Ajuste, retroceso, estigmatización y amenazas de muerte

 

 

LA EDUCACIÓN EN TERAPIA INTENSIVA

 

Por Ludmila Centurión Girola

Argentina ha tenido durante varios años instancias de discusión para (re) pensar los paradigmas educativos en un contexto de promoción de una emancipación de la industria cultural hegemónica.

El modelo de Estado Presente ha logrado plantear discusiones superadoras que incitaran a una interpretación contextualizada de las teorías que luchan epistemológicamente desde hace más de 30 años. Estas fueron encausadas y consolidadas en el año 2006 en una Ley Federal de Educación (26.206) que, efectivamente, es una antonomasia en la región. Proponiendo un piso que profundice una perspectiva diferente sobre qué  se disputa cuando hablamos de la educación en manos del Estado. En paralelo, cabe rescatar una de las cosas más significantes del hecho político educacional: la posibilidad de salir del análisis encasillado en conceptos identificados con los grandes roces sociales del siglo XX que, en términos concretos, es justamente por lo cual tuvimos más de 80 años una Ley de Educación, la Sáenz Peña (Ley 1420), sin ser discutida.

La Reforma Educativa Argentina que se llevó a cabo en los ’90 introdujo muchas novedades de la educación de mercado. El Estado tenía una participación limitada al contenido y a cuestiones de sostenimiento económico, perdiendo así la legitimidad institucional clásica que durante décadas estuvo instaurada con la Ley 1420 de educación nacional.

Ahora bien, si analizamos la modernidad en sintonía con lo expresado por Castro Gómez – Grosfoguel en su ensayo “El giro decolonial: reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global”  la modernidad ha demostrado que reproduce el orden social instaurado hace siglos – el pobre y el burgués – ¿Pero de qué manera lo reproduce? En un simple  reduccionismo, podemos pensarlo en dos instancias: En un primer momento con la homogeneidad cultural, que en un tiempo histórico lo atribuimos a la Ley 1420, y en una segunda instancia, el  individualismo – laissez faire –  que podemos adjudicarle a la Reforma Educativa del Estado planteada en los ‘90. Puede decirse, entonces, que la Ley Federal de Educación de nuestro país (2006) es el primer escalón a la revolución educativa en pos de la descolonización.

En acciones concretas, en este contexto político de avance del Neoliberalismo, ¿cuáles son los derechos arrebatados?

Desde puestos de trabajo y hasta el aumento de asistencia social en comedores y merenderos. Hoy, estamos frente a un Estado que naturaliza el hambre y la exclusión, un Estado que recorta “gastos” como si la educación y la igualdad de oportunidades no fueran parte del bienestar social – una base de la justicia social – del cual se alejan. Estamos frente a un Estado que saca científicos y pedagogos de la planificación  de políticas educativas de formación docente,- que tienen el objetivo de acceder a una realidad sociocultural más compleja, de un nuevo rol docente con responsabilidad emancipadora – para pasar a llamarlos “ñoquis”. Estamos frente a un estado que  somete a los trabajadores de la educación a volver a preocuparse por el mes a fin del sueldo.

Si observamos con detenimiento estas acciones gubernamentales nos encontramos con: paritarias limitadas, desfinanciamiento del plan de capacitación docente “Nuestra Escuela”, despidos en el Ministerio de Educación, Operativo Aprender 2016 y otras atrocidades y tijeretazos. En detenimiento  el “Operativo Aprender” evidencia la problemática. Se hace carne en una palabra. Es increíble, pero.. Operativo ¿en serio? Después de años de interpelar a las comunidades educativas desde el progresismo educativo, desde el constructivismo ideológico, desde el mirar al otro… Este nuevo Estado nos habla de un operativo ¿Qué quieren operativizar? La exclusión, las subjetividades (“objetividades”) o solo mejorar la sistematización de la exclusión social. Este operativo es el puntapié de la nueva reforma educativa que  nos planteará como resultado la “baja productividad” de los alumnos y el “bajo nivel” educativo del sistema.  Logrando así, desprestigiar la educación pública y desprofesionalizarla.

La lucha hoy está en las cifras irrisorias de las paritarias 2017, una forma de amedrentamiente. Otra demostración clara son las modificaciones en la Ley de coparticipación que recorta presupuesto a los gobernadores y acto seguido deslegitiman la paritaria de la provincia de Buenos Aires como guía para las paritarias nacionales. Los gobernadores se ven obligados a negociar sus paritarias de acuerdo a sus fondos, fondos que son insuficientes para cubrir la inflación de un estado libremercadista.  Entonces el corrimiento del Estado es desmedido y es una preparación del terreno para avanzar sobre los puestos de trabajo, ajustar el presupuesto ‘ajustando’ a los trabajadores. Este es plan. Plan que no se efectivizó en el primer año de gobierno, pero que todavía está en la lista de pendientes del Licenciado en Sistemas y Master en Business Administration, Esteban Bullrich, Ministro de Educación (no competente con el cargo) de la Nación. Y aún más preocupante es que los docentes no solo conviven actualmente con este marco sino también con el amedrentamiento a través de amenazas de muerte enviadas por mail a Roberto Baradel, Secretario General de SUTEBA (Sindicato único de Trabajadores de la Educación de la Provincia de Buenos Aires) advirtiéndole que  termine con la lucha por un salario digno.

Entonces el objetivo es – mediante cualquier costo-  volver a las previsiones estatales de una educación de mercado. El neoliberalismo quiere volver al punto de partida: allá por los ’90, con la reforma educativa instaurada por el ex presidente Menem. Pero ¿cuál es la estrategia? Bueno, comienza sublevando  a los trabajadores con juicios de valor sobre su profesionalismo e instándolos a nuevas evaluaciones que derivarán en acusaciones sobre la “falta de calidad educativa” con el único fin de modificar la Ley Nacional de Educación 26.206. Sin pelos en la lengua esa es la revolución que nos plantea el nuevo Estado, el de la revolución de la alegría.

Pero ante todo este panorama político debemos pensar el campo educativo como un espacio de militancia activa sobre el sentido del concepto revolución, sobre cómo queremos pensar el acto educativo. ¿Vamos a dejar que la modernidad con su mano dura – el capitalismo – siga generando desigualdad social? No todo es negro… El quiebre estará dado por la iniciativa del rol docente que requiere del apoyo responsable de todo el pueblo. Si esta ley se ve modificada, seamos los encargados  de convertir oscuras realidades en coloridas utopías. Dentro del marco de la legalidad ya han hecho mucho daño, porque como lo dijo Jauretche “El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”. Los y las docentes comprometidos con su rol y su responsabilidad seguirán luchando por el sentido inclusivo de la educación con conciencia social. Pero también es una tarea de cada argentino y argentina no dejar que se avance sobre ninguna otra política pública de bienestar social, hay que remar contra la corriente del individualismo. Una sociedad donde todos tengan igualdad de oportunidades es posible y la educación es un campo medular que nos compete a todas y todos.

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