las grandes corporaciones. Además, tenemos que mencionar que más de un millón de ecuatorianos superaron la línea de la pobreza. En términos de crecimiento del PBI, según las estimaciones de la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), a pesar de la última crisis internacional, Ecuador creció un promedio 3,9% entre 2007 y 2015, comparado con el 2,9% de América Latina. Más aún, se trató de un crecimiento económico que mejoró los índices de desigualdad, ya que la relación del ingreso promedio del 10% más rico de la sociedad con relación al 10% más pobre bajó de 42 a 25 veces, acortando la brecha entre las franjas de mejores y menores ingresos. Esto se evidencia en la disminución del coeficiente de Gini que, entre 2007 y 2013, bajó en 6 puntos (del 0,55 al 0,49), mientras en el mismo lapso la región lo redujo apenas dos puntos (0,52 al 0,50).

Fuente: “Evolución del Desempleo Total Nacional”- Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo. Indicadores de Pobreza y Desigualdad. Diciembre 2016.

Por último, no es menor mencionar los logros en términos de empleo y salario de los ecuatorianos: según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, Ecuador pose la tasa más baja de desempleo de Sudamérica con 4,3% al año 2015, por debajo de Perú, Argentina y Chile. En cuanto al salario básico, antes de la Revolución Ciudadana su valor era de 160 dólares y ahora alcanza los 366 dólares, es decir, antes el salario sólo cubría el 40% de la canasta básica, mientras que hoy la cubre en su totalidad.

Vaivenes latinoamericanos

En términos latinoamericanos, si bien la derecha viene avanzando posiciones durante los últimos meses, esta avanzada sufrió algunas pequeñas derrotas: Venezuela muestra una situación marcadamente mejor que hace exactamente un año atrás tras la derrota del chavismo en las elecciones legislativas. Por un lado, la oposición no logró “sacar a Maduro en un lapso no mayor a 6 meses” como lo había anunciado el Presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup. En segundo lugar, no se espera de Donald Trump la misma política intervencionista que tuvo la administración Obama, reduciendo la cantidad de recursos económicos para la oposición, lo que ya se vio reflejado en la última movilización en contra del gobierno de Maduro, a la que acudieron una cantidad irrelevante de personas, si la comparamos con las movilizaciones opositoras que se venían realizando. Además, en Argentina y Brasil, tras la asunción de los gobiernos conservadores, ambas gestiones han dejado mucho que desear ya que la imagen de Macri y de Témer vienen cayendo fuertemente ante la opinión pública. Por otro lado, el contexto boliviano no logra convertirse en una arena del avance conservador ya que, si bien Evo Morales fue derrotado en el última referéndum constitucional de 2016, la oposición no sólo no logra disfrazar a su tradicional casta política, sino que tampoco logra consolidarse ni presentar un programa serio de gobierno.

Estos traspiés de la revancha conservadora tienen que ver con desaciertos al analizar el nuevo escenario internacional. Ya no se trata, como en su última etapa en el poder, de un contexto con un claro hegemón como Estados Unidos, ni con instituciones de gobernanza mundial legítimas y respetadas como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio; ni con reglas de juego claras en la economía y el comercio internacional como la apertura comercial y la libre circulación de capitales. Estamos ante un nuevo contexto, donde todos esos factores se modificaron: en primer lugar,  Estados Unidos ya no es el líder indiscutido a nivel global sino que comparte esta preeminencia con China y otros países emergentes; en segundo lugar, las viejas estructuras de toma de decisiones fueron cuestionadas después de las consecuencias económicas y sociales posneoliberales, y por su fracaso en anticipar y brindar soluciones frente a la última crisis económica internacional de 2008; y en tercer lugar, las dinámicas económicas y comerciales marcan un flujo de las inversiones a los países con mayor estabilidad y desarrollo, una alta tasa de interés internacional que hace de la deuda externa una receta poco recomendable, y un comportamiento proteccionista de las grandes economías del mundo.

En esta línea de acontecimientos, un triunfo de Alianza País en Ecuador, es una oportunidad para demostrar que el avance de los gobiernos nacional-populares no se enmarca sólo en fuertes liderazgos, sino en proyectos políticos que buscan conformar sociedades más igualitarias, en un contexto donde todavía es posible revertir la tendencia conservadora, si se lee bien el tablero mundial. Ecuador no es sólo un país bisagra en términos geográficos, sino también en cuanto al futuro de América Latina.

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