RACISMO COMERCIAL

Por Ignacio Vila y Miguela Varela – Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

Atrás del discurso racista de Trump, particularmente dirigido a chinos y mejicanos, encontramos un punto en común: el déficit comercial de la potencia con ambos países. El gigante asiático y su formidable crecimiento de los últimos 25 años ha venido desplazando a la potencia norteamericana y pone en jaque la idea de Estados Unidos como única potencia hegemónica. Por otro lado, el tratado de  libre comercio con su vecino del sur se ha convertido más en un problema que en una solución. Esto no quiere decir que estamos ante la presencia de un descreído de las bondades del libre comercio, sino más bien, ante un pragmático empresario que buscará comerciar libremente, siempre que le convenga. Su retórica anti libre comercio también es un engaño. La diferencia con la administración Obama, será el abordaje de un libre comercio selectivo.
En este sentido, China y México, son dos de los principales socios comerciales norteamericanos, ya que entre ambos países representan casi un tercio de su comercio exterior, y en ambos casos las importaciones Estados Unidos superan fuertemente a sus exportaciones.
China se ha convertido, en los últimos años, en la potencia mundial con mayor crecimiento desplazando a Estados Unidos del primer lugar en el ranking de las economías más grandes del mundo. Año tras año, los chinos han ido ganando terreno sobre los norteamericanos, y ése es el verdadero desafío que plantea Trump: recuperar terreno perdido en términos económicos. Para esto hace falta un cambio de estrategia económica.

China, no solamente es el principal tenedor de bonos estadounidenses, es decir, el grueso de la deuda externa norteamericana está en manos de China, sino que también tiene un fuerte superávit comercial con Estados unidos. Como si esto fuera poco, en términos comerciales ha sido capaz de diversificarse de manera impresionante. Podemos observar que China se ha convertido en el principal socio comercial de 124 países del mundo, un número importante, teniendo en cuenta que Estados Unidos “sólo” ha logrado ser el principal socio comercial de 56 países.

México, por su parte, peca de estar ubicado “casi” dentro de los Estados Unidos. En el marco del tratado de libre comercio NAFTA, exportar desde México a Estados Unidos no traía demasiadas complejidades. De esta manera México se transformó en un país súper atractivo para la inversión internacional. Una empresa podía instalarse en México y tener a mano al mayor mercado de la historia de la humanidad. También la empresa podría haber elegido instalarse en Estados Unidos para alcanzar ese mercado de manera directa. Pero en México la mano de obra tiene un costo fuertemente inferior y una legislación mucho más “flexible”. Para los inversores, México se transformó en Estados Unidos pero con salarios  mexicanos.

Es por esto, que no podemos confundir la retórica de Trump con su estrategia económica. No se trata de un abandono del libre comercio, ni tampoco hay una verdadera preocupación sobre la forma en que los chinos llevan adelante su propio desarrollo, sino de la salida de un dinámica comercial boba que infla sus déficits con sus principales adversarios geopolíticos. Tal vez su racismo es la excusa para aplicar un plan económico mucho más complejo.

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