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UNA NUEVA DERROTA PARA LA PAZ

Por Miguela Varela

Colombia demostró, una vez más, que la resolución de su histórico conflicto con las FARC no es lineal, ni está terminada. La sorpresa por el triunfo del NO tiene que ver con la confianza que se depositó en un pacto que tenía garantizado su legitimidad a través del respaldo exclusivamente institucional. Es decir, se creyó que con el apoyo de algunas fuerzas políticas, países vecinos y organismos internacionales tales como las Naciones Unidas y la Unión Europea, bastaba para crear en la sociedad colombiana una aceptación que aún tiene mucho por recorrer.

No sólo las regiones que no fueron afectadas directamente por el conflicto demostraron su indiferencia, sino que además Colombia se caracteriza por una baja participación electoral debido a la no obligatoriedad del sufragio, ya que en el referéndum sólo participó un tercio del padrón habilitado. Este hecho nos muestra otro factor que explica la negativa al acuerdo: se trata de la debilidad de las instituciones democráticas, donde el establishment político y económico ha impulsado esta suerte de “abstencionismo voluntario” para aislar al pueblo colombiano de la discusión de sus principales asuntos políticos y sociales. En este sentido, los medios de comunicación hegemónicos y la mayoría del arco político han estigmatizado durante años la figura de las FARC. Es por eso que, pretender de un día para el otro que la sociedad acepte la amnistía del grupo guerrillero y su incorporación en el marco democrático, es pedir demasiado. Estas son construcciones que están muy arraigadas en la subjetividad colectiva y que, la sola presencia de Ban Ki-moon, no va a desentramar fácilmente.

Además, el plebiscito, como toda uribe-1votación, encerró otros cuestionamientos tales como la legitimidad de Santos y la actual coyuntura económica y social que atraviesa el país. En este punto, es preciso no perder de vista un contexto latinoamericano donde los gobiernos progresistas retroceden y donde la derecha avanza. Por eso, no es casual que figuras como el ex presidente Uribe hayan “militado” el NO para rever los acuerdos en clave conservadora.

Si bien estos son algunos de los factores que influyeron en la derrota del SI, debemos entender que es parte del proceso de discusión política que se vive en Colombia desde que comenzaron las negociaciones, una discusión tal vez primitiva para otras realidades de América Latina: la resolución pacífica de las tensiones políticas frente a una alternativa armada que deslegitima todo el entramado democrático.

Este triunfo muestra que un conflicto tan complejo y extenso en la historia, no se resuelve exclusivamente en una mesa de negociadores, sino que necesita un debate más profundo y una participación social más activa. En este marco, la misma diferencia de votos a favor del SI también hubiese significado una derrota para la paz.

 

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