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Las medidas económicas que tomará el nuevo gobierno de EEUU y la realidad económica actual de Argentina

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LA  CULPA NO ES DEL TRUMP…

 

Por Ignacio Vila

La reciente victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses trae consigo una serie de incógnitas difíciles de prever para el resto del mundo. La, cada vez más, abierta economía argentina recibirá de lleno el impacto de la próxima gestión norteamericana, sea cual sea su rumbo. El proceso de apertura comercial y financiera que está llevando adelante el gobierno de Cambiemos no parece estar generando la confianza en los actores económicos privados como preveía el actual gobierno, y la decisión de insertarse al mundo de la manera elegida, nos deja más vulnerables a los vaivenes de los mercados internacionales. El contexto internacional se muestra cada vez más incierto -tanto el Brexit como la victoria de Trump fueron sucesos inesperados- y la idea de abrirse al mundo, a este mundo, no ha sido la más sesuda por parte del actual gobierno.

En términos concretos, el recientemente electo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, reconoce explícitamente la crisis económica en la que se encuentra inmersa la mayor potencia mundial y que tuvo su punto crítico tras la caída de Leman Brothers allá por el 2008. Trump encuentra en la clase política norteamericana, en los inmigrantes ilegales y en la política industrial china a los principales responsables de este momento histórico. Ante este diagnóstico, el millonario empresario planea avanzar en dos sentidos: 1) echar a los inmigrantes ilegales, 2) generar incentivos fiscales para que las empresas vuelvan a erradicarse en el país y al mismo tiempo aumentar las restricciones a los productos importados. Menos competencia por el empleo y más empresas impactarían de lleno en la recuperación de los niveles de empleo y los estadounidenses podrían volver a vivir su “American way of life”.

Pero si Estados Unidos produce más e importa menos, habrá un excedente de productos de la economía mundial que buscarán ubicarse en otros países. Aquellos países con bajo grado de desarrollo industrial y con polìticas aperturistas serán los principales receptores de estos productos.
Argentina es un país con un bajo/medio grado de desarrollo industrial. Claro que no se le puede achacar al gobierno actual el hecho de no ser un país desarrollado. Aunque sí podemos decir que las políticas del actual gobierno están profundizando el sub-desarrollo en términos industriales. 9999Por otro lado, la baja o la eliminación de todos los tipos de barreras a las importaciones invita a los países que serán las principales “víctimas” de la política de Trump a inundarnos con sus excedentes. Como si fuera poco, la exportación de productos argentinos hacia Estados Unidos se hará todavía más dificultosa.

Este escenario no hace más que acelerar el deterioro de la política económica elegida por Macri. La balanza comercial viene en retroceso desde antes de la victoria de Trump. La fuga de capitales viene en un peligroso aumento. La remisión de utilidades está lejos de bajar. Como hemos afirmado en diversos informes: “La fuga es la más alta de los últimos cinco años. La conformación de más de 8 mil millones de dólares en activos externos en los primeros 8 meses del año, sumado a los ya 2 mil millones de remisión neta de utilidades por parte de empresas extranjeras, configura un complejo cuadro de sangría financiera de divisas”. Es decir, en un contexto de falta de dólares, la principal potencia mundial tomará medidas que generarán que necesitemos una mayor cantidad de divisas. Parece que la respuesta a esta problemática, el actual gobierno la encuentra en la toma de deuda. Esta situación perdurará el tiempo que decidan los prestamistas. O el tiempo que decida el pueblo argentino.

La victoria de Trump simplemente deja más en evidencia los límites del modelo de país planteado por el macrismo. Si EEUU retoma el camino de la industrialización no hará otra cosa que sumarse a la política industrial del resto de las potencias del mundo. Argentina, a contra mano de esa mirada, ha optado por la desindutrialización. No podemos culpar a Trump por eso.

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